Viernes, 05 Enero 2018 00:00

La semántica Política

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Hemos concluido el año demostrado, una vez más,  que somos mesiánicos.

 

Esperamos al hombre providencial que resuelva nuestros problemas aunque anteponga sus ideas a la Ley. Nada de esfuerzo, de ahorro, de prevención, sólo esperamos que todo se resuelva apelando al realismo mágico. No nos queremos endeudar, no queremos pagar más impuestos .ni queremos bajar los gastos. Todo se resuelve con un pase mágico

Perón  entendió, este mecanismo perfectamente después de pasar un tiempo en la Italia del Duce y construyo un personaje populista con una astucia que bordeaba el cinismo. Se adueñó de ideas socialistas para armar una estructura de poder que a su vez se alejaba del comunismo (al que pertenecían entonces los sindicatos del mundo).

Su impronta fue indeleble y aunque no lo quisieran reconocer así los gobiernos militares que lo sucedieron  pero que íntimamente querían, de una forma u otra, emular al tirano prófugo o hacer un Peronismo sin Perón.

Todos fracasaron y el general volvió a ejercer el poder  convirtiéndose en un paradigma de la política nacional que había dado una lección valiéndose de la izquierda (la juventud maravillosa setentista o los mocosos imberbes según se los quiera recordar) para golpear por la derecha. (Lopecito y su AAA)

No abundó el general en exquisiteces semánticas sólo nos dejó aforismos con un sabor campero… como un viejo Vizcacha del devenir político.

Fue así como Néstor, que hasta el momento solo había ensayado un zurdaje de cafetín, se valió de la izquierda para hacerse de fueros, (como el mismo confesó) cuidándose de mantener una distancia prudencial, tanto con la izquierda como con la burocracia sindical, que regulaba de acuerdo a sus necesidades, un doble discurso donde se ataba al pasado revolucionario para justificar una militancia que nunca tuvo

Mientras esto proclamaba, cultivaba un capitalismo de amigos, levantaba el puño izquierdo, se entrevistaba con Bush y se abrazaba con Chávez para pedirle préstamos de usurero al 15%.y devolvía los dineros del Fondo  Monetario.

Pero fue Cristina, una fundamentalista de verba vistosa y prolongada (¡como la van a hacer callar si su modelo es la oratoria de Fidel!)

Ella dio (y sigue dando) pasos para abrazar la izquierda, adoptando la manipulación del lenguaje propia del bolchevismo, donde viejas palabras suman nuevos sentidos para describir una realidad, en la  que las diferencias entre la verdad y la propaganda se desdibujan. (Ahora a la hipocresía la llaman post verdad)

Así es como Cristina creó un gobierno de escases, y articuló la misma  oligarquía que El había creado, con  la idea  de eternizarse comprando los votos con su discurso patriotero y patotero, anticapitalista, mentiroso y sobre todo prebendario.

Regaló planes, regaló jubilaciones, hipertrofió al Estado de burócratas desocupados.

Sin el cuidado en los números que había puesto su marido gastó hasta la última moneda, mientras la oligarquía que había creado, se encargaba de hacer pelota los sistemas de control del Estado y el erario público.

A lo largo de este proceso asistimos a  la adopción de una nueva semántica como la que Orwell reconstruyo en 1984.

Cuando la señora no se sonroja por sus flagrantes contradicciones, piensen el en doble talk al que Orwell hace alusión cuando se refiere al discurso de los conductores.

Cuando ella y los suyos  insten en la  defensa de sus ideas con violencia, estarán refiriéndose  “a un acto de defensa propia contra un maniático homicida” tal como lo decían los seguidores de Gran Hermano

“Nada  se mantiene fuera de la política” afirmaban los dirigentes en 1984  al igual que ahora arbitrando  medios para fomentar las diferencias: La Grieta.

“Los  mitos que son creídos tienden a convertirse en verdaderos” pone Orwell en boca de los tiranos, por eso ella miente, engaña con convicción para tratar de darle consistencia a  su falsedad.

Cristina se está probando el traje de las tiranías socialistas, su alianza con la izquierda trotskista y su alejamiento del peronismo ortodoxo, la llevan  a una radicalización de su discurso que se hará más extremista a medida que se sienta acorralada. Y entonces nada le importara con tal de salvarse.

Por otro lado la izquierda minúscula del país trata de darle carácter popular a su mensaje marxista. Cuando peor, mejor decían los extremistas en los 70… y ¿Qué nos dejaron? Un país en ruinas atravesando por odios viscerales

Por otro lado nos encontramos con un Presidente que huye del mesianismo.

El mejor ejemplo lo vimos en la marcha del 1A cuando a pesar de tener la plaza rebosante de seguidores Macri se limitó a agradecer el gesto y recordarnos que el lunes había que volver a trabajar. Otros hubiesen volado para estar en ese balcón, para emular la gesta peronista. Macri no lo hizo

Quizás el Presidente está muy consciente sobre todas las cosas impopulares que debe hacer para poner el país en orden porque acá no hay magia, no hay fantasía ni milagros. Sólo tiempo y esfuerzo

  

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad   
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