Miércoles, 06 Julio 2016 10:09

Cristina: una pésima apuesta de un peronismo desangelado

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 “Puedo resumir en tres palabras lo que he descubierto de la vida: SIEMPRE CONTINÚA ADELANTE”. -Robert Frost

 

 

El único camino que permite aumentar la eventual excelencia del “producto” ofrecido por un partido político, consiste en el grado en que los miembros del mismo son capaces de crear y mantener un estado de armonía interna ofreciendo líderes bien calificados ante la opinión pública.

 

En ese aspecto, hay personas demasiado inestables emocionalmente para ocupar ese lugar y representan un verdadero estorbo, diluyendo el impacto positivo que dicho partido pueda generar entre la gente. Fundamentalmente, porque evidencia al sostenerlos haber perdido su capacidad de  autodepuración.

 

Ese es el mal que aqueja hoy al peronismo.

 

Diversos grupos de fricción interna le impiden, tanto al FPV como al justicialismo tradicional, poder elegir entre sus miembros a quienes, por su mejor imagen y capacidad personal, podrían procurarle mayor presencia ante una sociedad que solo tiene a la vista un muestrario de quiebres ideológicos de quienes defienden su postura con vergüenza indisimulable (no es para menos).

 

En los períodos de máximo “encantamiento” popular, el  comportamiento de ciertos adherentes “informales” del FPV (D´Elía, Movimiento Evita, Esteche, la Cámpora, etc.) resultaron importantes para manejar los problemas de la calle, por su gran capacidad de reacción efectiva ante lo inesperado.

 

Hoy esto ya no ocurre.

 

Las distintas expresiones de un justicialismo que es representado por Gioja, Scioli, Bosio, Mariotto, Recalde y Esteche simultáneamente, se explica por el estado anárquico con que el movimiento ha reaccionado frente a asuntos internos que no ha logrado resolver adecuadamente para seguir siendo competitivo en algún futuro próximo (¿lejano?).

 

A pesar de lo señalado, los capitostes de casi todas las vertientes, han aceptado mantener casi mansamente (¿por cobardía?), un gerente de operaciones imposible de digerir por la opinión pública a esta altura de los acontecimientos: Cristina Fernández.

 

En efecto, si existe alguien absolutamente incapacitado moral y psicológicamente para liderar un regreso al favor popular, es  quien tiene pendiente sobre la cabeza la resolución de una serie de interrogantes sobre su verdadera participación en la olla donde se cocinó la corrupción de su gobierno.

 

Es una persona que no ha tenido la capacidad para soportar su derrota y ese trastorno está actuando devastadoramente sobre su claridad mental, al punto que sus apariciones públicas reflejan hasta qué punto vive alimentada por una dispersión emocional que la ha dejado a merced de ciertos desvaríos incomprensibles.

 

La ex Presidente, aquejada desde siempre por una alteración de la denominada psicológicamente como “memoria operativa”, se ha convertido en una persona alborotadora y conflictiva, habiendo acentuado su tendencia innata por hacer siempre elecciones desafortunadas.

 

No podemos imaginarnos a Cristina revisando, en ninguna circunstancia, un folleto con instrucciones sobre cómo actuar en momentos de emergencia, sino más bien como alguien que siente que se ha interrumpido injustamente su largo reinado y reacciona destilando resentimiento frente a los requerimientos que se le formulan.

 

Carente de ecuanimidad de conciencia, sus respuestas intempestivas y “descolgadas”, no le permitirán a sus partidarios enfrentar la crisis que están viviendo, ya que todo lo que se oponga a su visión de la realidad, desencadena en la ex  mandataria, fiel a su costumbre, tormentas incendiarias que no contribuirán en nada a los fines políticos de su partido.

 

El peronismo, se encuentra pues frente a un dilema de difícil solución: no tiene un líder carismático que lo contenga y el único que dispone sería mejor que se alejara de la vida pública por una larga temporada.

 

No parece, sin embargo, que esto vaya a ocurrir en lo inmediato.

 

Más aún: hay quienes propician su reinstalación ante la opinión pública, como suicidas a quienes les fallara el arma al momento de detonarla.

 

Esto permite augurar que mientras el justicialismo no se ponga los pantalones largos y abjure de su lealtad por los Kirchner, no tiene ninguna salida política a la vista.

 

Mientras tanto, Macri tiene motivos más que suficientes para ir festejando a cuenta.

 

Carlos Berro Madero

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Visto 540 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:59

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