Viernes, 17 Junio 2016 12:39

Viviendo entre bandidos y poderosos

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

Suele decirse que en la política de los regímenes autoritarios hay poca diferencia entre bandidos (los que roban a cara casi descubierta) y poderosos corruptos que detentan el poder absoluto. Éstos últimos manifiestan proteger a la comunidad de los bandidos, pero se comportan en realidad como ellos.

La única diferencia radica en que el poderoso logra su beneficio de una forma distinta del bandido, ofreciendo “servicios oficiales” a un valor que lleva oculto dentro el componente de una exacción: el sobreprecio sobre el valor de las cosas que “redistribuye” con cinismo sin igual.

Si algo le faltaba a la tragicomedia kirchnerista aparece ahora bajo la claridad de una luz refulgente la miseria moral de aquellos que creían tener comprada la impunidad para siempre.

El noctámbulo ingeniero José López no parece haber creído que sus actos estaban fuera del orden y la comprensión de ciertas reglas que rigieron durante doce años (para él veintiséis, si incluimos su etapa santacruceña), del reinado de la pareja política quizá más desfachatada que desempeñó gobierno alguno en nuestro país desde que regresó el período democrático.

Juntar dinero “con pala” y enterrarla, o guardarla “físicamente”  vaya a saber dónde, proporciona un dato cierto: ha sido tan escandaloso el enriquecimiento de Néstor, Cristina y sus secuaces, según los abundantes indicios “desechados” por jueces perezosos, que les tornó imposible dar entrada en el mercado financiero a lo robado ni aún mediante un “blanqueo creativo”.

Aparentemente, no hubo más remedio que recurrir a bolsos, picos y palas, contratando los changarines y jardineros apropiados para transportarlos y enterrar el fruto de sus afanes (¿en realidad “afanos”?).

Es muy posible que los K no hayan contado con el asombro y la extrañeza que provocaría en la opinión pública la concatenación de circunstancias visibles que en algún momento pondrían en evidencia la sempiterna e inmutable fatalidad.

Esa que vuelve imposible medir el grado de conocimiento que puede tener del peligro que afronta quien comete un crimen.

Reza el refrán popular que “en el mundo de la banca (donde  moran los poderosos), el talero de un rico perezoso produce más que el del pobre laborioso”; hasta que el goce del tal bandido termina cayendo casi siempre por el temor a ser descubierto.

Por ahora “los otros López” –Cristina, Máximo, De Vido y su multitudinaria compañía-, han podido cubrir sus espaldas mediante ese resquicio legal llamado “fueros”, que solo ha servido hasta hoy para proteger a los deshonestos. Es algo así como el goce malintencionado de quien se dice a sí mismo: “no  me agarrarán jamás con las manos en la masa”.

Ni las fortunas declaradas “en blanco” por la banda kirchnerista se sostienen mediante fórmula matemática que corresponda a índice financiero razonable alguno.

La era post FPV que sigue “in crescendo”, se asemeja a una hilera de naipes parados por su canto, donde al primero de la misma se le da un suave “toque” con los dedos de una mano: todos los demás se abaten al instante, unos sobre otros, inexorablemente.

“Cuando se determina el precio en función de la necesidad del  otro”, dice Nietszche, “el acto se convierte en una forma más sutil de robo injusto y violento”.

El gobierno kirchnerista no facilitó los medios de progreso personal a cada necesitado. En absoluto. Les vendió paquetes cerrados avaluados en forma descarada con precios que llevaban dentro el “diezmo”, que esta vez parece haber estado mucho más cerca del 30% sobre el valor real. De allí salieron los fajos de billetes que hoy no encuentran paz en su deambular entre bóvedas y tierra húmeda.

De esas formas oscuras se ha tratado la cuestión, hasta que como un rayo en la oscuridad apareció el hecho obsceno y cinematográfico provocado por el miedo, compañero invisible del corrupto, que generalmente se presenta, con o sin aviso, cuando éste ha perdido el poder. Ese poder que permite sospechar que en el mundo K “se ha realizado el crimen por hábito, por lo que debería castigarse al criminal con mayor severidad, considerando que dicho hábito ES UN MOTIVO PARA RECHAZAR CUALQUIER ATENUANTE”, agregaría Nietszche.

Habitualmente bandidos y poderosos pretenden para sí una forma de justicia que permita olvidar como agravante el “no hagas a otros lo que no quieras para ti”, lo que explica los balbuceos del señor López en su encuentro con las ancianas monjas del supuesto “convento”: “han venido a robarme lo que  traía para darles a Uds.”

Solamente puede encontrarse explicación a estos hechos aberrantes si se la busca por medio de la única verdad: hemos sufrido la opresión y el asalto de poderosos y bandidos que, por igual, se llevaron hasta el agua en la que solíamos poner algunas flores que nos alegraban la vida, pensando que habían venido a quedarse para siempre en el poder.

¿Qué más puede agregarse que no sea reiterativo de lo evidente?

Carlos Berro Madero

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Gentileza para 

Visto 465 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…