Miércoles, 04 Mayo 2016 10:04

Acerca de comentarios e informaciones

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Dice Jean Revel que una máxima popular muy extendida sostiene que “el comentario es libre y la información sagrada”. Lo que ocurre por el contrario es que existe una opinión disfrazada de información que mezcla los hechos y los comentarios sobre los mismos, interpolando juicios de valor en noticias que deberían ser citadas de una manera neutra.

Hace años que vivimos este dilema en nuestro país, acentuado por regímenes que arriban y abandonan el poder en medio de una frenética negación de laverdad.


En medio de la prisa por comunicar lo que sucede se crea un maremágnum de datos subjetivos e inorgánicos, que pretenden imponer condiciones a una realidad que se ríe de ellos y actúa -como siempre ha ocurrido desde que el mundo es tal-, por su propia cuenta.


En los Estados Unidos, por citar un ejemplo emblemático de buen periodismo, el mismo se distingue por una disciplina rigurosa en la forma de redactar los artículos de información pura, limitándose a un estilo voluntariamente impersonal y “evita proceder por alusión, recordando cada vez todos los hechos necesarios para la comprensión de una noticia, como si el lector no hubiera leído nada sobre el tema hasta entonces” (Revel).


Los Watergate y Clintongate son dos buenos ejemplos al respecto.


Un redactor de informaciones subjetivas debería cargar siempre con la responsabilidad emergente de observaciones que no pueden ser analizadas con la austeridad que amerita un suceso, al despojarlo de la neutralidad imprescindible para que sea recibido en estado “puro”.


Sin embargo, muchos periodistas sustituyen la información por su  propia opinión sobre los hechos, sin distingos claros que permitan inferir si lo que persiguen es dar a conocer la misma con rigurosidad o emitir cuestionamientos y/o aprobaciones subjetivas personales sobre la misma.


El kirchnerismo fue particularmente deshonesto en esta materia, demostrando una gran vocación para instalar informaciones disfrazadas sin ninguna garantía de imparcialidad sobre los alcances de la verdad, lo que terminó causando verdaderos estragos en casi todos los medios que, para obtener su “tajada”  en la pauta publicitaria gubernamental, aumentaron su dependencia con el poder, constituyéndose en un vehículo tramposo para la difusión inexacta de ciertos hechos de la realidad.


“El derecho al error sólo es admisible en la información”,
dice Revel, “si se puede establecer, ante todo, que el periodista ha hecho cuanto ha podido para descubrir la verdad, informarse y reunir todos los elementos accesibles; que no ha omitido nada de lo que sabía, ni inventado nada de lo que no sabía, sin invocar laimposibilidad de llegar a una información exhaustiva”.


“El atento estudio de la prensa y los medios de comunicación”,
sigue diciendo el filósofo y ensayista, “nos enseña, por desgracia, que los errores y omisiones – dejando aparte una porción considerable debida a la incompetencia pura-, son a menudo errores y omisiones voluntarios”.


Esta sentencia debería ser colocada en un lugar destacado de todas las redacciones del mundo, para evitar la ceguera que se impone al ciudadano al tergiversar ciertos hechos, por el deseo -muchas veces avieso-, de llevar agua al molino de los intereses de quien los deforma por conveniencia o mero narcisismo.


Estamos convencidos que será una tarea fundamental para el gobierno de Cambiemos –y la de quienes le sucedan el futuro-, restablecer la jerarquía de las informaciones oficiales, restaurando el retorno a una auténtica “conciliación” cultural, que separe el relato ajustado a la historia de la opinión subjetiva y personal de quien lo emita.


Chateaubriand sostenía al respecto que no debería considerarse jamás a un periódico como un poder político, “ya que es un escrito que expresa una opinión; y si esa opinión reúne en ella la pluralidad de hombres ilustrados y considerados, puede convertirse en un gran poder: el poder de la verdad. No hay nada  tan elevado en el orden moral y nada que desaparezca ante esa fuerza eterna”.


Carlos Berro Madero  
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