Viernes, 22 Diciembre 2017 00:00

Enrique Avogadro: "No hay coherencia en la política cultural de la ciudad"

Escrito por  Alejandro Cruz - Constanza Bertolini
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A una semana de su nombramiento, el ministro de Cultura porteño se propone liderar "un muy buen equipo mal parado en la cancha"; "evolución", "creatividad" y "ecosistema", tres conceptos claves

 

"La palabra clave es «evolución». Me quiero correr de la inercia de decir que «esto se hace así». Tampoco pretendo inventar la rueda. Tengo mucho respeto por la tradición y la experiencia, pero siento que es nuestra responsabilidad la actualización de la discusión". El que habla es, desde hace una semana, ministro de Cultura de la ciudad, luego de la partida de Ángel Mahler. Pasado ese anuncio formal, es el primer encuentro de Enrique Avogadro con LA NACION en su nuevo rol, tras haber abandonado el equipo de Cultura de la Nación por discrepancias con Pablo Avelluto, hace cuatro meses. La entrevista se realiza en el Museo de Arte Moderno, que por estos días exhibe una muestra dedicada a la producción artística de Sergio Avello: Joven Profesional Multipropósito. Tal vez el título sirva para presentar a este gestor vinculado a la innovación y la creatividad.

-En los dos años que lleva el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta hubo tres ministros de Cultura: Darío Lopérfido armó el gabinete; el segundo, Mahler, lo continuó. Y vos seguirías con el mismo equipo en un año próximo que ya tiene el presupuesto aprobado. Dista bastante de ser la situación ideal.

-Todo depende del cristal con que se lo mire. Por un lado, se trata de un gabinete con gente muy experimentada y muy probablemente los cambios previos hicieron que no pudiera brillar en su totalidad. El primer desafío es liderar el equipo. Mi gestión yo la definiría más en términos de evolución que de cambio y pensar la política cultural porteña en línea con las grandes transformaciones que está viviendo la ciudad. De hecho, ayer tuve mi primera reunión de gabinete en la Villa Olímpica, en Lugano, en un centro de primera infancia que tiene una estructura pública como ninguna, y eso lo sé porque tengo una hija de un año y ocho meses.

-¿Irá a un jardín público?

-A uno que se rige por la enseñanza pública, pero que es privado (no sé muy bien cómo es la diferencia). Y volviendo a la pregunta inicial, estuve en la gestión durante ocho años, Horacio ya fue mi jefe cuando era jefe de gabinete de Mauricio Macri y luego estuve casi dos años en el gobierno nacional. Estoy rodeado de gente que conozco, con quienes tenemos un punto de partida que me parece relevante y quizá sea esa una diferencia en relación con mis antecesores. Entro en diciembre en el contexto que señalan, pero inmediatamente me siento parte de un equipo que conozco. Y siento que hay un interés profundo por ver cuál es la política cultural para la ciudad pensándola como un factor de desarrollo y mirándola más allá de los centros culturales, teatros o bibliotecas públicas, para poner la mirada en el gran ecosistema cultural y creativo de Buenos Aires. En ese ecosistema el Estado es un actor más. Creemos en la inteligencia colectiva y si, por ejemplo, queremos pensar el panorama escénico de acá a 15 o 20 años no concibo esa discusión sin sentar a la mesa al sector independiente y al comercial. De ahí la creación del Consejo Cultural presidido por Jorge Telerman.

-¿La idea del consejo nació en el lapso que va de las 8 de la mañana del miércoles pasado, cuando Larreta te propuso ser ministro, a las 16, cuando se oficializó?

-Yo me fui de Cultura de la Nación en agosto y desde entonces hice un montón de cosas, hasta un programa de radio. Escribí y leí mucho. Estudié bastante en profundidad el modelo cultural de Londres. Tienen algo así como un consejo de liderazgo cultural en el cual están los representantes de las instituciones públicas y privadas londinenses que, de alguna manera, acompañan la gestión desde un espacio de reflexión a largo plazo. Formar parte del consejo no implica adherir al color político de turno. Esa idea es una de las tantas que conversé con Horacio en las semanas previas al llamado del miércoles. Yo vengo colaborando con ideas con todos los frentes culturales de nuestro espacio porque soy un referente cultural de ese espacio.

