Domingo, 08 Octubre 2017 00:00

Francia vive por arriba de sus medios (y Argentina también)

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La frase que encabeza este artículo fue pronunciada por Raymond Barre en 1976.  La que hace referencia a la Argentina pertenece a quien suscribe.

 

Raymond Barre (el francés proclamado como el mejor economista de sus días) fue convocado por el presidente Giscard d'Estaing en agosto del ’76 para que se hiciese cargo de una situación muy delicada que atravesaba su país: la inflación era del 10 % y el déficit fiscal era casi 3 puntos del PBI. Fue entonces cuando Barre resumió el drama de la situación con esta afirmación. “Francia vive por arriba de sus medios” “Los gastos aumentan más rápidamente que la producción…” dijo el economista.

¿Y qué solución propuso Barre? Austeridad.

Obviamente su receta no fue muy popular, debió soportar huelgas, manifestaciones, cortes en las calles y fue acusado hasta sus últimos días de ser un “burgués capitalista y explotador”. Nadie quiere el “ajuste” al igual que nadie quiere que le amputen una pierna o un brazo, pero a veces no hay más remedio, y si en lugar de ajuste lo llamamos sinceramiento…

La situación de Argentina es peor a la de Francia de Giscard d'Estaing. La inflación en el 2015 excedía el 30 % y el déficit era del 5 % del PBI. ¿La razón? Como señalamos en el título, la Argentina vive por arriba de sus medios, porque cuando tuvo la oportunidad, un grupo de políticos la desperdició, descuidó la inflación y se dedicó a pillar los fondos públicos.

Hoy el gobierno del presidente Macri afronta esta situación con gradualismo, a pesar de la enorme resistencia de un grupo que pretende que los argentinos sigan viviendo más allá de sus medios. Gritan, cortan calles, son agoreros del “ajuste”, pero no nos dicen cómo resolver los problemas de base que en 12 años no supieron solucionar. Me encantaría que los periodistas en lugar de pedirles solo diagnósticos, les pidan a estos señores soluciones. ¿Qué proponen? ¿Control de precios? ¿Callar al Indec? ¿Aumentar indiscriminadamente los sueldos? ¿50 %? ¿75 %? ¡¿100 %?! Ya conocemos los efectos de esas recetas populistas…

El alto nivel de gasto público no solo se traduce en altos impuestos y endeudamiento, también genera ineficiencia en la asignación de los recursos y nos resta competitividad para producir y exportar (este año los bienes exportados bajaron el 1.2 %).

Lo curioso del caso, es que aquellos que nos llevaron a esta situación con su ineficiencia, hoy son diputados. Y mientras se esconden en el Congreso al abrigo de los fueros, dictan leyes distorsivas. Convirtieron el Congreso en un aguantadero de chorros y vivillos.

¿Cuánto sale bancar este poder legislativo pesado, oneroso e ineficiente?

En EE.UU. hay un representante cada 737.000 habitantes, mientras acá nos damos el lujo de tener ¡uno cada 163.000 habitantes!

Cada diputado cobraba en junio $ 106.000 (más gastos) más un 35 % de gastos de representación (que no tienen descuentos por ganancias).

Huelga decir que los senadores ganan mucho más y este esquema se multiplica en cada provincia y en menor escala, en cada municipio.

¿Cuánto nos cuesta esta representatividad onerosa?

¿Cuántos diputados más necesitamos para establecer que, por ejemplo, el 5 de febrero, es el Día de los plomeros? No tengo nada contra que los plomeros celebren su día. ¿Pero esa es función del Poder Legislativo?

Tenemos 27.000 leyes nacionales y más de 200.000 provinciales ¿necesitamos más?

El Estado no sabe cómo y cuándo ponerlas en práctica y a veces ni tiene los medios para aplicarlas. Algunos legisladores, en su inocencia, creen que su función es sacar leyes de la galera, como si se tratase de conejos. ¡No! Su función es que los habitantes del país vivamos en paz y armonía. Y para tener un país mejor, y no son necesarias tantas leyes que restrinjan o afecten una cosa desajustando otra.

Los legisladores deberían:

1 Ordenar las que existen. ¿Por qué no derogan algunas leyes pasadas de moda? Creo que hoy deshacer leyes puede ser más productivo que dictarlas.

2 Tratar solo los proyectos que vienen del Ejecutivo y también aquellas que surjan de consultas populares –que hoy día no necesitan urnas, sino consenso a través de los canales de comunicación.

¿No es tiempo de dejar lugar, en este siglo de la comunicación y la representatividad, a una democracia más directa?

“El pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes” estaba muy bien cuando de Salta a Buenos Aires se demoraba un mes en carreta, pero hoy la comunicación es instantánea. ¿No es tiempo de modernizar nuestro poder legislativo o todavía prima en el poder político la idea de contar con puestos para acomodar a sus afiliados?

Es tiempo de corregir algunos excesos en la administración pública y encontrar un camino para la Argentina que no pase por el ajuste, ni la dádiva sino por la inversión y el crecimiento de PBI que hace años continúa estancado. Y solo lo lograremos con esfuerzo y trabajo, y no con reclamos y huelgas.

Dejemos de vivir por arriba de nuestros medios.

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad  
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