Domingo, 16 Abril 2017 00:00

Felices Pascuas: Raúl Alfonsín vuelve al balcón de la Casa Rosada - Por Silvia Mercado

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En cada visita guiada, al llegar al balcón se accionará un dispositivo con el discurso que dio por terminada la asonada carapintada. La Secretaría General de la Presidencia y la familia Alfonsín se reunieron el miércoles para acordar la donación de la documentación del ex presidente

 

"Le pido a los pueblos del mundo que por encima de estos lamentables episodios, comprendan perfectamente bien hasta qué punto está galvanizado en el corazón y el sentimiento de los argentinos un estilo de vida democrático", dijo Raúl Alfonsín a voz en cuello un domingo de Pascua, hace exactamente 30 años.

Estaba rodeado por funcionarios propios, como Horacio Jaunarena y Facundo Suárez Lastra, pero también por los peronistas Antonio Cafiero y José Luis Manzano, líderes de la renovación peronista, y Vicente Leónidas Saadi, presidente del Partido Justicialista. La Plaza de Mayo estaba llena a tope. Fue un momento dramático. La gente había salido a copar los paseos públicos en todo el país en respaldo de la democracia y contra lo que parecía un intento de golpe.

Muy conectado con esa sociedad que lo miraba expectante, el presidente Alfonsín se dirigió a la multitud y, en tono intimista, les dijo: "Ustedes y yo, todos en la Argentina, saben lo que estamos arriesgando. Es mucho más que un absurdo golpe de Estado, estamos arriesgando un futuro nuestro y el futuro de nuestros hijos. Estamos arriesgando sangre derramada entre hermanos. Antes de proceder, he resuelto, he tomado una decisión. Dentro de unos minutos, saldré personalmente a Campo de Mayo a intimar la rendición de los sediciosos."

Casi se le quiebra la voz al pedirle "a todos que me esperen acá  y si Dios quiere y nos acompaña, dentro de un rato vendré con las soluciones. Dentro de un rato, vendré con la noticia de que cada uno de nosotros podemos volver a nuestros hogares para darle un beso a nuestros hijos y en ese beso decirles que le estamos asegurando la libertad para los tiempos".

En el cuarto día de la asonada carapintada, Alfonsín había llegado a la conclusión de que un país que había tenido un padre para los derechos de los trabajadores, ahora necesitaba un padre de la democracia. Lo decidió solo, sin discutirlo con nadie, aunque no se trataba de un gesto temerario.

Había recibido el apoyo de la calle, de la Iglesia, incluso de Saúl Ubaldini, que dio una conferencia de prensa desde la CGT, donde la central obrera reafirmó su compromiso democrático. En el palco, a su lado, Cafiero no paraba de aplaudir, emocionado, algo que Saadi no hizo en ningún momento, aunque ahí estaba. Solo Carlos Saúl Menem y algún que otro peronista especularon con el éxito de la chirinada.

La gran intuición de Alfonsín, la que le dio una dimensión indiscutible de líder argentino es haberse jugado en esa actuación de características teatrales, en ese balcón, frente a las multitudes allí presentes y las que seguían la escena por televisión.

Por eso es que por decisión de la Secretaría General de la Presidencia, en acuerdo con la familia del ex presidente, Alfonsín volverá a ese balcón. En cada visita guiada, al llegar al balcón, se accionará en forma automática un dispositivo que activará la grabación de ese día, de ese momento.

A partir de la voluntad de donación de los miles de documentos que aún están en la oficina privada de Alfonsín del 5to piso de la avenida Santa Fe 1678, con cartas, fotos, listados con los regalos recibidos, los pasaportes, las agendas, las audiencias otorgadas, los libros leídos, subrayados y comentados con su pluma, se dará inicio al Programa de Archivos Presidenciales del Museo de la Casa Rosada.

Es una gran iniciativa que busca poner a la consulta de los investigadores la documentación personal del ex presidente, hasta ahora custodiados por la mirada atenta de Margarita Ronco.

La familia Alfonsín está pagando de su bolsillo a una archivista que está catalogando el material que será entregado a Presidencia, que a su vez se hará cargo de la guarda, digitalización y puesta para el público. Por lo que se supo, será en un predio que se acondicionará en la ex ESMA.

Antes, en los próximos meses, está prevista una muestra con parte de esa documentación de Alfonsín presidente, que se realizará en la sede del Museo de la Casa Rosada. Será el momento de poder ver la carta de Gabriel García Márquez felicitándolo por haber ganado las elecciones y la que mandó la esposa de Saúl Ubaldini pidiéndole disculpas en su nombre por los paros generales que buscaron debilitar el gobierno, entre otras piezas de alto valor histórico.

La figura de Alfonsín se fue agigantando con el transcurrir de la democracia. Fue obligado a entregar el poder seis meses antes, acuciado por una crisis económica profunda y un peronismo que había ganado las elecciones y estaba ansioso por tomar las riendas del país. Por años, su figura fue sinónimo de claudicación ante los carapintadas, primero, y al menemismo, después. Es que en 1994 tomó la decisión de facilitar la Reforma Constitucional y realizó el Pacto de Olivos para evitar una grieta como la que se produjo en 1949, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.

Su aporte fue tan crucial en la construcción de la democracia moderna, su esfuerzo tan decidido para evitar que la Argentina repita viejos enfrentamientos, que solo el tiempo permitió que los argentinos alcancemos un consenso acerca de su entrega heroica y desinteresada en la constitución de los pilares democráticos.

Dos horas después de haberle pedido a la gente que lo espere, Alfonsín volvió en el helicóptero desde Campo de Mayo, descendió en el techo de la Casa Rosada, bajó al primer piso y volvió a salir al balcón.

Dijo: "Para evitar derramamientos de sangre, di instrucciones a los mandos del Ejército para que no se procediera a la represión y hoy podemos todos dar gracias a Dios, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina. Le pido al pueblo que ha ingresado a Campo de Mayo que se retire. Es necesario que así se lo haga. Y le pido a todos ustedes vuelta a sus casas, a besar a sus hijos, a celebrar las Pascuas en paz de la Argentina."

Hoy se sabe que la ley de obediencia debida no fue negociada con los carapintadas, sino que tres días antes del levantamiento, Alfonsín había anunciado que el Ejecutivo trabajaba en una ley que reflejara su compromiso de campaña acerca de los tres niveles de responsabilidad de las Fuerzas Armadas en lucha represiva. Era una propuesta bastante más punitiva que la propuesta peronista, que hablaba de amnistía.

Hace 30 años, Alfonsín actuó con decisión y mesura. Sin revanchismos y buscando cerrar heridas, pero imponiendo firmeza. Es lo que se espera de un líder democrático. De esos que la Argentina tuvo tan pocos. 

Silvia Mercado

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