Miércoles, 03 Agosto 2016 07:47

Un Nobel para Cristina

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Cristina Fernández ha decidido no bajarse aún de su viaje hacia la estratósfera del pensamiento, en cuyo transcurso se le enturbió la mente por marchar mirándose el ombligo.

 

 

Con un desparpajo fuera de lo común, trata de explicar tardíamente algunas trapisondas de su gobierno (no todas, por supuesto), con una precisión tal, que permite advertir que sabía muy bien por qué las cometía, como suele señalar Warren Buffet en casos de esta índole.

 

Al mismo tiempo, lanza llamaradas supuestamente “reflexivas” en twiter, facebook y en sus monólogos con periodistas aún adictos -hambrientos por una cuota de rating-, que considera son una suerte de máximas de vida política, económica y social, considerándose a sí misma un faro de luz en el camino de los mortales que tienen la dicha de haberla conocido y cultivando  como siempre una rudimentaria “inteligencia social” que revela su incapacidad para relacionarse correctamente con los demás.

 

Según su opinión, el mundo desarrollado no ha comprendido los verdaderos quilates de su capacidad para identificar los problemas económicos internacionales y buscarles una solución, usando expresiones técnicas caseras que nos hacen recordar por momentos a la ignorancia supina de Isabel Perón.

 

Baila, se ríe y dedica mohines a sus interlocutores de ocasión -que cada vez pertenecen a círculos más estrechos e irrelevantes-, diciendo cosas tan confusas que no resultan interesantes para nadie, salvo para psiquiatras o psicólogos que deseen ampliar su información sobre casos de incontinencia emocional.

 

En estos días –posiblemente muy duros para su soberbia personal-, ha lanzado frases “urbi et orbi” como la que reproducimos a continuación: “creo que hay mecanismos que han estudiado en la psicología de cada persona, que han hecho que cuando uno logra progresar se desprendiera de lo colectivo y muchas veces puede voltear un proyecto que termina actuando contra uno mismo” (sic)

 

Pasando por alto la detestable construcción lingüística, puede advertirse que está hablando de sí misma y delata estar inmersa en un agudo conflicto interior. A pesar de su proverbial elocuencia, se vislumbra una enorme depresión que trata de disimular con cantidades importantes de “make up”, mientras mira con ojos duros y casi sin expresión que relatan lo mal que la está pasando.

 

No es que Cristina sea distinta hoy, sino que por primera vez en años no está protegida ni sometida al “filtro” con que la custodiaron Néstor y sus leales durante muchos años.

 

La psicología enseña que la ineptitud social resulta más dolorosa y explícita cuando aparece en los momentos trascendentales de la vida: ese instante en el que un individuo trata de no quedar al margen de aquellos con quienes desea comunicarse. Es un momento de peligro, dice el psiquiatra estadounidense Samuel Goleman, en el que agradar o resultar odiado, pertenecer o no, expone un fuerte contraste entre diversas estrategias erróneas de “aproximación” utilizadas por quienes comienzan a convertirse en marginados sociales debido a dicha ineptitud.

 

¿Un ejemplo? Hace unas horas, Cristina dijo que “más que perseguirnos (a Néstor y ella misma, suponemos), deberían darnos el premio Nobel de Economía” (sic).

 

¿Hace falta extenderse más en esta disparatada reflexión? A confesión de parte,  relevo de prueba. Si el resto del planeta se manejase con su arbitrariedad, ineptitud, arrogancia y falta de moral, hoy estaríamos corriendo todos desesperadamente para subirnos a un arca de Noé posmoderna.

 

Por lo expuesto hasta aquí, no coincidimos con aquellos que dicen que al gobierno de Macri no le conviene que CFK vaya presa. Creemos que resultará indiferente, porque existen problemas de gestión demasiado acuciantes. Habrá probablemente algunas turbulencias pasajeras en caso de que ello ocurra, pero con seguridad desatará de su parte una catarata de sin razones que aumentarán el rechazo popular a su persona.

 

El arma más poderosa para captar la atención de los demás, es poseer la capacidad de ESCUCHAR REALMENTE LOS SENTIMIENTOS QUE HAY DETRÁS DE LO QUE SE DICE. ¿Alguien cree que esto sea posible de lograr para Cristina Fernández?

 

Conclusiones: a) no creemos que haya que temer o prestar demasiada atención a los discursos “post mortem política” de la ex mandataria, a la que le pronosticamos un triste futuro; b) el gobierno debería seguir avanzando con las reformas y el castigo a los culpables de la “década robada”; c) Macri solo tendría que abstenerse de cometer errores de apresuramiento en la comunicación y olvidarse de depender del “qué dirán”.

 

La gente tiene muy claro que el kirchnerismo nos desplumó y que la derrota de diciembre próximo pasado permitió pescarlos in fraganti respecto de su bandidaje: pensaron que se quedarían para siempre y descuidaron la retaguardia.

 

Por ella se filtraron luego varios “arrepentidos” quienes juzgaron quizá que su tajada en la torta repartida había sido insuficiente: la podredumbre que se cocinaba en la trastienda, derrumbó así cualquier vestigio de fidelidad. Salvo la de aquellos que siempre trabajarán -aquí y en todo el mundo-, para sacar algún provecho de un río revuelto; entre ellos muchos “comunicadores” sociales que provocan vergüenza ajena.

 

Como dicen los librepensadores estadounidenses respecto de obras teatrales truculentas que despiertan cierta resistencia en el público: “no matter what, the show must go on” (no obstante lo que suceda, el show debe continuar).

 

No al punto de concederle el Nobel a Cristina, por supuesto.

 

Carlos Berro Madero

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