Domingo, 03 Diciembre 2017 00:00

Muertes anunciadas

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La semana pasada murió Justina, después de meses de esperar un corazón. También murieron 44 miembros de nuestra Armada por una explosión en el  submarino ARA San Juan.

 

 Estos han sido  dramas, y no tragedias, porque los griegos sostenían que las tragedias eran obra de los dioses y los dramas de los hombres… acá los dioses nada tienen que ver. Todo  es obra de los hombres.

Era casi obvio que después de décadas de desatención algún desastre debía sumarse a los ya acontecidos en las Fuerzas Armadas (aviones caídos, vehículos inutilizados, el rompehielos ARA Almirante Irízar parado por una larga reparación, y el ARA Santísima Trinidad, uno de los buques insignia de la guerra por Malvinas, se hundió “espontáneamente” en el puerto Belgrano) castigadas económicamente como si la sanción de sus mandos jerárquicos a 40 años de los hechos no fuese suficiente.

El montonerismo optó por eliminar toda posibilidad de reincorporación a la sociedad a los miembros de una fuerza que nada tiene que ver con los criterios intervencionistas de 50 años atrás.

El drama de Justina es más íntimo, menos espectacular, pero paradójicamente nos compete a todos mucho más que la muerte de 44 submarinistas.

Es poco probable que usted o yo subamos a un submarino, tenemos más chances de necesitar un hígado, un corazón, un riñón o corneas ajenas. Por eso el drama de Justina nos incumbe a todos y nos debe hacer meditar sobre la eficacia del INCUCAI.

Hoy hay 10.851 pacientes en lista de espera, de los cuales 2878 están esperando una cornea (vale esta aclaración porque a diferencia de los tejidos, la córnea no necesita histocompatibilidad. En otras palabras, salvo diferencias etarias, todas las córneas sirven para todos).

En Argentina hay más de 300.000 fallecimientos por año (7,6/‰). Aproximadamente 10.000 mueren por accidentes de tránsito. Con solo aprovechar el 5% de las muertes acabaríamos con el problema de las listas de espera que duran años (¡3 – 4 y hasta 10 Años!)

Los problemas médicos generalmente solo llaman la atención cuando compromete el individuo o la familia. Nadie se acuerda de la enfermedad mientras tiene buena salud. Después lo asiste el pensamiento mágico que la ciencia saldrá en su ayuda cuando lo necesite… pero el conocimiento médico-terapéutico se topa con su enemigo más acérrimo, que es la burocracia.

Las autoridades nos quieren hacer creer que las listas de espera se deben a falta de donantes. Eso es falso, son pocos los que objetan la donación, el problema es la falta de procuración.

Para que el INCUCAI sepa que un posible donante ha fallecido, debe recibir el aviso de defunción por parte de un médico. Si no recibe esa comunicación, esta donación se pierde. Este es el problema. El INCUCAI no se entera de la existencia de órganos en condiciones de ser trasplantados por falta de información y los médicos no lo hacen por varias razones, como ser.

1.- El paciente acaba de morir, el médico se encuentra en una situación comprometida emotiva y legalmente, y la familia generalmente está shockeada. No todos reaccionan igual ante la muerte de un ser querido (más si es una situación inesperada). Algunos médicos no saben cómo resolver esta situación y a muchos les resulta traumático tener que explicar las circunstancias que llevaron al óbito. Por esta razón, lo evitan o minimizan.

2.- El trámite y puesta en marcha del opoerativo puede ser largo y engorroso para el profesional que hace la denuncia.

3.- No hay sanción efectiva, por más que sea obligatorio y exista una multa, a nadie se le aplica.

Conclusión: Se pierde una oportunidad única de dar curso a una donación, haciendo efectiva la voluntad o convenciendo a un nuevo donante.

Los médicos no siempre están preparados para manejar estas situaciones y algunos,  como los terapistas (que son los quienes deben afrontar estos casos con mayor frecuencia), no siempre pueden manejar el problema comunicacional al que se enfrentan.

¿Cómo se arregla esto?

Creando comisiones de donación en cada hospital o clínica de envergadura.

Esta comisión debería estar al tanto de los casos de gravedad dentro del nosocomio para detectar a los posibles donantes y contar con un equipo formado por médicos o psicólogos entrenados para hablar con los familiares, contenerlos y hacer la solicitud de donación y acompañar a la familia en dicha circunstancia.

No es un trabajo fácil, ni agradable pero esa tarea en manos de profesionales sin una formación adecuada para el manejo de esa situación tan delicada lleva al fracaso seguro de la gestión.

Confiar  un sistema a la caridad de los individuos merece recordar una frase célebre de Adam Smith. “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”.

El sistema tal como está, no funciona. Las pruebas están a la vista. Atarse a la reglamentación burocrática ha demostrado ser ineficiente y costoso. En lo que va del año se han hecho 1.388 trasplantes de órganos de 543 donantes reales. (¡400 córneas se perdieron por mal manejo!) Es decir, de 300.000 muertes solo se aprovecharon ¡500! Esto no es eficiente.

También es un problema que la mitad del país que está en la Provincia de Buenos Aires, tenga solo un banco de córneas. La provincia debe dividirse para tener un sistema más dinámico.

La ley suma burocracia inútil y a este ritmo tardaremos más de 10 años para resolver los problemas que hacen interminables las listas de INCUCAI, mientras otra Justina espera.

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad   
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