Miércoles, 05 Octubre 2016 09:02

Desintoxicarse lleva tiempo, pero en algún momento hay que comenzar

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El presidente Macri comienza a comprobar que una sociedad que ha vivido drogada durante 40 o 50 años viviendo de ilusiones y paradigmas falsos, no puede cambiar de la noche a la mañana su conducta tóxica habitual.

 

 

Una sociedad que se empobreció no solo respecto de los bienes materiales, sino ciega y sorda en relación con su propia circunstancia.

 

Quienes lo votaron –una gran mayoría por convicción y otros por  desesperación para no caer en un abismo-, comienzan a cuestionarle hasta el simple hecho de si usa o no corbata y si debió haber “partido” o no las decisiones sobre la economía de su gobierno en tres o cuatro ministerios.

 

Había necesidad de salir del ahogo y la droga a consumir esta vez parecía decirnos en voz baja: “esto se ajusta con cuatro tornillos”, como acaba de manifestar muy suelto de cuerpo el economista Miguel Bein, quien supone –con aparente buena fe-, que esos cuatro tornillos pueden superar la adicción consuetudinaria de una sociedad que no está acostumbrada al sacrificio y mucho menos a las privaciones.

 

Decimos esto no de los pobres, por supuesto, sino de muchos otros que pensaron que todo consistiría en elegir su nuevo automóvil revisando, una vez más y como siempre, el catálogo de BMW o Audi, sentados en un cómodo sofá escanciando un buen whisky.

 

Los sindicalistas quieren continuar con sus prebendas, los empresarios con sus trampas y muchos asalariados con sus subsidios ajustados a “lo que sea necesario”, sin pensar ninguno de ellos que NO HAY MÁS PARA TODOS EN LA MEDIDA QUE SE DIO ALGUNA VEZ (si es que fue realmente así).

 

Atravesar el Sahara que debemos recorrer de aquí en más no consiste solamente en la validez de aplicar una política gradualista o de shock, sino en implementar un sistema informativo preciso y detallado que le permita entender a todo el mundo que el despilfarro y la buena vida, sin sacrificios ni austeridad, SON IMPOSIBLES. De lo contrario, habremos cambiado de cabalgadura  para seguir galopando hacia el infierno como siempre.

 

La perspectiva de que todo se convierta en “más de lo mismo” no parece haber tenido una cláusula de caducidad en el espíritu de muchos ciudadanos que pujan para que el “objeto del deseo” siga siendo el mismo, sin mostrar la menor disposición para modificar sus viciosas conductas personales.

 

Dice Zygmunt Bauman que en el umbral de la era moderna, el estado de felicidad personal debe ser reemplazado, en la práctica y en los sueños de quienes lo aspiran, por la búsqueda de la misma de manera apropiada. A partir de este umbral, sostiene, ésta debe asociarse siempre a la satisfacción  que se deriva de enfrentarse a los obstáculos y vencerlos, MÁS QUE A LAS RECOMPENSAS QUE PUEDAN ENCONTRARSE AL FINAL DEL  PROLONGADO DESAFÍO Y LA LARGA LUCHA.

 

Sugerimos releer el párrafo anterior cuidadosamente.

 

Por algo decía Tocqueville que la felicidad retrocede siempre y se aleja de nosotros, arrastrándonos en su persecución a medida que se va retirando.

 

Por ello, hace falta promover una gran revolución cultural que  persiga la comprensión de que la vida no consiste en la “apropiación de lo que nunca ha sido”, sino en la creación de mecanismos idóneos que necesitan empujar los aliados indispensables del deseo: esfuerzo y espíritu de sacrificio;  sentimientos absolutamente imprescindibles para no sufrir una frustración para que la nueva ruta no resulte más que un mero rodeo que nos devuelva al punto de partida.

 

¿Nos estamos planteando la realidad de este modo? Esa es la cuestión que debemos respondernos a nosotros mismos SIN DILACIÓN ALGUNA.

 

Para que ello ocurra, hay que evitar los caminos falsos y aceptar los límites que impone la naturaleza de las cosas. Las pasiones, que suelen ser erráticas y carentes de dichos límites, desvían siempre del camino recto.

 

Nos permitimos en este punto recordar a Blaise Pascal, cuando decía que “no es en el espacio donde debo buscar mi dignidad humana, SINO EN LAS REGLAS DE MI PENSAMIENTO. No obtendría ventaja alguna si poseyera fortuna. Por el espacio, el universo me incluye y me consume como si yo no fuera más que  un punto; por el pensamiento, lo comprendo”.

 

Claro está que estas cuestiones no pueden esperarse que sucedan en el ámbito iletrado de aquellos pobres que no tuvieron posibilidades de educarse. Son el desafío de las clases dirigentes, los universitarios, los empresarios, los sindicalistas honrados y todos aquellos que, a pesar de haber atravesado el desierto de la decadencia en la que hemos vivido, tuvieron más suerte, pudieron prepararse y hoy deberían encabezar un nuevo movimiento que hiciera de la racionalidad un elemento primordial de nuestra marcha hacia un progreso QUE NOS HEMOS NEGADO A NOSOTROS MISMOS DURANTE AÑOS.

 

“Hay siglos”, dice Ortega y Gasset, “que por no saber renovar sus deseos, mueren de satisfacción, como muere el zángano afortunado de una colmena después del vuelo nupcial”. Ese zángano que pretende vivir “satisfecho” para siempre, sin comprometer más que su concupiscencia y sucumbe sin más.

 

Nosotros hemos hecho todos los esfuerzos posibles hasta hoy, para que nuestro siglo “argentino” se convierta en la derrota de nuestra “satisfacción”, por no haber estado dispuestos a ofrecer nada como contrapartida.

 

Hagamos un esfuerzo pues y dejemos de drogarnos. La mera abstinencia suele ser buena consejera para comenzar. Pensemos que habernos librado del kirchnerismo por medio del voto, ya ha constituido un gran paso adelante.

 

Carlos Berro Madero

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