Martes, 19 Julio 2016 08:32

Turquía: Lo malo, lo peor...

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El intento de golpe en Turquía mostró la definitiva vuelta de página, en el mundo occidental, de una forma de lucha por el poder que fue casi "norma" durante el siglo XX: la asunción por parte de las Fuerzas Armadas -o parte de ellas- del poder político ante situaciones de disconformidad con el ejercicio de ese poder por parte de un gobierno electo.

 

 

En este caso, la actitud de los golpistas que -de no ser por los centenares de víctimas- hubiera sido equiparable a una improvisada "estudiantina" provocó un daño mayor al que ellos invocaron como causa de su alzamiento -las desviaciones autoritarias del gobierno presidido por Erdogan-.

 

Es que, aún en el caso de existir, esas desviaciones sólo podían o debían ser corregidas, rectificadas o cambiadas por la soberanía del pueblo, expresada en elecciones. No es posible en esta parte del mundo retroceder hasta los estadios superados de "salvadores de la patria", ni siquiera en el caso de las mejores intenciones o la peor de las situaciones.

 

Cierto es que la administración Erdogan no genera otra cosa que preocupaciones. Las purgas, las limitaciones crecientes a la libertad de expresión, su coqueteo -y hasta sus tratos puntuales- con el terrorismo fanático de ISIS, su creciente reducción de las libertades públicas, su molestia con las limitaciones al poder expresadas por la justicia independiente, su abandono del laicismo y deslizamiento hacia la islamización, son extremadamente peligrosas en una zona del mundo sumamente sensible donde la prudencia es la única virtud exigible, en bien de todos.

 

Erdogan ha demostrado una capacidad de ejercicio del poder y reacciones rápidas para sostener el gobierno legal, apoyado en la movilización popular que -bueno es destacarlo- abarcó a todo el arco político turco, incluyendo a los partidos opositores a su gobierno.

 

El resultado ha fortalecido la gestión atacada, lamentablemente exacerbando sus peores características. La destitución generalizada del poder judicial, casi en su totalidad, miles de detenidos y una purga masiva de las Fuerzas Armadas no augura precisamente un fortalecimiento de la democracia turca.

 

El mundo occidental, por su parte, reaccionó respaldando la legalidad a pesar de la desconfianza que Erdogan ha sembrado últimamente en Rusia, la OTAN, EEUU y Europa Occidental. También éste es un buen dato, que pareciera sugerir que las aventuras de otros tiempos ya no son una herramienta del juego global, al menos en esta parte del mundo.

 

Erdogan debiera advertir que el apoyo brindado a la legalidad institucional turca no implica el respaldo a medidas autoritarias, represivas o al margen de esa misma legalidad defendida, como la reinstalación de la pena de muerte que se ha anunciado, o la profundización de la limitación a las libertades públicas. Si así lo hiciera, su gobierno se ubicaría en similar andarivel de quienes atentaron contra él.

 

Ricardo Lafferriere 

ricardo-lafferriere.blogspot.com.ar   

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Visto 1349 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:13

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