Domingo, 19 Marzo 2017 00:00

Trump asfixia a las Naciones Unidas

Escrito por  Francesc Peirón
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El proyecto de presupuesto del presidente pretende recortar a la mitad el dinero a la ONU, que quedaría en el caos

 

La trayectoria empresarial, mediática y política de Donald Trump no se caracteriza precisamente por ir haciendo amigos. Visto este recorrido, repleto de muescas, en el que él es la peonza sobre la que gira el universo, tampoco sorprende que su visión “diplomática” sea más belicista que negociadora. No deja de ser el reverso de aquel postulado de Winston Churchill, el de que “mandíbula contra mandíbula siempre es mejor que guerra contra guerra”.

El proyecto de presupuesto lanzado por el presidente Trump lleva por título su lema de campaña: “América primero”. Queda claro, a la vista de su incremento en Defensa y recortes en el Departamento de Estado (29%), en concreto en los programas de ayuda exterior, que el significado de esa frase es “sólo América”.

“Si se aprueba este borrador, el presupuesto de Trump marcará de manera definitiva la renuncia a cualquier pretensión de Estados Unidos de un liderazgo global”, sostuvo Stewart M. Patrick, experto del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), laboratorio de ideas con base en Nueva York.

Uno de los máximos exponentes de esta ideología unilateral, seña de identidad filosófica de la nueva Casa Blanca, se expresa en su previsto tijeretazo a la contribución económica a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Más armas a cambio de recortar a la mitad en instrumentos de diálogo y acercamiento. Sobre todo cuando esta Administración observa que en el seno la institución se constatan “muchos prejuicios contra Israel”, como expresó esta semana Rex Tillerson, secretario del Departamento de Estado.

Tillerson amenazó con sacar a EE.UU. del Consejo de Derechos Humanos si no se hacen “sustanciales cambios”, según una carta que remitió a diversas entidades. No es una amenaza inmediata, sino que da un plazo al consejo para que se remida a sus ojos.

En su misiva, en la que insiste que cualquier solución está sobre la mesa, reitera que “nuestra más fuerte objeción al consejo de derechos humanos es la intransigente agenda contra Israel”.

La asociación Human Rights Watch lamentó, por boca de Sarah Margon, que el chantaje con salir del consejo no ayuda a que sea más efectivo. “Esto indica que la administración Trump no está realmente interesada en la mejora de los derechos humanos de los más vulnerables alrededor del globo”, afirmó Margon.

Los posibles recortes tienen una proyección devastadora para las Naciones Unidas, pero también para la percepción de EE.UU. en el mundo. Y pese a la prevista retirada de partidas, el proyecto de Trump preserva los 3.100 millones de asistencia para Israel.

“El secretario general está totalmente comprometido con la reforma de las Naciones Unidas y la adaptación a su objetivo de cara a ofrecer resultados de la manera más eficiente”, señaló en un comunicado el portavoz del máximo responsable de la ONU, el ex primer ministro portugués António Guterres, después de difundirse las pretensiones económicas de EE.UU. para el 2018.

“Sin embargo –añadió ese comunicado–, un recorte abrupto de los fondos puede forzar la adopción de medidas que socavarán, a largo plazo, los esfuerzos de transformación”.

Para este portavoz, Guterres suscribe la necesidad de combatir con energía el terrorismo, “pero esto requiere algo más que el gasto militar”, subrayó. En este sentido, se aconseja atajar los fundamentos que cimientan el radicalismo mediante “la inversión en prevención y resolución de conflictos, contrarrestar el extremismo violento, preservar la paz o construirla, impulsar un desarrollo sostenible e inclusivo, mejorar los derechos humanos y, cada cierto tiempo, responder a crisis humanitarias”, recalcó.

Que esto lo digan las Naciones Unidas puede parecer retórica interesada. Hay otras voces menos “sospechosas” que coinciden y que auguran, tanto en un partido como en otro de Estados Unidos, que este borrador deberá pasar por una criba muy profunda.

