Lunes, 12 Febrero 2018 00:00

Carrió, el botón antipánico de Macri - Por Pablo Sirvén

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Cambiemos cuenta con un botón antipánico incorporado que se acciona solo: se llama Elisa Carrió. Tiene un efecto altamente beneficioso porque empieza a sonar fuerte mucho antes de que los principales integrantes del Gobierno se den cuenta de que hay un peligro que los amenaza.

 

En la semana que pasó, Carrió volvió de sus vacaciones por Europa y se hizo sentir, aunque no todavía de manera presencial. Para eso habrá que esperar un poco más. Tal vez hasta el 1° de marzo cuando ocupe su banca en la inauguración de un nuevo período ordinario de sesiones en el Congreso para escuchar el mensaje del presidente de la República, su principal socio político.

Hay temas personales -su diabetes moderada y alguno que otro pico de presión que le advierten de la necesidad de regular su intensidad y también para estar más cerca de uno de los hijos de su segundo marido, que atraviesa un delicado estado de salud- que la mantienen por ahora, a distancia de micrófonos y cámaras.

Más allá de que no hace lo suficiente para bajar su consumo de cigarrillos, aunque se cuida un poco más en las comidas, se ha tomado en serio sus caminatas por la tarde en Capilla del Señor donde madruga, lee los diarios, habla por teléfono, recibe gente y cultiva el reparador hábito de la siesta. Intenta que sus incursiones porteñas sean breves y puntuales, y cuando eso sucede se refugia en el pequeño departamento de Recoleta en el que vive su hija.

Pero, aun así, parafraseando a una canción, "Lilita siempre está". Y vaya si está. En estos días se hizo notar con sugestivas piezas: un par en las que, por más que algunas veces se desmarque, reafirma su sólida pertenencia al gobierno de Cambiemos (un saludo entrañable por el cumpleaños N° 59 de Mauricio Macri y un comunicado de la Coalición Cívica ARI en el que ratifica "su compromiso para combatir a las mafias que amenazan la democracia", un tiro por elevación en la ofensiva oficial y judicial de los últimos tiempos contra Hugo Moyano).

Pero la pieza restante resultó áspera para el Gobierno porque la emprendió contra el ministro de Justicia, Germán Garavano que desistió de la acusación por encubrimiento contra los exfiscales de la causa AMIA, Eamon Müllen y José Barbaccia, que llevaba adelante su abogada personal Mariana Stilman, corrida de ese lugar, y que ahora Carrió hizo renunciar.

Aunque la arquitecta de Cambiemos -al cruzar de la vereda de UNEN y propiciar una difícil amalgama entre su partido, la Unión Cívica Radical y Pro hizo posible que hace dos años gobierne Macri- seguirá acompañando este año desde el Congreso los proyectos que envíe el Poder Ejecutivo y no tensará con iniciativas propias el clima parlamentario, el episodio Garavano la dejó de bastante mal humor y hasta pasó por su cabeza la posibilidad de pedirle juicio político al ministro. Más vale que se vaya desenojando si no quiere poner al Gobierno al borde de una eventual implosión.

Es el estilo Lilita: hablar fuerte y dar un golpe sobre la mesa a tiempo para evitar males mayores (su oposición a nombrar miembros de la Corte por DNU y también cuando amagaban imponer la reforma previsional por ese dispositivo al frustrarse el primer tratamiento en Diputados; su toma de posición ante temas tan disímiles como los tarifazos y el desplazamiento de Alejandra Gils Carbó de la Procuración General de la Nación).

La líder de la Coalición Cívica cree que los temas más complejos deben ser argumentados con tiempo, claridad y persistencia, a diferencia de Jaime Durán Barba y de Marcos Peña (que ha comenzado a revisar esa postura). Que no da buenos resultados eso de avanzar en temas complejos sin explicar nada y solo hacerlo cuando estallan como problemas graves, pésima estrategia que con los ajustes de tarifas y la reforma previsional implicó regalarles el escenario mediático a una oposición que en estos y otros casos se envalentona y se entusiasma con una confrontación que deje al Gobierno colgado del abismo.

Con el ingreso a la Jefatura de Gabinete, en diciembre último, de Fernando Sánchez, uno de los "lilitos" que mejor conoce a su jefa, con quien trabaja desde 1996, se institucionaliza más y mejor la relación Carrió-Macri. No pocas veces la doctora Carrió salía a la vidriera pública a desmarcarse mal de alguna decisión que ella no avalaba y con más razón cuando se enteraba por los medios porque lo consideraba un desaire que no se la informara con antelación.

Al esquema de una alianza de gobierno que funciona con una coalición parlamentaria que lo acompaña se agregó la incorporación de un referente notable de CC ARI, como Sánchez, en el "tablero de control" de la gestión que se hace desde la Jefatura de Gabinete. Sánchez oficia de virtual "traductor" de la Presidencia hacia Carrió y de Carrió hacia el Gobierno para evitar innecesarios cortocircuitos.

Botón antipánico de Cambiemos, pero asimismo rottweiler (porque defiende a los suyos, aunque también puede asestarles algún tarascón) extraña la labor legislativa de Sánchez y por eso busca que el flamante diputado Juan Manuel López ocupe ese espacio. "Aprendé rápido", lo conminó.

Pablo Sirvén

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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