Domingo, 04 Diciembre 2016 09:43

Aires de mar para despejar tormentas

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A una semana de culminar su primer año de mandato el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, decidió aglutinar a sus ministros y hombres de mayor confianza dentro del gabinete nacional en la residencia veraniega de Chapadmalal con el objetivo de purificar las mentes lejos de las luces del centro que tanto desconcentran los objetivos de fondo que, en mucho y sin darse cuenta el propio gobierno, han comenzado a cumplirse sin la eficiencia necesaria de transmitirla a la población en su conjunto que se agobia por lo urgente mucho más que por lo importante.

 

 

Cierto es que tras las exposiciones de rito, recordándoles a muchos las mesas examinadoras con juveniles añoranzas universitarias, ninguno de ellos recibió el añorado resultado satisfactorio aunque en el fresco aire marino que penetraba por los ventanales de los chalets, cada uno sabía in péctore cuál sería su nota que, mayoritariamente, comenzará a conocerse pasado el verano.

 

El afianzamiento de algunos, aunque presabido, fue notable.

 

Pablo Clusellas, más que Secretario Legal y Técnico -su amigo desde los seis años en el Newman- jugaba las veces de profesor adjunto. Callado, sentado como desentendido al lado del profesor titular –su amigo Mauricio- observaba y hablaba poco.

 

Mario Quintana, virtual Jefe de Gabinete de Ministros, trataba de bajar dos cambios para ocultar su poder y no herir susceptibilidades en Marcos Peña, joven leal, eficiente y muy querido por Macri pero desbordado en su teórica sabiduría duranbarbista por el barro sudoroso de la política de Estado.

 

Por ello salió reconfortado por la foto en la que el presidente posó junto a él y ordenó al “fantasma” Jorge Grecco –Secretario de Medios- que sea difundido. Un noble gesto de gratitud presidencial que no faltó para nadie.

 

Patricia Bullrich seguía garantizando seguridad, como con de la Rúa lo hizo con Trabajo o con Menem con Justicia y Derechos Humanos.

 

A Germán Garavano se notaba más tranquilo con la caída en desgracia del asesor sin cartera Daniel Angelici. Parece que ya no deberá esperar más en la antesala del despacho del Presidente de Boca Juniors para ser atendido.

 

José Cano, a cargo del “Plan Belgrano” fue uno de los que pasó el fin de semana tranquilo sin esperar a marzo para conocer la nota. El detalle de las obras ya comenzadas y en vías de realización desde el primer trimestre de 2017 que abarcan desde el norte profundo hacia el centro del país casi provocaron un aplauso de los asistentes. Macri lo miró a Clusellas con un dejo de satisfacción.

 

El benjamín del equipo, quizás el más querido por todos, Jorgito Triaca, demostró a todas luces sus ingentes esfuerzos de luchar contra su propia cuna: el sindicalismo peronista. Conocedor del paño comentó los acuerdos por gremios y actividad y las expectativas de cerrar paritarias antes de marzo con la inflación pautada en el presupuesto (17%), dejando abierto el juego por eventuales ajustes.

 

Uno de los que al sentarse sabía que ya estaba aprobado y sólo le restaba subir del 7 al 10 era “el Sarmiento macrista”. Esteban Bullrich destacó su tarea desde la educación inicial –junto a Desarrollo Social- hasta el grado universitario. En nada llamó la atención la excelencia del ministro, ya probada a todas luces en su función porteña.

 

Otra de las estrellas favoritas de Macri y de la población en su conjunto fue Carolina Stanley, Ministro de Desarrollo Social, quien poco tuvo que agregar a su ciclópea tarea –cuasi religiosa- que desarrolla bajo su profunda convicción cristiana más que política, junto al mayor presupuesto social de un gobierno en la historia argentina.

 

El Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, desarrolló la tarea político-legislativa merituando a Mario Negri, Federico Pinedo, Ángel Rozas y Emilio Monzó, “ya que sin el aporte del Parlamento no hubiéramos podido gobernar con la minoría en las dos cámaras, hecho inédito en la historia argentina”.  Destacó que el gobierno insistirá con la reforma electoral para transparentar la voluntad popular del sufragio de todo el pueblo argentino y acabar con los resabios de los feudos que se resisten a asumir el cambio.

 

Destacó las obras públicas en materia de potabilización de aguas, canalización de riegos y extensión de redes cloacales no sólo en el Gran Buenos Aires sino en los confines del país. 

 

Por último en este relato, sin que ello implique demérito alguno, confluimos en el tecnicismo inconcluso de Alfonso de Prat Gay, ese “Peter Pan” que resiste en sus caprichos haber cumplido el pasado 24 de noviembre sus 51 años de edad y que resulta ser difícilmente manejable por alguien.

