Martes, 13 Septiembre 2016 12:10

Massa ante una disyuntiva personal

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Sergio Massa podría tener una oportunidad histórica en la Argentina: no caer en la demagogia para hacer oposición política. Pero parece que no está dispuesto a tomar a tomar ese guante que la vida le ofreció.

 

 

Al contrario, sus últimas posturas parecen confirmar que el ex candidato presidencial del Frente Renovador ha decidido el histórico y fácil camino del populismo argentino.

 

En efecto, Massa acaba de proponer, sin que se le mueva un pelo, que las importaciones se suspendan por 180 días alegando que “la ola de importaciones” está poniendo en peligro los empleos argentinos. ¡Sergio querido: dos opciones, o volvé al colegio o lávate el cerebro de gramscismo!

 

Cerrar las importaciones en el país más cerrado de Occidente es directamente un insulto a la inteligencia; proponerla como camino de mejorar la vida de los argentinos, una manera indirecta de revelar una supina ignorancia económica. ¿Sigue Martín Redrado asesorando a Massa? ¿Y dónde está metido, entonces?

 

El cierre de las importaciones es el camino más rápido a la miseria; la forma más eficiente de seguir condenando al pueblo al encierro, a la antigüedad tecnológica y a la pérdida relativa de peso en el mundo, si es que la Argentina conserva alguno.

 

Por lo demás, la afirmación del ex intendente de Tigre es completamente falsa: una nueva ronda del más puro Gramsci que consiste en vender como verdad lo que es una mentira completa.

 

Morales Sola consignaba ayer que “entre enero y julio de este año las importaciones cayeron un 11,8 por ciento. En julio, la caída de las importaciones fue del 17% con respecto a julio de 2015. El gobierno de Cristina dejó 100.000 expedientes sin resolver con autorizaciones para importaciones (DJAI), que incluían insumos básicos para la industria. La Organización Mundial del Comercio fijó el 31 de diciembre pasado como plazo para que dejaran de existir esas trabas aduaneras. El gobierno de Macri debió aprobar a las apuradas aquellas autorizaciones morosas para no frenar la industria por falta de insumos.” En una palabra: más mentiras para seguir con la demagogia populista.

 

Mientras tanto, otros ejemplos mundiales prueban con creces el beneficio de la apertura y la integración mundial. No hay dudas que, de todos ellos, el de Australia es el caso más revelador.

 

La economía de Australia se ha convertido en las últimas décadas en una de las más abiertas del mundo. Según el Índice de Libertad Económica en el Mundo que difunde Civismo en España, Australia es ya el quinto país más capitalista del globo, solamente por detrás de Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda y Suiza.

 

La puntuación que obtiene Australia en el Índice es de 80,3 puntos sobre 100. Por subcategorías, cosecha 90 puntos en “protección de los derechos de propiedad”, 80 puntos “ausencia de corrupción”, 62 puntos en “peso del gasto público”, 63,2 puntos en “marco fiscal”, 89,4 puntos en “facilidad para hacer negocios”, 77,2 puntos “flexibilidad laboral”, 85,2 puntos “estabilidad monetaria”, 86,4 puntos “apertura comercial”, 80 puntos en “facilidad para invertir” y 90 puntos en “libertad financiera”.

 

Según el Índice, “Australia es una vibrante economía de mercado que ha logrado acumular 25 años sin recesión alguna. Además de hacer un buen uso de sus recursos naturales, la economía australiana se beneficia también de un notable empuje emprendedor y de un marco institucional efectivo. Esto hace de Australia un destino dinámico y atractivo para la inversión”.

 

7 reformas clave

 

El grueso de las reformas liberales se aprobaron bajo liderazgos de centro-izquierda. Bob Hawke, vencedor en las Elecciones Federales de 1983, 1984, 1987 y 1990, encabezó la primera oleada de cambios. Paul Keating, su hombre fuerte en el campo económico, triunfó en los comicios de 1993, dando continuidad al proyecto.

 

¿Qué reformas hicieron posible esta revolución liberal? En primer lugar, los gobiernos de las últimas décadas han apostado por reducir los aranceles y abrirse al comercio. A mediados de la década de 1970, se aprobó un recorte generalizado del 25% que vino seguido de nuevas rebajas en 1983. Entre 1988 y 1996 se introdujo una nueva ronda de rebajas de aranceles que terminó dejando el impuesto medio a las importaciones en el 5%. Desde entonces se han aprobado nuevos recortes, en el marco de la firma de acuerdos comerciales con espíritu liberalizador.

 

El segundo ámbito de reforma fue el marco monetario. En la década de 1980 se aprobó un giro en la política del Banco Central. Desde entonces, el tipo de cambio del dólar australiano lo marca el mercado y la evolución de los precios arroja una evolución claramente favorable, con un progresivo descenso de las tasas de inflación.

 

La tercera línea de reformas llegó en 1995, con el lanzamiento de la Política Nacional de Competencia, un acuerdo entre el gobierno nacional y las Administraciones regionales que permitió revisar el grado de libertad o intervencionismo en todos los sectores de la economía. A raíz de esta iniciativa se eliminaron 1.800 normas y leyes que restringían la competencia. Además, se reformaron o eliminaron monopolios públicos, apostando por la liberalización y la privatización.

 

El cuarto punto clave para el cambio en Australia fue el giro en la política de infraestructuras. Con la desregulación de mercados como el de las aerolíneas, las telecomunicaciones o el transporte por vía marítima, estos ámbitos de la economía pasaron del estancamiento al crecimiento. Hoy en día podemos ver a empresas multinacionales españolas como Ferrovial o Acciona que desarrollan nuevas infraestructuras en Australia.

 

También en el mercado laboral se aprobaron cambios de calado que constituyen el quinto pilar de las reformas liberales australianas. El Acuerdo de Precios e Ingresos que se desarrolló entre 1983 y 1996 redujo notablemente el peso de la “negociación colectiva” y descentralizó los acuerdos salariales. Hoy, el desempleo es de apenas un 6%.

 

La política fiscal constituye el sexto elemento clave de la revolución liberal australiana. Desde mediados de la década de 1990 se aprobaron medidas de racionalización del gasto y privatización de activos, con el objetivo de reducir la deuda pública. Además, se rebajaron los tributos exigidos a las personas y las empresas, llevando a Australia hacia un modelo de impuestos más bajos, con el gasto público en el entorno del 35% del PIB.

 

En séptimo lugar, Australia ha seguido el ejemplo chileno y ha adoptado un modelo de pensiones capitalizadas conocido como SuperAnnuation. Cada mes, los trabajadores consignan entre el 9 y el 12% de su ingreso bruto a una cuenta personal de jubilación que luego financia su pensión. Entre la década de 1980 y el presente, el peso del ahorro acumulado en estos fondos ha pasado del 20% al 100% del PIB.

 

¿El resultado? El PIB per cápita ha crecido espectacularmente conforme Australia ha girado hacia un modelo liberal. Si a comienzos de la década de 1980 apenas alcanzaba los 20.000 dólares, en 2014 rondaba los 40.000 dólares.

 

Sería interesante que Massa, a quien el destino ha puesto en un lugar clave de la política argentina se aggiorne un poco, algo aunque sea; alguito… No te va a venir mal Sergio… Y te convertirías en el primer opositor no populista, no gramsciano y no demagógico de la democracia argentina de los últimos treinta años. No es poco. ¿O sí?

 

Carlos Mira

Visto 958 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:49

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