Miércoles, 09 Noviembre 2016 11:35

Vías de escape para Cristina

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 “No es una novedad buscar una vía de escape cuando las cosas van realmente mal; es algo que se ha intentado -con resultados diversos-, en todas las épocas. Lo verdaderamente nuevo es el doble sueño de HUIR DE UNO MISMO Y ADQUIRIR UN YO HECHO A MEDIDA, así como la convicción de que este sueño es una realidad alcanzable” -Zygmunt Bauman

 

 

Que Cristina Fernández de Kirchner lo intente hoy ante la catarata de acusaciones judiciales que le caen como piedras sobre su cabeza, no es más que su desesperada opción por hallar una fórmula mágica que le ahorre el tiempo y la energía necesaria (¿y quizá infructuosa?) para rebatir las sospechas sobre las abundantes y horrorosas pruebas de las ilicitudes cometidas por  ella y toda su familia durante el largo “reinado” político del kirchnerismo.

 

Al no cejar en la búsqueda de un camino lateral, mediante argumentaciones sesgadas que le permitan desvirtuar el eje de las denuncias que se acumulan en su contra, solo fomenta el crecimiento de una figura fraudulenta y malograda en busca de su “yo” real. Cree que sus cerrados y enfermizos planteos le permitirán “reinstalarse” en la historia, logrando reabrir el escenario de un nuevo amanecer político.

 

Todo esto le está requiriendo un montaje de sucesivas puestas en escena que le permitan mantener viva la esperanza del grupúsculo que desea verla retornar al cenit de su popularidad, escenario en el que sospechamos ni ella misma cree y terminará por extenuar una psiquis que revela estar al borde de un agotamiento que ni el “make up” consigue disimular.

 

¿Y después qué?

 

Como cada cargo en su contra es diferente y está basado en pruebas fácticas insoslayables, se verá obligada a continuar elaborando un “casting” prolongado a fin de sostener un patrón de defensa común: su pretendido argumento de que todo se trata de una “operación política”.

 

La ex Presidente olvida que la imagen de “perseguida social por discriminación de género” que intenta establecer (entre otros argumentos esotéricos) como un nuevo contrato de adhesión con una sociedad que ya comienza a mirarla de reojo, va acortando la duración de su encanto, al punto en que llegará el momento en que sus apariciones se asemejarán al conocido cuento infantil sobre un lobo que supuestamente viene para fagocitarse a los impíos y nunca llega.

 

Como no oye más que el eco de su voz, sigue sintiéndose una especie de “superwoman”, autoafirmada sobre los poderes mágicos de los que se siente imbuida, que le servirían para escapar de todas y cada una de las cadenas que atrapan a los mortales ordinarios.

 

Creyendo ser una aristócrata de la cultura universal, mantiene su confianza en una supuesta pureza superior que obligará a la justicia a depender de sus arbitrios y finalmente la absolverá, en mérito a vaya a saber qué absurdas elucubraciones personales.

 

Similares a aquellas con las que nos azotó durante años hablándonos de un mundo imaginario donde convivían símbolos químicos inexistentes –H2Cero- , con afrodisíacos como la carne de cerdo.

 

Cuando la vemos actuar, nos viene a la memoria el “hombre superior” descripto por Nietzsche, cuyos proyectos llevan las semillas de su derrota desde el principio de manera inevitable y la incertidumbre por su futuro debe ser en estos días un hábitat desgarrador para quien jamás pensó en una meta final que parece destinarla al desprestigio, una condena judicial y quizá la cárcel.

 

Nietzsche dice que quien cree ser ese “hombre superior” trata el pasado con desprecio, sintiéndose totalmente libre de lo que el mismo pueda ocasionarle, porque no puede frenar ni impedir el vuelo de una imaginación “imperial”. Lo que olvida, es que cuanto más intente dominar la realidad manipulándola para reabastecer la confianza en sí mismo, más estrecho será su futuro personal.

 

Las fotos de Cristina hoy día, muestran a una persona que aún en su declive exhibe una altivez llamativa, a pesar de ver en ella la típica rigidez facial del individuo acorralado. Parece haber comprendido –aunque no lo manifieste-, que no podrá dejar otra huella que la miseria de su probada corruptela moral.

 

Su amor por el dinero, el poder y la figuración social es muy probable que siga presente hasta el último día de su vida (los antecedentes de su adolescencia en Tolosa lo confirman), por lo que no tendrá miramientos en negar una y otra vez su relación con quienes se rodeó para enriquecerse -como ha hecho respecto de Báez-, en una remake posmoderna del relato bíblico que relata la negación del apóstol Pedro.

 

Es muy posible que en algún momento deba recordar la máxima de Pascal, que para ella será una sentencia inapelable: “correr siempre de un lado para otro es solo una manera de perder finalmente la cabeza”.

 

Aunque el ex senador Duhalde no nos cae nada simpático, concordamos con él en que la eventual candidatura de la ex Presidente para las elecciones de 2017 no deja de ser “un mal chiste”.

 

Estamos convencidos que, tarde o temprano, presa o en libertad, se convertirá en una de esas rarezas que nos ha deparado la megalomanía de los líderes latinoamericanos en los últimos 40 años. Una galería de próceres venerados que representan finalmente el fervor popular “inmóviles con el peso de una atmósfera de plomo, dorados con los rayos del sol naciente, blanqueados con la luz del astro de la noche, tachonados con las estrellas del firmamento, cenicientos como el semblante de un difunto, brillantes como los fuegos del mediodía, TENEBROSOS Y NEGROS COMO LA BOCA DE UNA TUMBA” (Jaime Balmes).

 

Carlos Berro Madero

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