Lunes, 29 Agosto 2016 08:03

Los límites de la libertad

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La libertad es un término ambiguo, ya que ser libre no significa poder hacer lo que a cada uno le place.

 

 

El apóstol Pedro dice que “debemos vivir como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. (1 Pedro 2:16), y Benito Juárez define el derecho de libertad con límites, pues tu libertad termina, cuando la mía comienza”.

 

Ese margen irresuelto entre la libertad y el libertinaje ha asediado a todos los gobiernos no peronistas desde 1983.

 

El renacer democrático de Alfonsín se encontró no solo con los levantamientos carapintadas cuando aún las Fuerzas Armadas mantenían un poder de fuego interno desestabilizador apoyado por el derrotado peronismo marginal, sino con la “patria sindical” y sus trece paros generales de la mano de Saúl Ubaldini que colaboraron con sus “palos en la rueda” a desestabilizar al Plan Austral, un mecanismo monetario antiinflacionario rechazado por la propia vieja camada alfonsinista que no supo comprender la valentía de su jefe ni del Ministro de Economía de entonces, el caballero Juan Vital Sourrouille.

 

Ni los propios correligionarios de Alfonsín supieron, pudieron o quisieron entenderlo. Así las cosas, sin apoyo interno, el destino era el fracaso.

 

Todo sea por no enojar al peronismo.

 

Algo similar de complejo de culpa le sucedió a Fernando de la Rúa al asumir con la bomba de tiempo de la convertibilidad detonada por la devaluación de Brasil. De la Rúa prefirió cumplir con sus promesas de campaña de no devaluar y luchar contra vientos internacionales de fronda  en vez de aplicar la cirugía mayor que a ningún presidente peronista le hubiera hecho temblar su mano.

 

Ambos presidentes radicales nacieron con un cargo de culpa impropio: ¿cómo gobernar un país metastásicamente peronista?

 

Lamentablemente, algo similar le sucede al Presidente Mauricio Macri.

 

La “política de no intervención” ante el foquismo insurgente, método bien conocido por su Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien en su juventud bajo el supuesto alias de “Carolina Serrano” integraba las “juventudes idealistas de montoneros” que desestabilizaban el gobierno constitucional de Juan Perón y su esposa, han sido uno de los mayores fracasos en estos primeros ocho meses y medio del gobierno libertario de Cambiemos.

 

La sabiduría de Elisa Carrió se repite al pedir el desguace de la Agencia Federal de Inteligencia (A.F.I.), en donde se sospecha que Silvia Majdalani (la señora (8) algo pudo haber tenido que ver en la supuesta “cama” contra Juan José Gómez Centurión, hasta hace una semana a cargo de la Administración General de Aduanas y la creación de una Brigada Federal de Investigaciones Internas para evitar conmociones internas como las que estamos padeciendo.

 

No sabe, no puede o no puede comprenden “el efecto desgaste” diario insurgente, aislado pero dañino de los restos putrefactos del kirchnerato.

 

Fagocitar el resentimiento parece ser la consigna

 

Macri no logra desembarazarse de un complejo de culpa que no le compete.

 

El gobierno actúa con “salvataje de bombero” tras el siniestro.

 

Las pedradas al presidente en Mar del Plata, las cinco amenazas recibidas en pocas horas por la valiente gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, quien debe vivir en la VII Brigada Aérea de Morón para mayor seguridad familiar, la toma de terrenos en Moreno (con la aquiescencia de su Intendente Walter Festa como lo hiciera Mariano West en el golpe de 2001) y los actos sediciosos de Luís D’Elía sin recibir accionar preventivo alguno por parte de algún fiscal federal, demuestran en grado anómico, como la libertad debe conformar sus propios anticuerpos para evitar autocarcomerse.

 

Sin imaginar la semana que viviremos desde el 31 de agosto al 2 de septiembre en la movilización popular convocada junto a la “madre putativa del resentimiento” Hebe de Bonafini para movilizar a la gente en las calles con la finalidad de producir el segundo “efecto helicóptero”

 

Nadie habla de sedición, atentado a la ley contra la democracia y el orden constitucional o incitación a cometer delitos.

 

El gobierno, liberal in-totum, deja librado a la ¿justicia? Los marcos normativos de la convivencia civilizada.

 

Esa misma “justicia” que lo obliga a convocar a “asambleas atenienses” llamadas por la Constitución Nacional en su artículo 42 como audiencias públicas para que todos hablen de todo y nadie decida nada.

 

Resta mucho tiempo por gobernar y varios errores por corregir.

 

Cambiemos debe fortificarse en sí mismo.

 

Nadie puede solo.

 

Humberto Bonanata

www.humbertobonanata.com.ar

www.sancernigimenez.com.ar

Twitter: @hbonanata 

Buenos Aires, Agosto 29 de 2016

Visto 1341 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:38

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