Domingo, 17 Diciembre 2017 00:00

De Judas a Kirchner

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Art 215: “Será reprimido con reclusión o prisión preventiva el que cometiere el delito previsto en los casos siguientes:
1) Ejecutare un hecho dirigido a someter total o parcialmente a la Nación al dominio extranjero o a menoscabar su independencia o integridad”.

 

Desde Judas en adelante, la traición se convirtió en el más vil de los pecados.

Todo país, toda religión, cada persona, tiene su historia de traiciones.

El caso más célebre se dio en Francia con el capitán Dreyfuss, un oficial de familia judía, acusado de vender información a los alemanes que terminó siendo el chivo expiatorio de las inclinaciones antisemitas en el ejército de esa nación.

La evidencia para exonerar al capitán era abrumadora, pero el Estado Mayor francés no estaba dispuesto a reconocer su error.

Solo cuando Emile Zola publicó su célebre carta abierta  Je’acuse, donde declara: “Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice, es que la presión pública logra el cometido”. (Enero de 1898) es que el caso se reabrió, pero la Corte de Casación recién reconoció la inocencia en 1906. (Como ven, amigos, la Justicia se toma su tiempo acá y en todo el mundo). Curiosamente, el capitán Esterházy, a pesar de su evidente compromiso en la venta de información, nunca fue condenado y Emile Zola debió pasar un tiempo fuera del país por su seguridad.

En la Argentina mucha gente fue acusada de traición, incluyendo al mismo San Martín (por el acuerdo de Rancagua), y el coronel Telmo López (hijo de Estanislao) por sumarse al ejército paraguayo durante la contienda de la Triple Alianza (No tuvo suerte, los paraguayos lo mataron).

El último caso condenado por traición en Argentina tuvo como protagonista al Mayor Guillermo Mac Hannaford, quien vendió información al Paraguay, por entonces comprometido en la guerra del Chaco contra Bolivia, donde nuestro país actuaba como garante de paz entre las naciones vecinas. Sin embargo, Argentina apoyaba indirectamente al Paraguay por los intereses de los inversores nacionales en tierras guaraníes. De hecho el tren que conducía a las tropas paraguayas al frente  de batalla pertenecía a una empresa argentina. Este conflicto finalizó con la victoria de los paraguayos y la entrega del premio Nobel a Saavedra Lamas (este gesto también acarreó conflictos internos, ya que la orden de interceder entre Bolivia y Paraguay partió del general Justo, quien se sintió dolido por esta falta de reconocimiento internacional).

El caso que nos atañe comienza en 1994, después del atentado más grave que se tenga memoria en América Latina, con la muerte de 85 personas y 300 heridos.

A pesar de la gravedad de los hechos, hace más de 20 años que se reclama justicia. Los inculpados de origen iraní eran funcionarios de alto rango del gobierno de ese país. El ayatolá Akbar Hashemí Rafsanyaní, fue presidente de Irán entre los años 1989 y 1997, Ali Fallahian, ministro de información y seguridad de Irán, Mohsén Rezaí, era Comandante de la Guardia Revolucionaria, (quien se presentó sin éxito como candidato a la presidencia de Irán en las elecciones de 2005, 2009, y 2013) y figura en la lista de los más buscados de la Interpol por cargos de “crímenes contra la vida y la salud, vandalismo y daños” por el atentado contra la AMIA.

Alí Akbar Velayatí, político, académico y diplomático iraní, fue ministro de Asuntos Exteriores de su país durante 16 años (1981-1997) y en la actualidad ejerce como consejero en política internacional del jefe del estado iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

El ex agregado cultural iraní en la Argentina, Moshen Rabbani fue considerado por el fiscal Alberto Nisman, como el cerebro del brutal ataque terrorista (las autoridades de Interpol dictaron una normativa para que Rabbani sea tratado como uno de los criminales más peligrosos del mundo). Todos ellos llevaron adelante instrucciones del gobierno iraní.

Un tema a debatir es si este atentado puede ser encuadrado bajo la denominación de guerra cuando no hubo declaración previa ni posterior.

Como vimos en los casos anteriores, no había guerra entre Francia y Alemania (aunque todos supiesen que podía desencadenarse en cualquier momento) y en el caso del Mayor Guillermo Mac Hannaford no había guerra entre Bolivía y Argentina.

Los japoneses no declararon la guerra para bombardear Pearl Harbour, ni los argentinos declaramos la guerra para retomar las Malvinas, lo que convierte a la declaración en un acto burocrático prescindible.

Bajo esta perspectiva, que un gobierno extranjero ordene y secunde un atentado en territorio argentino, tiene todo el peso para ser considerado un acto de guerra. Había funcionarios implicados, y se pretendía proteger a miembros del gobierno iraní a cambio de ventajas económicas (hay pocos traidores ideológicos, Judas recibió 30 monedas). A través de una artimaña legal pretendieron darle largas al asunto con un complicado juicio de por medio, y de paso, incentivaron un intercambio comercial, con cifras que rondaban los 10.000 millones de dólares. ¿Cuánto de esta plata cayó en manos indebidas? Aún no se llegó a ese tema… Hay 2.000 horas registradas, de 300.000 llamadas escuchadas. Todos debemos escuchar estas grabaciones, porque esas son las voces de la traición y falta aún dilucidar si fueron iraníes los que asesinaron al fiscal Nisman, (aunque dudo que algún día se sepa la verdad).

La sangre derramada siempre fue negociada por los Montoneros, como la negociaron con la dictadura militar durante el Mundial ’78. ¿Cuánta plata recibió entonces la cúpula de Montoneros? No nos olvidemos de Elena Holmberg…

Cristina negoció con los asesinos iraníes su liberación (con la Mise-en-scène de llevarlo a un juicio ridículo y concediendo la baja de las solicitudes de captura por Interpol, las célebres alertas rojas que entonces negaron y ahora hasta los iraníes reconocen).

Eran funcionarios entonces y lo son ahora. ¿Cómo le vamos a pedir a un gobierno extranjero que nos ayude a esclarecer un atentado, donde participaron miembros de ese gobierno? Es una locura, y lo peor es que dicho memorándum fue votado por el Congreso de la Nación, para que tengamos una idea de lo que deciden nuestros representantes. Ellos también nos traicionaron, por pusilánimes, por cobardes, por no leer siquiera lo que votaron. ¿Estos son nuestros representantes? ¿A ellos le pagamos cientos de millones de pesos al año?

Esta sangre también se negoció, como lo hicieron años atrás los Montoneros, escondidos tras una ideología hipócrita. Ellos comenzaron una guerra civil con el apoyo de Cuba (¿dónde fue la plata de los Born y los secuestros que perpetraron?) y la Libia de Kadafi (donde fueron entrenados). Fueron traidores a las patria y lo siguen siendo.

Ellos, como Judas, se vendieron por unas monedas.

   

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad   
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