Martes, 27 Diciembre 2016 09:12

Prat Gay fuera del gobierno

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La salida de Prat Gay del Ministerio de Hacienda responde al mismo tipo de inconvenientes que motivaron el alejamiento de Isela Costantini de Aerolíneas: el presidente se da cuenta que hay ciertos aspectos del programa gradual del gobierno que no producen frutos a la velocidad que él los necesita.

 

 

El punto es que es el propio presidente el que eligió ese camino y, al elegirlo, se sabía que se corría el riesgo de que la urgencia de ciertos resultados no iba a coincidir con la velocidad de las medidas.

 

Si bien Prat Gay era uno de los miembros del equipo de gobierno con más llegada a los inversores internacionales, es evidente que la respuesta en ese sentido ha sido flaca. Si bien hay inversiones y proyectos en marcha o ya funcionando, no hubo un shock de inversiones como algunos –entre ellos el propio Macri- pronosticaban.

 

El presidente tenía la sensación que la sola salida del estrambótico y ladino kirchnerismo del gobierno iba a ser suficiente para que muchos inversores fijaran su atención en la Argentina. Es posible que Rogelio Frigerio tenga razón y que los dueños del capital no estén “midiendo” al presidente y a su gobierno sino a la oposición. Pero lo cierto es que esa “medición” es posible porque el gobierno no fue capaz de demostrar que la época de influencia de esa oposición (y de eventual gobierno de la Argentina) ha terminado.

 

Y en gran medida Prat Gay llevaba parte de la responsabilidad de adoptar medidas que respaldaran esa seguridad. El punto es que el tipo de medidas que se precisa para cautivar a las inversiones son contradictorias con las que se necesitan para mantener una cierta actividad económica.

 

En efecto, para llamar inversores se precisa  un marco macroeconómico que no se pudo generar en el transcurso de este año. Bajar la inflación, mejorar los precios de los servicios, asegurar una oferta energética que soporte actividad nueva, reducir el déficit fiscal, etcétera.

 

Pero Prat Gay no es completamente culpable de que esos objetivos no se hayan alcanzado. Es el propio presidente el que ha boicoteado esa tarea con una excesiva tendencia a aflojar la cuerda cuando las demandas arreciaban. Así, Macri puede pedir más efectividad en el equilibrio fiscal pero mientras él le diga que sí a toda extorsión sindical, piquetera y política va a ser difícil mostrarles a los inversores un comportamiento fiscal saludable.

 

Tampoco Prat Gay pudo avanzar en una profunda reforma del Estado y de la Administración. Es lógica también la postura presidencial de no entrar con bisturí y sin anestesia en un territorio donde el peronismo puede causar un estrago social, pero también es justo no poner en la pica la cabeza del ministro cuando se ha bajado una línea en ese sentido que ni el propio ministerio de Modernización ha podido quebrar.

 

Resulta muy ilusorio pensar que Nicolás Dujovne va a poder hacer algo que Prat  Gay no pudo. Al contrario, parecería que el nuevo ministro va a tener que reducir los puntos de conflicto con el jefe de gabinete y allanarse aún más a sus pareceres. Hasta ahora Prat Gay era un contestatario de Peña. Y esa pequeña guerrita la ganó Marcos.

 

Peña es un caso curioso. Con la idea de hacer algo diferente al kirchnerismo, está haciendo lo mismo: pretender tener siempre razón.   No dio el brazo a torcer con el tema de informarle al país

 

-ni bien asumieron- el verdadero estado de la República, error que aun hoy siguen pagando al haber permitido que muchos despegaran al kirchnerismo de la causa de los males con la carga de peligrosidad que ello implica en términos de que la gente crea que aquella calamidad pueda ser la fuente de soluciones futuras. Dio luz verde a la modificación de los cuadros tarifarios sin la celebración de audiencias públicas lo que derivó en una monumental marcha atrás y en una notoria pérdida de tiempo y de prestigio. Hizo jugar a fondo al presidente con la firma de los decretos de designación de Rosatti y Rosenkratz en un terreno en donde no se necesitaba ninguna urgencia.

 

Pero el jefe de gabinete es alguien “del palo” y venía de dos o tres aciertos en la campaña lo que hizo que sus acciones volaran en términos políticos. A la hora de su enfrentamiento con el ministro de hacienda esas acciones pesaron. Y Prat Gay se tuvo que ir.

 

El año que llega va a ser crucial para el futuro del presidente. Debe ganar las elecciones y para eso necesita que la economía de respuestas rápidas pero sustentadas en realidades y no en anabólicos artificiales. Dujovne en ese sentido es un puro. Si se propone sostener esa pureza a rajatabla es probable que comience a tener roces con Peña y si eso ocurre el presidente deberá medir muy bien a quien saca de la cancha esta vez.

 

Carlos Mira

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