Martes, 18 Octubre 2016 08:55

La reinserción en el mundo es volver a los orígenes

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No hay hoy otra locomotora posible para el desarrollo económico que el mercado global.

 

 

Ingresar en él plenamente requiere una política integral, en la que es necesario razonar en términos cosmopolitas, cambiando el chauvinismo cerrado –y, en algún punto, reaccionario- por una idea diferente: el mundo integrado, con culturas distintas conviviendo en paz.

 

La “patria-contra-otros”, base del razonamiento histórico de los nacionalismos del siglo XX –duros y blandos- hoy se transforma en “patria-para-todos”. Un concepto retoma vigencia, a más de un siglo de enunciado: “América para la humanidad”, consigna argentina en la Conferencia Panamericana de 1889 oponiéndose a la “América para los americanos”  de la “doctrina Monroe “.

 

Desde allí surgen políticas públicas: solidaridad, vigencia del derecho por sobre la fuerza, asilo, convivencia en paz y siempre sobre otro principio: la vigencia universal de los derechos humanos, que ya fuera causa fundacional del país con la histórica sentencia sanmartiniana en oportunidad de declarar la independencia del Perú: “Nuestra causa es la causa del género humano”.

 

La Argentina nació y mantuvo siempre esa consigna. Recibió inmigrantes, asilados, obreros rurales, empresarios perseguidos, intelectuales de todo signo. No siempre pudo garantizar las mejores condiciones para todos, pero siempre estuvo abierta para el que necesitara esa ayuda.

 

Así se formó esta sociedad. A diferencia de Europa, continente en el que los países consolidaron su identidad rechazando invasiones recíprocas, nuestro país se formó recibiendo libremente a “todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Y entre todos lo hicimos.

 

Hoy el mundo está complicado, aunque es difícil sostener que lo esté más que cuando llegaron las grandes corrientes migratorias.

 

Entonces también había guerras y un par de ellas fueron globales.

 

Decenas de millones de muertos nos recuerdan su dramatismo.

 

Nunca dejamos de recibir seres humanos perseguidos, ni cerramos nuestras puertas aunque atravesáramos problemas.

 

Es cierto que toda sociedad –incluso la nuestra- es un mosaico de opiniones, formas de pensar y entender la vida e incluso de infinidad de matices sobre cada tema. También entre nosotros han existido –y existen- compatriotas que viven su idea de “patria-contra-otros” y lo hacen desde la honestidad. Es válido, aunque con la misma honestidad desde esta columna hemos sostenido la idea del “patriotismo con otras patrias”, contribuyendo positivamente a la patria mayor, la de la “causa del género humano” que nos definió cuando nacimos, hace doscientos años.

 

Desde esa perspectiva, bienvenidos los que tengan buena voluntad y quieran integrarse en libertad y derecho a nuestra convivencia. Bienvenidos los trabajadores y estudiantes, inversores y colonos, intelectuales y creadores. Cada uno desde su lugar enriquece con su cultura, su experiencia, su trabajo y sus sueños la sociedad plural, libre y democrática que es nuestro plan fundacional.

 

Y bienvenidos hoy más que nunca, cuando el mundo está gestando una “ciudad global” y hacen falta tanto los buenos ejemplos de mano tendida y un lugar en la mesa.

 

Dr. Ricardo Lafferriere

www.laspi.net/rel   

www.ricardo-lafferriere.blogspot.com  

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