Jueves, 16 Febrero 2017 08:59

Certezas y dudas bonaerenses

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Hace siete días, poco más o menos, la señora gobernadora de la provincia de Buenos Aires dijo -sin que le temblara la voz y en un momento en que nadie había tirado sobre el tapete el tema de las elecciones legislativas de octubre- que, si la alianza oficialista perdiese en el distrito más importante del país, “el mundo no se acabaría”.

 

 

Por supuesto que la figura utilizada no puede tomarse al pie de la letra. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que siempre hay vida después de una derrota en las urnas. El problema de perder a menos de dos años de haber asumido el gobierno no radica en desaparecer de la faz de la tierra sino en poner en tela de juicio la gobernabilidad.

 

Si alguien tuviese la confianza suficiente con María Eugenia Vidal como para preguntarle si en verdad cree en lo que expresó, la respuesta seria un no categórico. Ella conoce, perfectamente bien, cuánto se hallará en disputa. No es una novata en estas lides y no puede ignorar las consecuencias que tendría para la administración macrista y para su gestión, un revés a manos del Frente Renovador o del peronismo. La razón por la cual se explayó de esa manera, minimizando los riesgos, no es producto de la irresponsabilidad o de algo parecido. Sucede que, por necesidad, debe quitarle todo dramatismo a los comicios. Al menos, a esta altura del partido.

 

Como las incógnitas son más y de mayor calado que las certezas en términos de los escenarios probables y de los candidatos que dirimirán supremacías dentro de ocho meses, es lógico que los principales actores políticos oculten sus cartas más de lo que las muestran. Faltan noventa días para oficializar las alianzas, ciento veinte para hacer otro tanto con las candidaturas y ciento ochenta para las internas. Finalizado junio y una vez conocidas, por un lado, las alianzas y, por otro, quiénes encabezarán las listas para las PASO -que tendrán lugar en agosto- los jefes de las diferentes agrupaciones invertirán su estrategia y expondrán sus fichas a vista y paciencia de todos.

 

¿Cuáles son las incertidumbres que hoy existen y frente a las cuales ninguno de los dirigentes de más enjundia -Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Cristina Fernández, Florencio Randazzo, Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Elisa Carrió- tienen una respuesta clara? Al respecto es menester separar las comunes a la totalidad de los contendientes de las que sólo atañen a cada uno de ellos. La incógnita que cruza el espectro político en diagonal, y que tendrá una incidencia decisiva en el resultado de octubre, es el desenvolvimiento de la economía. No es lo mismo, ni mucho menos, votar en un escenario en donde la recesión siguiese -como hoy- campeando a sus anchas, que uno en el cual hubiese desaparecido.

 

Está claro que en el arco opositor, más allá de sus profundas diferencias, sus integrantes deben estar rezando en secreto para que la economía no crezca y el salario real no supere a la inflación. Aunque ninguno de ellos se anime a decirlo en público -lo que significaría un verdadero sincericidio- la condición necesaria para que Massa, Randazzo o Cristina Fernández pudiesen alzarse con un triunfo es que se le quemen los papeles al macrismo en punto al crecimiento del PBI. La gente de Cambiemos ruega, en cambio, que la situación mejore porque eso le permitiría al presidente de la Nación y a la gobernadora obrar como locomotoras electorales.

 

A lo dicho se le suman las dudas que aquejan a cada uno de los partidos o frentes. La viuda de Kirchner debe estar desojando la margarita para determinar, en primera instancia, si le conviene o no competir, y -en caso de que le convenga- qué camino debe seguir: presentarse como candidata en la provincia de Buenos Aires o en Santa Cruz. Además, ¿postularse para encabezar la lista de diputados o de senadores nacionales? No son cuestiones menores. Resultan de la máxima importancia porque un paso en falso podría dejar a la ex–presidente en un lugar aún más expuesto del que se encuentra en la actualidad. Imaginemos -a modo de ejemplo- que optase por la senaduría bonaerense y saliese tercera. Su carrera política se habría terminado.

 

Florencio Randazzo, que ha decidido llamarse a cuarteles de invierno y no dar demasiadas señales de qué piensa hacer, si aspira a mantener un lugar entre los referentes decisivos del justicialismo está obligado a competir. Dejar que pase esta oportunidad es un riesgo enorme. Entre otras razones porque nadie está en condiciones de asegurarle que el capital con el que hoy cuenta -en función de haberse plantado frente a la Fernández cuando la casi totalidad del peronismo, con Scioli como mascarón de proa, le rendía pleitesía- no será historia antigua en 2019. Si supiese que su adversario en las PASO del PJ va a ser Scioli, no dudaría en bajar al ruedo. ¿Pero si es la Fernández, que todavía conserva un núcleo duro de adhesión del orden del 20 %?

 

Sergio Massa cavila en la misma onda de radio que Randazzo, al menos en un sentido. ¿Encabeza la lista de senadores de la provincia de Buenos Aires o se reserva para dentro de dos años? En teoría el dilema admite dos respuestas. En la práctica se expone a que otro justicialista haga una gran elección y lo desplazase del podio de candidatos presidenciales. Porque conviene, sobre el particular, no ser ilusos. El jefe del Frente Renovador aspira a convertirse en la cabeza de una gran coalición con base en el peronismo. Para eso debe renovar sus credenciales en octubre. Claro que, a semejanza de Cristina y del candidato del Cambiemos -quienquiera que sea-, puede terminar primero, segundo o tercero. Esta es una elección que cabe ganarla, en la provincia, con 35 puntos o entrar tercero con 29.

 

Por fin están los dilemas del oficialismo. Carrió no tiene interés en ser senadora. No es un capricho de momento. Nunca le interesó la cámara alta. De modo tal que es necesario encontrar a alguien para que vaya en primer lugar en la boleta, como candidato a senador. ¿Jorge Macri? -Imposible con Lilita, que de delincuente para abajo le ha dicho de todo. A la Carrió le tienta trenzarse con Cristina y Massa, pero ni ella ni nadie sabe si serán de la partida. Además, podría salir tercera y, entonces, las ventajas de defender los colores del oficialismo en la capital federal -donde estaría en condiciones de obtener un resultado histórico sin demasiados problemas- no dejan lugar a dudas.

 

Según cuál sea la lente utilizada para observar el panorama y el parámetro para medirlo, los comicios legislativos están lejos o a la vuelta de la esquina. De momento en una sola cosa -lo digan en voz alta o lo nieguen- coinciden la gente de Cambiemos, del peronismo y del Frente Renovador. Octubre, de acuerdo a los resultados, obrará una clara divisoria de aguas. Será -sobre todo en función de cuanto suceda en la provincia de Buenos Aires- una prueba de fuego para Macri, Cristina Fernández y Massa, sin duda. En menor medida para Randazzo, Stolbizer y Carrió. Todos arriesgarán algo, compitan o no. Algunos, su capital político entero.

 

Vicente Massot

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