Incluso el secretario de Defensa, el general James Mattis, beneficiario de este proyecto, consideró que, si se descapitaliza la diplomacia, “vamos a necesitar comprar más munición”.

El incremento que persigue Trump para el Pentágono (54.000 millones de dólares, para completar un total de 615.000) está por encima de los 39.000 millones en que se quedaría el Departamento de Estado, que perdería 16.000 millones). Así, Colum Lych informó en la revista Foreig Policy que los cargos del Departamento de Estado han recibido la orden de “buscar dónde cortar al menos un 50% de los fondos a las Naciones Unidas”.

De concretarse, esto marcaría una retirada sin precedentes de la Administración estadounidense de las operaciones internacionales que preservan la paz, proveen vacunas a niños, persiguen aliviar el hambre o las enfermedades en distintos puntos del planeta, vigilan el desarrollo de armas nucleares o tratan de hallar una solución a los conflictos, como el de Siria.

Estados Unidos gasta unos 10.000 millones anuales en la ONU, es el mayor donante. Washington aporta el 22% del presupuesto operativo de la organización. Al ser miembro con derecho a veto –uno de los elementos primordiales de que conflictos como el de Siria no se resuelvan–, se encarga del 28% del dinero destinado al mantenimiento de la paz. Además, abona voluntariamente a las siempre mal financiadas agencias, como el Programa Mundial de Alimentos.

Aunque representa el 0,1% del presupuesto federal, esa inyección de dinero es decisiva para la organización multilateral.

En caso de regularse la fuente, la falta o escasez de suministro monetario influiría en Unicef, en los cascos azules o en programas de desarrollo, alimentarios y de adopción de medidas para prevenir el cambio climático. “Un recorte de esta magnitud provocará el caos”, aseguró el especialista Richard Gowan en la citada revista. “Se rompería el sistema humanitario global”, añadió.

La agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, de la que Guterres estuvo al frente diez años, recibió el pasado curso 1.500 millones de EE.UU., de sus 4.000 millones de presupuesto. Si su contribución se contrae, otros donantes tendrán dificultades para llenar ese agujero en un momento en que se padece la mayor crisis desde 1945, con 65 millones de desplazados. En lugar de invertir 2.500 millones en las tropas de paz o cascos azules, la idea es rebajar esta cantidad en 1.000 millones. En el Departamento de Estado también están revisando las 16 misiones pacificadoras en las que participan. La de Sudán del Sur tiene todos los números para llevarse la peor parte.

Entre diplomáticos europeos corre la idea de que Oscar Wilde se anticipó y ya escribió una sentencia pensando en Trump: “Es un hombre que sabe el coste de todo, pero el valor de nada”.

Clinton: “Estoy lista para salir del bosque”

Desde el 8 de noviembre, fecha, Hillary Clinton ha mantenido un perfil bien discreto, por no decir escaso, en cuanto a su relevancia pública. A diferencia de su rival de partido, el senador Bernie Sanders, que emite comunicados día sí y día también despotricando contra Trump, desnudando sus mentiras y evidenciando que el supuesto candidato del pueblo no es más que el presidente de los ricos. No hay Robin Hood detrás de ese tupé de color paja. En cambio, a Clinton, tras su discurso de “despedida”, se la vio melancólica a los pocos días de la derrota, paseando por el bosque en Chappaqua, su localidad neoyorquina de acogida. Y luego, un par de ocasiones por el teatro, en Broadway, o una charla en Washington. Poca cosa más que, según los conspiranoicos, avala la tesis de que calla por temer que Trump cumpla su promesa de encarcelarla. Hasta este viernes, en que acudió a Scranton, ciudad de Pensilvania de la que era originario su padre, para dar una conferencia en la sociedad de mujeres irlandesas. Era el día de San Patricio. “Estoy lista para salir del bosque y ayudar a poner luz, a dar fuerzas para seguir luchando”, prometió. Insistió en que “es duro ver las noticias diarias” y no decir nada. Ese acto marcó su regreso paulatino, aunque en los mítines presidenciales continúan gritando “enciérrala”. 

Francesc Peirón

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