Viernes, 10 Agosto 2018 00:00

Las orillas del tango que ahora es festival

Escrito por  La Prensa
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Acuarelas porteñas. El tango es indisociable de nuestro país y por el interés que despierta entre los extranjeros la realización de este encuentro, se ha convertido en un motivo de atracción turístico, destacado en la agenda de iniciativas culturales de la ciudad.

Voy a correr el albur, aunque salió más temprano y me lleva ventaja. El Festival Mundial de Tango que comenzó en Buenos Aires es, quizá, una de las citas que nos identifican en el mundo con mayor claridad.

Sólo nuestra ciudad puede mostrar tal nivel de sincretismo cultural en la materia. No se trata sólo de danza, "ese sentimiento triste que se baila", como solía decir Enrique Santos Discépolo. Debe existir un contorno, donde además de la música y esos movimientos, a veces sensuales, a veces disruptivos, encajan con los modos, las cadencias, las miradas de aquellos que habitan en la urbe caótica y extendida. Inescrutable para el extraño, indescifrable para el neófito.

Buenos Aires es, ciertamente, mucho más que el tango; pero no sería sin el tango. Así como cada paisaje tiene sus sonidos, el nuestro nace con aquellas milongas bravas de antaño, hasta la música cotidiana que nos habita para tener certificado de porteños.

Baile que sucesivamente ha sido reprobado, ensalzado, satirizado y analizado, como afirma Ernesto Sábato en su obra Discusión y clave, retorna cada año al meridiano del lucimiento, en busca de mostrar la vitalidad incondicional de sus cultores. Porque no se trata sólo de saber bailar. Hay que saber mirar, y sobre todo, escuchar. Cuestiones sobre las que hay mucho que aprender.

ETAPA INTENSA

La máxima expresión musical de la identidad y sensibilidad rioplatense atraviesa una etapa intensa, como ha de quedar en evidencia durante la nueva edición del festival, organizado por la el Gobierno de la Ciudad, desarrollado en sus actividades masivas y abiertas como en las veladas llevadas a cabo en la Usina del Arte y otros espacios cerrados. Hay miles de bailarines, con gran adhesión y jerarquía que concretan las distintas expresiones de la danza.

La mayoría de los declarados bares notables, han sido escenarios tangueros destacados, como es apropiado para una música y danza que desde el principio han estado vinculada a la nocturnidad.

El tango es indisociable de nuestro país y por el interés que despierta entre los extranjeros la realización de este encuentro, se ha convertido en un motivo de atracción turístico, destacado en la agenda de iniciativas culturales de la ciudad. Han sido muchos los visitantes llegados para asistir, tomar lecciones del baile y seguir las diversas actividades previstas.

Además, los recitales de toda una nueva generación de intérpretes permiten compartir experiencias innovadoras. Si nuestra música popular obtiene un notable éxito en las principales ciudades del mundo, en los últimos años se advierte, entre nosotros, la presencia de talentosos jóvenes músicos, un hecho que mantiene viva y renovada la estirpe tanguera. Mientras los porteños mayores prosiguen unidos a esta música, los jóvenes han sido ganados por la sensibilidad pronunciada, melancólica y sensual de un ritmo consustanciado con la ciudad de Buenos Aires, lo cual ha ido conformando un nuevo circuito de milongas y lugares donde se enseña a bailar. Junto a la función de entretenimiento y al atractivo turístico que presenta, el Festival de Tango contribuye al cultivo intergeneracional de la música que, por excelencia, encarna la sensibilidad porteña. Pero, no alcanza con su pasaporte oficial festivalero.

INDOMABLES

El tango, de origen portuario y desarrollo suburbano, creció mezclado con las crisis, y conserva una esencia salvaje, insaciable e indomable, que sólo puede conocerse en el callejón de los deseos. Allí, donde junto al Troilo Pichuco bandoneón y Astor Piazzolla, todavía arde el espíritu del alba junto a una copa más, que si se bebe, ya no se puede dejar sin otro firulete.

Está muy bien la contienda tanguera oficial, pero también será oportuno que los funcionarios porteños estimen con más consideración a las milongas que se multiplican esforzadamente de barrio en barrio, y van más allá de la oferta exótica del tour de ocasión.

No hay ningún danzarín oficial que nos explique, que en este baile, el hombre es el jefe, quien lleva a su pareja. Pero es la mujer quien marca las fantasías. Casi una réplica de la vida misma en el remanso de una ciudad sin tregua. Será por eso, que la queremos tanto, parafraseando el poema borgeano.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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