Miércoles, 15 Junio 2016 09:06

Cambiemos: ¿un puente para reinsertarnos en la normalidad?

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 “Es calidad preciosa la rapidez de la percepción; pero conviene estar prevenido contra su efecto ordinario, que es la inexactitud. Sucédeles con frecuencia a los que perciben con mucha presteza, no hacer más que desflorar el objeto. Son como las golondrinas, que deslizándose velozmente sobre la superficie de un estanque, sólo pueden coger los insectos que sobrenadan, mientras otras aves que se sumergen enteramente o se posan sobre el agua y con el pico calan muy adentro, hacen servir su alimento hasta con lo que se oculta en el fondo” -Jaime Balmes

A todos aquellos que hacen una apuesta sobre el eventual éxito fulminante de Cambiemos y su permanencia posterior en el tiempo, les dedicamos, al igual que a algunos funcionarios apresurados del gobierno, esta aguda reflexión del filósofo catalán.

La ansiedad suele ser mala consejera y nuestra sociedad está enferma de ella desde hace muchos años, lo que nos ha hecho perder a todos, método, claridad y precisión, al haber quedado finalmente prisioneros de una  seducción que ejerce sobre el espíritu humano la sensación de que el abandono de un camino errado mediante un cambio de ruta, debería retornarnos ipso  facto a un nuevo surco virtuoso.

Es posible –y vale la pena considerarlo como alternativa-, que Cambiemos constituya solamente un gobierno de transición hacia una normalidad que extraviamos hace años, como parte de una transformación cultural más profunda que exija algo más que un simple cambio de timonel.

Para reinsertarnos en un escenario que rescate ciertos valores esenciales perdidos, debemos atravesar una etapa donde “lo nuevo” sufrirá mutaciones inevitables. Un tiempo para preguntarse también qué podemos hacer por nosotros mismos sin esperar las promesas de algunos ídolos con pies de barro.

Se percibe claramente en estos días un apuro pernicioso y desesperado que da lugar a demandas que no pueden ser satisfechas con la perentoriedad irracional que se exigen.

¿Cuántas personas han leído con detenimiento el informe detallado del gobierno de hace pocos días poniendo evidencia el caos administrativo y de funcionamiento de la administración pública dejado tras de sí por la “abogada exitosa” y sus adláteres? Recomendamos repasarlo. El que se haya hecho público recién ahora, responde a la verdadera complejidad y magnitud del mismo.

“La falsedad de un juicio de valor”, agrega Balmes, “depende muchas veces de la mala percepción. Los falsos axiomas (“ahora llegó la hora de la verdad”, “con el castigo de los culpables saldremos a flote”, etc.), las proposiciones demasiado generales, las definiciones inexactas, las palabras sin definir, LAS SUPOSICIONES GRATUITAS (¡), las preocupaciones en favor de una doctrina, son abundantes manantiales de percepciones equivocadas o incompletas y de juicios errados”.

Un raciocinio extravagante o apresurado, provoca muchas veces que un edificio en construcción se venga al suelo antes de ser terminado y genere la exacerbación de una mala costumbre por ver las cosas que nos afligen de manera muy diferente a lo que éstas son en sí mismas.

¿Quién puede asegurar pues que el actual gobierno no sea sino un puente para acceder a quien le suceda y pueda aprovechar la depuración que se está intentando hoy?

Un abandono apresurado de la participación y la fe popular de quienes tomaron conciencia del daño causado por el kirchnerismo y provocaron finalmente su derrota, abriría la puerta a una nueva tragedia política: la revancha de los que fracasaron y permanecen agazapados en las sombras para susurrarnos al oído que “todo tiempo pasado fue mejor”, para arriarnos nuevamente hacia la oscuridad de la que estamos tratando de salir dificultosamente.

En cualquier caso, faltarían aún la expiación y el escarmiento, para que el proceso vicioso que abandonamos concrete el cambio que se da por ahora en forma algo desordenada.

Como agrega Balmes sobre circunstancias semejantes, es muy posible que “a falta de un principio general, tomemos a veces un hecho QUE NO TIENE MÁS VERDAD Y CERTEZA DE LA QUE NOSOTROS LE OTORGAMOS”. Atribuirle pues a Cambiemos la facultad de causar un efecto fulminante de renovación de todo lo que está dado vuelta, para instalar la matriz de un nuevo  programa de gobierno “salvador”, suena bastante ingenuo y cuanto menos, excesivamente apresurado.

Si utilizáramos la agudeza de aquellas aves diferentes de las fugaces golondrinas a las que alude el filósofo y caláramos hondo en el agua como ellas, es posible que logremos valorar debidamente que la derrota del kirchnerismo evitó entre otras cosas que nos convirtiéramos, por ejemplo, en una horrible réplica de Venezuela. O que cayéramos en una hiperinflación.

Por el momento, no es poca cosa.

Carlos Berro Madero

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