-Al "espacio" Pro pareciera que le cuesta encontrar referentes culturales: Hernán Lombardi fue el último ministro designado por Macri en la ciudad, y a Larreta le costó dar con un reemplazo para Lopérfido.

-Lo veo como una de las extrañezas de Pro-Cambiemos. Nos interesa mucho más el trabajo en equipo que las individualidades. De todos modos, es cierto que en la ciudad es la primera vez que viene alguien con experiencia previa dentro del espacio. Pero yo no pienso ser un superministro; vengo a poner en orden un equipo que necesita un liderazgo para avanzar hacia una visión de la política cultural que tiene que ser transformadora. No sé nada de fútbol, pero disculpen mi atrevimiento: siento que tengo un muy buen equipo mal parado en la cancha.

-Aprovechando esa metáfora, ¿qué sería estar mal parado?

-Obviamente que cambiar de ministro de Cultura no es lo ideal, de todos modos siempre sostenemos que es mejor asumir los aprendizajes que seguir lamentándose por lo que pasó. Tenemos gente muy buena desarrollando proyectos interesantes que no tienen vasos comunicantes entre sí. Por lo tanto, no hay una coherencia en la política cultural de la ciudad, sino elementos aislados desaprovechados por esa falta de comunicación.

-¿Continuará el programa Estrellas en tu Barrio de Mahler?

-Entré literalmente hace cinco días. Sería imprudente hacer un diagnóstico sobre el programa que dejó la gestión. No quiero que mi opinión ni mis gustos interfieran en un análisis que debe ser lo más objetivo posible.

-¿Asignarías más presupuesto a los organismos de fomento, como está pidiendo Cultura Unida?

-Conozco bien ese colectivo y es un ejemplo de lo que yo llamo la cultura pública no estatal, es decir, un colectivo que da cuenta de un fenómeno más reciente, como la emergencia de un montón de espacios culturales híbridos independientes de diferente naturaleza. No puedo responder ahora sobre ese pedido, pero a priori estoy de acuerdo con que es mucho más lo que se tiene que hacer por ese sector. A mí me da lo mismo si un ciudadano va a un centro cultural público o privado; lo que me interesa es que tenga una participación activa en la cultura de la ciudad.

-Es troncal en esto la formación de ese Consejo Cultural. Siendo Telerman ya director del Complejo Teatral, ¿no es como convertirlo en un viceministro sumarle la presidencia de ese organismo?

-La figura del viceministro no existe, o existe en muy pocos lugares, y en general no funciona. A mí me costó bastante cargar con ese mote en el gobierno nacional. Sí reconozco en Telerman a un tipo de mucha experiencia, que me presta consejo desinteresado y a quien puedo recurrir.

-¿La sede de Cultura seguirá en Avenida de Mayo?

-Si tengo reuniones con terceros iré adonde estén los terceros porque aprendo más y soy curioso; si tengo que recibir, recibiré en los distintos edificios del ministerio. Por mí estaría en un espacio de coworking, de planta abierta, transparente en cuanto a la visión, compartiendo con todo el mundo el lugar de trabajo, y el ex edificio de La Prensa es la antimodernidad, donde tenés la antesala de la antesala de la antesala hasta que llegás a una cámara donde está el ministro atendiendo. Como la reapertura del Teatro Alvear y un nuevo edificio para el Conservatorio Manuel de Falla, la mudanza del ministerio al ex Padelai la resolveremos con el equipo de Desarrollo Urbano. No quiero ser imprudente afirmando nada. Sí me parece importante tener una sede de alto valor simbólico, en una zona alejada del centro, que es un poco la premisa que marcaron Mauricio y Horacio. Pero a la vez que afirmo que es importante, personalmente para mí lo es menos, porque prefiero tener una especie de camioneta como Brigada A, con una raya roja que la atraviesa...

-No da tu perfil con el de Mario Baracus.

-Prefiero ser Faz, el pintón del equipo, o Murdock, que era el loco. Mi papá me dice "minimini": miniministro, y después tengo que ir al psicólogo.  

Alejandro Cruz - Constanza Bertolini

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