Viernes, 03 Marzo 2017 10:09

La yeca y los académicos

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Los gobernantes -de más está decirlo- declaran cuanto se corresponde con sus intereses. ¡Bueno sería que hiciesen lo contrario! Defienden a capa y espada las decisiones que consideran acertadas y las cifras que convalidan su gestión, con el mismo o parecido énfasis con el cual embisten contra sus enemigos.

 

 

Sobre el particular han coincidido, a través de los años, las administraciones civiles y las de origen militar, las peronistas y las radicales, las de izquierda y las de derecha. La actual, encabezada por el ingeniero Macri, no constituye la excepción capaz de confirmar la regla. Que ello es así, sin falla de matiz, lo acaban de poner en evidencia el mismísimo presidente de la Nación y dos de sus principales escuderos del variopinto equipo económico: el titular de la cartera de hacienda, Nicolás Dujovne, y el del Banco Central, Federico Sturzenegger.

 

Apenas regresado de su misión a España, cuando todavía resonaban los ecos madrileños en sus oídos, Macri minimizó con un párrafo –apenas- la inconcebible seguidilla de entuertos en la que quedó enredado en los últimos dos meses de gestión. Dijo, palabras más, palabras menos, que comparadas con las cientos de decisiones correctas que toma, cuatro o cinco errores no mueven el fiel de la balanza.

 

En sintonía con el discurso de su jefe, el responsable de fijar las pautas de la política monetaria sostuvo que, en nuestro país, no hay atraso cambiario ninguno. Salvo, claro, que sólo se pondere la relación peso–dólar sin prestarle atención a otras componentes básicas que demostrarían -según él- que la distorsión apuntada por prácticamente la unanimidad de los economistas, en punto al dólar, sencillamente no existe.

 

El tercero en hacerse presente en el carrusel de declaraciones fue el sucesor de Alfonso de Prat-Gay. Entusiasmado con la deriva de la actividad económica de los primeros meses del año, anunció que la recesión había tocado a su fin. De ahora en más, lo que apreciaremos es el comienzo de un ciclo virtuoso que cobrara mayor visibilidad –dijo- conforme transcurra el semestre inicial del año en curso. De modo tal que lo peor ya pasó y -si bien no todo es miel sobre hojuelas- de creérsele al flamante ministro, con el crecimiento de la actividad y la baja de la inflación el gobierno llegaría a las elecciones de octubre en buen estado.

 

Lo expresado por Macri, Sturzenegger y Dujovne admite más de una lectura. Se puede realizar una interpretación textual y suponer que han expresado cuanto suponen que es cierto y se compadece con la realidad. Pero también cabe hacer otro análisis del asunto. Desde este ángulo lo que sobresale es un libreto estratégico cuyo propósito, más allá de exaltar los méritos de la administración de Cambiemos, apunta a defenderse con base en argumentos académicos de las críticas que llovieron desde los rincones ideológicos más diversos.

 

El presidente puso una vez más la cara. Como no era posible negar la serie de gazapos de todos conocida, Macri le salió al cruce enarbolando la tesis de que, si los errores existieron, en el balance final los aciertos acreditan una superioridad neta. Lo mismo hicieron los otros funcionarios mencionados. Cualquiera sabe, a esta altura del partido, que dos de los principales enjuiciamientos en materia económica que recibe el gobierno están centrados en la recesión y el atraso del tipo de cambio.

 

Hay distintas maneras de tratar la cuestión para las autoridades de este y de cualquier gobierno en el que pueda pensarse: aceptando las dificultades, para enseguida prometer una mejora, o anunciar que los problemas han sido superados. Sturzenegger y Dujovne han optado claramente por esta última. No necesariamente porque sean unos cabezaduras dispuestos a contrariar de manera flagrante la realidad sino porque no tienen más alternativa que la de hacerse fuertes en unas cifras parciales, dando de lado las que no les convienen. Deben ser optimistas a la fuerza.

 

No falta a la verdad la cabeza del Banco Central cuando puntualiza, con solvencia, que la cuestión de la paridad no se agota en una comparación hecha a mano alzada entre dos monedas. Pero aun así deben llamarles poderosamente la atención esas verdaderas peregrinaciones al otro lado de los Andes y a la ciudad paraguaya de Encarnación, que se han hecho costumbre, para comprar en Chile todo lo que se pueda imaginar y en el país del norte útiles escolares. Que cientos de miles de argentinos crucen diferentes fronteras en el oeste, en el norte y también en el este, casi semanalmente, para adquirir desde lápices y cuadernos hasta televisores y camisas, es muestra de algo que no es en absoluto novedoso. En el curso de las pasadas cuatro décadas el fenómeno se repitió varias veces. Siempre por los mismos motivos y, a la larga, con los mismos resultados negativos.

 

En cuanto al crecimiento o estancamiento, hay números para todos los paladares. Las noticias saludables vienen por el lado de la venta de autos usados y los 0 kilómetros y la industria de la construcción, para mencionar al voleo dos ejemplos significativos. Las malas del lado de los supermercados. ¿Se acabó la recesión? Desde un punto de vista estrictamente técnico, es posible que Dujovne lleve razón. Como así también Sturzenegger.

 

Si esta fuese una compulsa académica, seguramente los funcionarios macristas no solo no serían reprobados sino que hasta podrían pasar sus respectivos exámenes con honores. Claro que cuanto se discute en términos políticos no puede estar más alejado de los claustros. Las polémicas entre intelectuales son una cosa, los comicios que se substanciarán en los meses de agosto y octubre, otra. Pertenecen a universos diferentes. Desde la óptica de la ciencia económica, el llamado rebote técnico no deja de ser una forma de crecimiento. Pero de ahí a imaginar que los habitantes de La Matanza y de Florencio Varela van a votar en consonancia con ese rebote técnico media un abismo.

 

Dicho de manera diferente: de momento el consumo no repunta y la Argentina se ha convertido, medida en dólares, en uno de los países más caros del mundo. Ello sin perjuicio de que, en términos técnicos, la recesión hubiese cesado y el atraso de la moneda norteamericana fuera una ilusión económica. Son dos formas distintas de ver una misma realidad. No son contradictorias, estrictamente hablando. Pero para un gobierno confundirlas sería suicida.

 

Vicente Massot

Visto 1267 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Marzo 2017 16:24

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