Domingo, 10 Junio 2018 00:00

La muerte de Robert Kennedy

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Hace cincuenta años moría Robert Kennedy asesinado en el pasillo de un hotel de California por un joven palestino, Sirhan Bishara Sirhan, que aún sirve su condena de por vida.

 

Robert Kennedy no llegó a presidente y quizás por esa razón, porque no nos defraudó, pasó a la historia como una figura esperanzadora.

Todos creen que Bob fue nombrado Fiscal General de los Estados Unidos a los 35 años por ser el hermano del presidente. A Robert lo nombraron porque ayudó a consagrar a John como presidente (fue jefe de la campaña) y porque los dos estaban convencidos que había otro gobierno dentro del país: las organizaciones delictivas. Era menester destruirlas para asegurar el futuro de la nación.

De una forma u otra, los Kennedy debieron recurrir a la ayuda de organizaciones mafiosas para llegar al poder y desde allí asistir a su exterminio. Su padre, Joe Kennedy, había entrado en tratos con la Mafia cuando inició la importación de bebidas alcohólicas, terminada la Prohibición, y hasta se sabe que el Embajador (le decían así por haberse desempeñado como tal ante la Reina de Inglaterra) le había pedido ayuda a Sam “Joe” Giancana, un célebre gánster, para lograr la elección de su hijo John.

Robert, después de graduarse de abogado en la Universidad de Virginia y servir en la Armada (curiosamente en una nave que llevaba el nombre de su hermano mayor, muerto en servicio como piloto durante la Segunda Guerra Mundial), trabajó por siete meses en la fiscalía bajo la supervisión del senador Joseph Raymond McCarthy. Prontamente Bob se confrontó con el Senador ultracoservador, aunque mantuvo una relación cordial hasta la muerte de McCarthy (los Kennedy se estaban volviendo sinónimo de liberalidad). Allí inició su lucha contra las organizaciones comunistas y la corrupción en los sindicatos. Su enfrentamiento con Jimmy Hoffa, el jefe del Sindicato de Camioneros, viene de la década del ’50.

John necesitaba ese tipo de conocimientos y la actitud resuelta de su hermano para derrotar al crimen organizado o los sindicatos corruptos y reorganizar el país. Robert, a pesar de ese aspecto juvenil, era un luchador duro, implacable e incansable (su padre decía, “John hace lo imposible… Robert va un poco más allá”).

En 1957 recibió el premio como investigador del año por sus trabajos sobre el crimen organizado.

Mucha gente se queja del nepotismo, pero no todos comprenden la soledad del poder y la invalorable lealtad de un hermano que contaba con la experiencia para encarar una lucha despiadada.

Entre 1961 y 1962, el Congreso aprobó 7 leyes contra el crimen organizado, promovidas por la Fiscalía. Para 1963 el juego clandestino y la trata de personas estaban llegando a su fin por la persecución del gobierno. En pocos meses se ordenó la captura de 170 individuos sospechosos de pertenecer a asociaciones criminales.

En 1962, Joseph Valachi fue el primer nombre de la Cosa Nostra en revelar las actividades de dicha organización. Su declaración, emitida por televisión, anonadó a la nación. Entonces muchos entendieron la cruzada de los Kennedy.

Robert viajó a cada Estado e impulsó a los miembros de la GSA (General Service Adminstration) a colaborar y aplicar las nuevas leyes, especialmente aquellas que favorecían la integración racial, como el ingreso a universidades o poder viajar en el mismo transporte público. Hoy es inimaginable esta diferencia; entonces significó revueltas y muertes.

La fiscalía también utilizó los datos del IRS (la AFIP norteamericana) como lo había propuesto Mabel Walker Willebrandt en los años ’30, para condenar a mafiosos como Al Capone.

La discrepancia entre sus declaraciones juradas y la rumbosa forma de vida de los gansters fue el ariete usado por la administración Kennedy, a fin de condenar a mafiosos y sindicalistas que hacían uso de los fondos de las “Unions” en provecho propio. Los sindicalistas ostentaban con una hipocresía rayana con el cinismo sus fortunas robadas de los fondos de sus afiliados.

Después del asesinato de John (su muerte siempre fue vinculado con el crimen organizado) Robert siguió como fiscal, pero el progresivo alejamiento a las políticas de Johnson y su voluntad de terminar con la Guerra de Vietnam, empujaron a Bobby a ser candidato a la presidencia por el Partido Demócrata.

La victoria en las primarias de California lo convirtieron en el virtual candidato, hasta que las balas de Sirhan Bishara Sirhan pusieron fin a la carrera de Kennedy y a la esperanza de millones de personas en su país que habían cifrado sus expectativas en este joven de 42 años. Su muerte alimentó la leyenda y dejó abierta la pregunta sin respuesta ¿qué hubiese sido de los Estados Unidos de haber llegado Robert a la presidencia?

No podemos estar seguros. Es difícil hacer historia contrafáctica, pero creemos (en realidad nos gusta creer), que otra hubiese sido la suerte de los Estados Unidos y del mundo (vale recordar que cuando visitó Sudáfrica bregó por el cese del apartheid).

El ejemplo de los Kennedy puede aplicarse a nuestro país, miembros de una familia poderosa conocedora de las trampas del sistema, se percatan que es imposible que el país sea viable con sistemas corporativos que incurren en la ilegalidad ante una justicia dubitativa y corruptible.

Los Kennedy se valieron de métodos que no siempre eran “legales”, aunque fueran legítimos para sus fines (un concepto maquiavélico que, a veces, es la única opción para luchar contra enemigos sin escrúpulos dispuestos a todo para salvar su cuello).

Hasta ahora, en nuestro país se ha apelado a la corrección política para enfrentar a ladrones organizados que se escudan en la pobreza (que ellos asistieron a crear). Es clara la posición del peronismo y la izquierda: “Cuanto peor, mejor”. Saben muy bien que si a este gobierno le va bien, ellos se quedan sin pan ni torta. Fue cristalino el Senador Alperovich al decir “Nadie quiere que le vaya bien al Presidente”. ¿Un lapsus? ¿Un error? ¿La voz del inconsciente colectivo peronista? El Dr. Freud se hubiese hecho una panzada…

Todos sabemos que en este país cuatro locos vehementes pueden desestabilizar un gobierno. Ya ha ocurrido varias veces en el pasado. ¿Cuántas veces lo vamos a repetir? ¿Volverán los peronistas a aprovechar lo que este gobierno haya podido arreglar del entuerto que dejaron? A la oposición le falta grandeza. Olieron sangre y saltaron a la yugular. Ahora veremos si los gobernadores se hacen los valientes…

Los Kennedy trataron y, hasta cierto punto, lograron cambiar la infraestructura perversa de un gran país. Pagaron con su vida tal osadía.

¿Existe entre nuestra dirigencia esa voluntad? La actual dirigencia está sacrificando muchas cosas para que el país salga adelante. Han tenido y tendrán problemas, más con esta oposición, que hasta duda en quitarle los fueros a Cristina. Una vergüenza total.

El ejemplo de John y Robert sigue presente.

Habrá que tener el coraje para seguirlo.

Omar López Mato  
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad
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