Domingo, 16 Abril 2017 00:00

Los gordos

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Cuando hay trabajo disminuye la pobreza.

Cuando hay trabajo la gente busca educarse para poder prosperar en su actividad.

El empleo es la clave del crecimiento económico, de mejores servicios, de mejor salud, de mejor educación.

Es simple, es lógico, es natural… pero en la Argentina es muy difícil.

 

Crear trabajo legítimo (y no el invento de los subsidios, ni los ñoquis, ni llenar al Estado de burócratas que aumentan el gasto público, como lo hizo el kirchnerismo) es caro, requiere esfuerzo, estudios e inversiones. Y nadie, nadie va a poner un mango mientras los sindicalistas no terminen con su lista de reclamos y su beligerancia con huelgas políticas como presenciamos semanas atrás. Esta actitud fue un típico ejemplo de patoterismo inconducente.

Durante el último paro la CGT hizo una publicidad con niños en donde explicaban que ellos hacían esta huelga para que haya ¡más trabajo! ¿Les quieren hacer creer que con una huelga habrá más trabajo? Este paro nos Salió 15.000 millones de pesos. ¿Quién lo va a pagar?

En estos años de democracia hubo 40 paros generales. Y Argentina tiene 33% de pobres. Entre las muchas razones que nos llevaron a esta situación, está la conflictividad sindical. Seguramente no es esta la única razón, pero todas están hermanadas: corrupción, ineficiencia, especulación, conductas mafiosas, vagancia, etc., ponga usted lo que quiera, en el orden que le plazca, pero el problema, en el fondo, es el corporativismo sindical, que de la mano de un peronismo prebendario, ha espantado la inversión en la Argentina.

Ya lo decía la marchita, “combatiendo al capital”, y lo han hecho con éxito. Por esta razón partieron del país empresas de todo el espectro económico mundial y la mayor multinacional de capital argentino se fue por el conflicto desatado entre el peronismo sindical y el de izquierda. ¿Cuántas empresas cerraron por conflictos con los gremios? Muchas más de lo que se piensa.

Hubo cientos de empresarios secuestrados (los Born encabezan la lista), muertos (Salustro, el primero), y desaparecidos (como Cutterback).

Para combatir el capital están a la orden del día, pero para crearlo…

Después nos preguntamos ¿por qué los argentinos no invierten en el país? El último blanqueo demuestra que había 120.000 millones de dólares en el exterior. Y eso es solo la punta del iceberg. Hay más plata de argentinos afuera que aún no ha vuelto, justamente por la conflictividad sindical. ¿Para qué invertir en Argentina? Si después del esfuerzo y la inversión, un grupo frena la actividad laboral por cuestiones que a veces son muy difíciles de dilucidar y en última instancia, podría no ser el problema de la empresa sino fruto de conflictos macroeconómicos entre los que se destaca la inflación que los mismos sindicalistas fomentaron con sus reclamos.

Tenemos un sindicalismo retrógrado que conduce el país bajo intereses mezquinos, cuidando su quintita, a expensas de la salud de sus afiliados. Justamente las obras sociales son la caja de los sindicalistas. ¿A quién se le ocurre darles el control de la salud de los trabajadores a los sindicalistas? En ningún país del mundo pasa esto. El gran negocio de la salud les ha permitido a los sindicalistas tener los medios para eternizarse en el poder.

Para colmo han demostrado claramente que la salud de sus afiliados les interesa un carajo. Truchan medicamentos, prestan servicios de cuarta, pagan cualquier cosa sin importar los costos y hacen pactos espurios con los prestadores. ¿Por qué no hay libre elección de los profesionales? ¿Por qué no hay competencia entre los distintos servicios médicos y siempre cae el manejo de las prestaciones en manos de los mismos grupos de atención? Apenas han escarbado en la basura de IOMA como para comenzar y falta mucho por hacer.

¿En qué otro país hay líderes sindicales que mantienen la conducción por 20/30/40 años? NO EXISTEN, solo acá hay reelección eterna.

¿Dónde en este mundo se heredan los títulos sindicales, como si tratase de una rancia aristocracia? Solo acá, en los reinos peronistas.

¿Quién va a poner plata en un  país dónde paran los subtes por “prevención”? ¿Por qué poner plata cuando de un minuto a otro paralizan el transporte sin aviso? Esto afecta a los trabajadores, que deben viajar hacinados, sin saber si van a poder volver a su casa o perder días de trabajo y el presentismo. Todo ayuda a desestabilizar y crear mal humor social que después ellos exacerban con cortes y comentarios apocalípticos. ¡Ellos nos van a llevar al Armagedón si les hacemos caso! Estos desgraciados hablan del helicóptero y se burlan del presidente, sin darse cuenta que los están corriendo por la izquierda. Ellos no se van a ir en helicóptero sino flotando por el Riachuelo.

