Miércoles, 07 Diciembre 2016 09:41

La inconsistencia de los apurados

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 “Cuando sueñe con lo que Ud. no tiene, piense más bien qué puede hacer con lo que está al alcance de su mano” - Ernest Hemingway

 

 

La frase de Hemingway del encabezado podría serle muy útil a Emilio Monzó y a muchos simpatizantes de Cambiemos (entre ellos un buen número de periodistas), que parecen preocupados por lo que “no arranca aún” (sic) y comienzan a hablar de la “oxigenación” del gabinete del Presidente Macri. Un eufemismo  que suponen realzará su perfil de observadores de la realidad.

 

Olvidan que el único pensamiento que proporciona alguna probabilidad de acierto en cualquier manipulación de orden intelectual es la “razón histórica”; y ésta nos recuerda -a nosotros y a ellos-, nuestra mala costumbre de cansarnos antes del tiempo adecuado, olvidando que muchas veces la hora no es aún la hora, como dirían en Francia.

 

Si algo aprendió Macri en su paso por la ciudad es que no debe pretender dominar los movimientos de las veletas de campanario, suponiéndose capaz de dominar el curso de los vientos.

 

La tentación está siempre latente y quizá sea este el momento más delicado para que la misma no desvíe a sus funcionarios del camino emprendido, evitando que todo estalle por el aire. Reconstruir un tejido social muy dañado lleva tiempo y dilapidar la confianza comenzando a zigzaguear por un “quítame allá esas pulgas” puede ser fatal.

 

Dice Ortega que sorprenderse y extrañarse, es comenzar a entender. Es el lujo específico del intelectual.

 

En efecto, todo es extraño y maravilloso para unas pupilas bien abiertas y las dificultades que se encuentran en cualquier camino que se emprenda no son una invitación a dar golpes de volante como fruto de la impaciencia. Es mucho más razonable procurar la paulatina adaptación a una realidad siempre nueva y sorprendente.

 

“Quien no haya sentido palpitar en la mano el peligro del tiempo”, sostiene Ortega, “no ha hecho más que acariciar su mórbida mejilla, por lo cual rechazo igualmente toda interpretación de nuestro tiempo que no descubra la significación positiva oculta bajo el actual imperio de la masificación”.

 

Esa “masificación” que indudablemente nos recuerda, la existencia de políticos afectos a construir poder personal. Hombres que al ser interrogados sobre los fundamentos de su apuro, manifiestan que su única lealtad dentro del partido al que pertenecen solo está referida a su máxima autoridad, usando una frase sibilina de típica raigambre peronista y salteándose impunemente las escalas intermedias.

 

Muchos Monzó de la política sienten en algún momento haber crecido por la validez de sus ideas inigualables, interpretando que todo “aquí y ahora” debe movilizarlos en forma urgente a patear el hormiguero por estar convencidos que la política es un fin en sí mismo.

 

Grave error. La política es SOLO UN MEDIO para alcanzar metas de bienestar y armonía entre los distintos sectores de una sociedad. Y como tal, es un instrumento más.

 

Frente a una oposición debilitada por sus luchas interiores, las actitudes de quienes sugieren recambios ministeriales ¡a manos de ex kirchneristas!, (que, dicho sea de paso, aún no han sido investigados), reflejan en alguna medida el eventual quiebre cultural de los que quizá nunca terminaron de irse de donde vinieron.

 

Ante la impotencia para encontrar soluciones creativas, vemos el deseo de muchos de ellos a recurrir a soluciones “consensuadas” (eufemismo muy popular en estos tiempos, que parece sugerir que todo debe cambiar para que nada cambie), lo cual puede lograr el armado de pastiches como el que ha obligado al gobierno a destinar 72.000 millones de pesos más no calculados  originalmente, para lograr la sanción de leyes cuyos contenidos son bastante inciertos y quizá, por qué no decirlo, inoportunas.

 

El que ha sido elegido para mandar debe mandar. “Lo que pasa”, dice Ortega, “es que a veces la opinión pública no existe. Una sociedad dividida en grupos discrepantes, cuya fuerza de opinión queda recíprocamente anulada, no da lugar a que se constituya un mando. Y como a la naturaleza le horripila el vacío, ese hueco que deja la fuerza ausente de opinión pública, se llena con la fuerza bruta. A lo sumo, se adelanta ésta como sustituto de aquella”.

 

Es tal el nivel de impaciencia de los apurados en todos los niveles, que el peligro consiste en que su premura se transmita negativamente a funcionarios que se advierte, a todas luces, están tratando de adaptarse como pueden a la caja de Pandora que recibieron.

 

¿Alguien se ha detenido algo más de diez o quince minutos sentado frente a una hoja en blanco para escribir la lista de irregularidades, corruptelas y desfalcos en los que ocurrió el kirchnerismo, conocidos solamente hasta hoy?

 

En nuestra opinión, el juzgamiento de Macri y los suyos deberá hacerse “cuando llegue la hora” y no apenas transcurridos doce meses DE UN GOBIERNO ELEGIDO POR CUATRO AÑOS. Sobre todo cuando el mismo ha debido “atajar penales” diariamente, parando a sus funcionarios debajo de un arco de fútbol de proporciones gigantescas.

 

Por lo tanto, a los impacientes, les devolvemos las palabras de la ex arquitecta egipcia Cristina Fernández: rearmen sus partidos, concurran a las próximas elecciones y sométanse a la voluntad popular. Después, y de acuerdo con el resultado, procedan.

 

Estamos convencidos cada día más que los eventuales errores de Cambiemos no se parecen ni pálidamente a los desaciertos de quienes nos dejaron en diciembre con una mano delante y la otra atrás.

 

Carlos Berro Madero

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