 

No lo lograron Elisa Carrió, Victoria Donda, Ricardo Gil Lavedra ni Humberto Tumini (ex erpiano), antiguos compañeros de ruta política.

 

Decimos tecnicismo inconcluso porque faltaba la otra “pata de la sota” económica: Federico Sturzenegger, entre quienes más temprano que tarde Mauricio Macri deberá decidir el rumbo económico no sólo inconcluso sino turbulento e inestable frente a un 2017 que se presenta mejor pero sin haber extirpardo aún el cáncer maléfico que azota al ciudadano de a pie, mayoritario votante de “Cambiemos”.

 

Simplemente debiéramos recordar la historia reciente de dos presidentes altamente carismáticos: Raúl Alfonsín y Carlos Menem.

 

Ambos comenzaron sus presidencias con altísimos niveles de popularidad pero las indecisiones económicas causaban estragos en los bolsillos de la gente. Tanto Grinspun por un lado como Roig, Rapanelli y Erman González tumbaban la popularidad de sus presidentes y se acercaban las primeras elecciones parlamentarias: 1985 para Alfonsín y 1991 para Menem.

 

El 26 de abril de 1985 Alfonsín convocó a la Plaza de Mayo. Ni la propia Junta Coordinadora Nacional podía creer bien de qué se trataba la “economía de guerra”. Un caballero que la historia olvidó desmerecidamente –Juan Vital Sourrouille- le había enseñado al viejo líder que no se podía hacer política dejando de lado la economía.

 

Recuerdo que la Plaza comenzó a vaciarse con miedo al escuchar al líder retrotraer sus ideas económicas voluntaristas.

 

El 14 de junio nacía el “Austral” como moneda nacional, al viejo peso se le quitaban tres ceros y el dólar era convertible a 0,85 australes. Se establecía el “desagio” por el cual los créditos en cuotas se reducían y el control de precios por un tiempo determinado.

 

La Unión Cívica Radical arrasó en las elecciones legislativas de 1985 y el Plan Austral perduró hasta enero de 1987 cuando Alfonsín le pidió autorizar un aumento de salarios del 10% para los metalúrgicos. Contaba el lunes pasado Marcos Aguinis en “La Mirada” de Roberto García que se encontraba con Alfonsín cuando lo llamó Sourrouille suplicándole no autorizar ese aumento: “Juan, Lorenzo me prometió que él controlará a Ubaldini y que no habrá más paros generales, le pido por favor que proceda” (sic). Alfonsín le confió a Aguinis que el peronismo no lo dejaba gobernar y que necesitaba confiar, que entre todos los argentinos teníamos que consolidar la democracia.

 

Allí se selló el certificado de defunción del plan de estabilización monetaria.

 

Menem, por su parte, tras la confiscación de depósitos más grande de la historia a fines de 1989 (plan BONEX) en manos de su ministro Antonio Erman González, recurrió a su entonces canciller Domingo Cavallo en febrero de 1991 para que se haga cargo del incendio económico.

 

El 1 de abril de ese año, nació la convertibilidad, que también quitó tres ceros del austral con su famoso lema “1 peso-1 dólar” -que Cavallo se la presentó y contó en la antesala de un partido de tenis.

 

Menem arrasó en las parlamentarias de 1991, 1993 y logró su reelección en 1995.

 

Cebado por el éxito y por su ignorancia, como si todo fuera gratis, el caudillo riojano fue advertido  por “Mingo” a lo largo de esos años de que el plan sólo era sostenido por endeudamiento público y venta de empresas del Estado, pero que había que ajustar el gasto público que ya resultaba insostenible.

 

El comienzo del fin fue el 26 de julio de 1996 cuando Cavallo presentó su renuncia y asumió Roque Fernández, tras la negativa de Roberto Alemann y Manuel Solanet.

 

Este breve resumen nos enseña que todo ordenamiento económico –plan de shock monetario mediante- produce una inmediata y positiva reacción en los actores económicos; desde el cuentapropista hasta los inversores externos, más aún con la credibilidad internacional que goza el Presidente Mauricio Macri.

 

Resulta necesario pontificarlo las veces que sean necesarias ya que, recordando también a José Sacristán en una célebre película del renacentismo post-franquista español: “Solos en la madrugada” en su parte final decía…”porque tal como estamos…estamos fracasando…”

 

Humberto Bonanata

www.humbertobonanata.com.ar   

www.sancernigimenez.com.ar  

Twitter: @hbonanata

Buenos Aires, Diciembre 04 de 2016

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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