¿Quién va a poner un mango dónde nunca pueden comenzar las clases en fecha y forma? ¿Y a quien afecta esto? A los hijos de los trabajadores. Creamos pobres y burros, un resultado genial que le debemos a la conducción peronista.

¿Por qué poner plata en un país donde la cúpula sindical, que fue funcional al latrocinio más vergonzoso de nuestra historia, espera que en un año se arregle el desbole infinito que ellos asistieron a crear en décadas? ¿Por qué poner plata en un país donde los sindicalistas son más ricos que los industriales?

Necesitamos empleo para sacar a la gente de la pobreza, de la inseguridad y mejorar la salud de los argentinos, pero estos gordos impresentables espantan a los inversores, argentinos o del exterior, destruyen el empleo, duplican el gasto de salud con una burocracia inconducente y coartan la libertad de circulación.

La causa del deterioro como país en los últimos 70 años de la Argentina se debe, sin lugar a dudas, al poder que Perón le otorgó a los sindicatos, siguiendo las enseñanzas de su maestro Mussolini (después Onganía, que soñaba con ser otro Perón, le dio la salud a los sindicatos –cosa que el Pocho nunca hubiese hecho). Aquí nació la raza de gremialistas que acumularon fortunas y grasa en sus abdómenes conformando el principio del fin, la estampida de los empresarios que prefirieron sacar sus ahorros del país para ponerlos a salvo de la voracidad fiscal (que también es secundaria a la ineficiencia productiva por el reclamo sindical inconducente). Se produce menos, se invierte menos, se recauda menos, por lo que el Estado debe endeudarse más, este es el espiral poco virtuoso que caracteriza un país acostumbrado a las llamadas “conquistas sociales”, que solo condujeron a la pobreza de casi la mitad de la población.

¿Cuáles son los obreros del mundo mejor pagos? Los alemanes, que no tienen sindicatos fuertes.

Obviamente no estamos en contra de los reclamos por situaciones concretas, pero la legislación argentina es muy receptiva en cuanto a conflictos entre patronal y obrera (¿Cuándo gana la patronal un reclamo? Nunca). No necesitan paros, cortes, huelgas y manifestaciones para ser escuchados.

Este ejercicio de la fuerza política del paro es la forma en que los sindicalistas llevan agua (y plata) a su molino. Les conviene el disenso y la confrontación para hacerle creer a las bases que ellos son imprescindibles. La inflación galopante sin números fehacientes fue el ariete de los gremios durante el kirchnerismo.

Cualquier barbaridad era válida

En su cortedad de miras, los gordos (que no ven más allá de su ombligo) no se percatan que si crece el país, el trabajo y la inversión, habría más afiliados a sus sindicatos y redundaría en beneficios para todos… pero no, prefieren ese status quo peronista que les ha sumado hasta el momento muchos millones a sus cuentas. Y nosotros somos los rehenes extorsionados por sus bravuconadas.

La eternización en el poder les ocasiona problemas a los gordos, la presión de los de abajo les está pasando la cuenta. Otra vez más vemos como el enfrentamiento entre el peronismo de “derecha” y de “izquierda” desemboca en violencia… (Como en los ’70, en los ’80 y en el 2001). Hay que tener cuidado porque se matarán entre ellos y después son capaces de tirar el cadáver y decir que es culpa de la represión estatal y así aumentar el descontento social. Ya lo han hecho y lo están haciendo con marchas y contramarchas, cortando la ciudad.

 El fundamentalista trotskista que ocupa la segunda línea de los sindicatos, está dispuesto a todo, aún a la violencia extrema para mantener “la lucha permanente”. Este es el sindicalismo más refractario que de acá en más duplicará la apuesta. Hay que evitar el adoctrinamiento que está impartiendo, o crear un nuevo sindicalismo que enfrente a su ideología perimida. Benegas, Triaca y hasta el hijo de Ubaldini están marcando un nuevo camino entre la relación gremio y patronal. Esperamos que prospere.

El gobierno debería ser menos inocente. Si los gordos se hacen “los machos”, ataquen sus bases: Manden una inspección de la AFIP o de la Superintendencia de Salud a las Obras Sociales, revisen los medicamentos truchos, los manejos de las drogas oncológicas, los gastos administrativos, revisen archivos, reabran causas por enriquecimiento y estarán abriendo otra cloaca hedionda… A ver cómo pueden justificar esa plata… y después de revisar todos los papeles siéntense a dialogar en Comodoro Py.

Quizás así algún día podremos trabajar en paz.

Omar López Mato 

Médico y escritor   

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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