Martes, 14 Junio 2016 08:23

¿Tiempos revueltos?

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Funciona a pleno el parlamento, actúa la justicia libre como no lo hacía desde tiempos inmemoriales, los partidos políticos no tienen cortapisas, la prensa ejercita una libertad que llega con un pluralismo inaudito a los propios medios públicos, la libertad de expresión y manifestaciones virtualmente no tiene ni siquiera los límites del sentido común y la prudencia.

Sin embargo, lo peor de la política argentina, apañada –con ingenuidad o interés- por idiotas útiles que forman comparsa, comunicadores que siembran hogueras con titulares impostados y hasta con la cobertura inexplicable de algunos mantos sagrados desinteresados de la paz social y la recuperación institucional de la Argentina, están tratando de crear en el escenario público la imagen de un país al borde de una situación inmanejable, casi similar a Venezuela.

El gobierno de Cambiemos atraviesa esta ofensiva con estoicismo y sin responder a las provocaciones destempladas, que son varias y algunas de ellas insólitas. Quien esto escribe intuye que es en estos momentos que se está librando la verdadera batalla por el renacimiento argentino, que en realidad no se produjo con el sólo acontecimiento electoral sino que será exitoso si la gesta de sacar la convivencia de la violencia verbal y física, de la impunidad de los ladrones y de los aprietes y chantajes para pasar a “meter la política en la Constitución” efectivamente se logra. El esfuerzo vale la pena, porque de su éxito dependerá el comienzo de un ciclo largo de crecimiento similar al que tuvimos luego de la organización nacional.

El presidente no está solo y Cambiemos no está solo. Las principales medidas de gobierno fueron el resultado de una coincidencia estratégica y diálogo parlamentario que intentaron ser saboteados por la corporación de la decadencia y no lo logró. No es lo único: quienes más sufren la situación económica heredada del kirchnerismo, los compatriotas más humildes, son quienes más consistente mantienen su respaldo a Cambiemos y al presidente Macri.  La institucionalidad argentina exhibe el saludable espectáculo de Nación y provincias, conducidas por políticos de extracciones diferentes, conviviendo en el esfuerzo para sacar del pozo al que lo llevaron diez años de dislates.

 Las leyes se discuten en un parlamento con un colorido diverso, superando el patético rol de escribanía de caprichos, que ofreciera hasta hace pocos meses. No poca importancia en este cambio la tienen incluso numerosos legisladores peronistas. De a poco la convivencia institucional va logrando separar lo principal de lo accesorio, sin que las respetables diferencias de enfoque sobre esto último sea un obstáculo insalvable para abrir el paso a lo primero.

Más del 60 % de las paritarias han llegado a acuerdos en el marco de un diálogo con la menor conflictividad laboral en años, hecho sin antecedentes de cara a una situación económica crítica como la que atraviesa el país. Las clases comenzaron en fecha en la mayoría de los distritos –como hace años no ocurría-. El presidente, sus ministros y principales funcionarios reciben y dialogan libremente a periodistas de las convicciones más diversas, en un ejemplo de respeto republicano que parecía olvidado. Y los ladrones de fondos públicos, comenzando por los grandes, han comenzado a ingresar a las cárceles, no porque el gobierno lo decida –o ni siquiera pueda incidir- sino porque la mirada atenta de la sociedad avala e impulsa a los jueces y fiscales a cumplir con su misión. ¡Y guay del que se atreva a frenarlos!

No hay, entonces, tiempos revueltos en el cuerpo social. Sí existen manotazos desesperados de los protagonistas de un tiempo que se muere. Fue Yrigoyen quien alguna vez dijo que “todo taller de forja parece un mundo que se derrumba”. Persistir en el rumbo, mejorar la comunicación sobre lo que enfrentamos y lo que buscamos respetando la madurez de los argentinos, mantener vivo el diálogo entre quienes no pensamos igual pero tenemos el mismo compromiso patriótico, será un buen camino para desarticular a quienes no se resignan a comenzar una nueva época de resurgimiento que ponga a nuestro país nuevamente en su senda de crecimiento pujante y solidario.

Ricardo Lafferriere 

ricardo-lafferriere.blogspot.com.ar 

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