Carlos Mira

Carlos Mira

La detención del señor Omar Suarez, “el Caballo”, es un hecho que supera los estrechos límites de una causa judicial para convertirse en una especie de símbolo de aquello en lo que la Argentina se había convertido: un país dirigido por delincuentes, que ejercían la delincuencia como “profesión” y que “empantallaban” esas actividades con la máscara del servicio público, ya sea por desempeñarse en el Estado o en organizaciones privadas pero de representación colectiva como los sindicatos y las cámaras empresarias.

 

La noria argentina sigue girando alrededor de los mismos temas desde hace meses: la inversión que no termina de alcanzar ese nivel de avalancha que se precisaría; la inflación, que cede más por la caída de la actividad que por la serenidad natural de los precios; el incansable esfuerzo autoritario y estatista por agitar el clima político con cortes, okupas, reclamos imposibles y otras yerbas típicas del activismo desestabilizador se mantiene como si esos personajes siguieran prendiendo una vela al santo de la destitución; el accionar de Justicia Legítima que traba, retrasa, molesta y le niega al gobierno la chance de probar su receta; la especulación destituyente con agotar la paciencia social; la tétrica aparición de “mano de obra desocupada” que produce hechos de inseguridad cada vez más alarmantes y que tienen a la gente atemorizada, preocupada y triste; en fin, se trata de una serie de elementos que se retroalimentan unos a otros, que generan una atmósfera negativa y que se confabulan para que la esperanza que mucha gente tuvo sobre fin de año se reduzca y se cambie por actitudes hostiles, destempladas que no hacen otra cosa más que servir de combustible al círculo vicioso del principio.

 

Existe una corriente de pensamiento que cree que lo que votó la sociedad el 22 de Noviembre es un proyecto de “despresidencialización” de la política, entendiendo por eso una nueva forma de relacionamiento entre la gente y el presidente según el cual éste será más prescindente de la vida cotidiana de las personas y éstas cobrarán más relevancia en el destino de sus propias vidas.

La salida de Prat Gay del Ministerio de Hacienda responde al mismo tipo de inconvenientes que motivaron el alejamiento de Isela Costantini de Aerolíneas: el presidente se da cuenta que hay ciertos aspectos del programa gradual del gobierno que no producen frutos a la velocidad que él los necesita.

 

No hay dudas de que el plan para derrocar a Macri sigue su curso. No lo digo yo: lo dijeron los protagonistas de la conspiración que prometieron trabajar noche y día para hacer que a este gobierno le vaya mal y para destituirlo.

 

Obviamente producir un comentario crítico para el gobierno, para el presidente y para algunos ministros en el momento actual es una de las tareas más fáciles que un periodista tiene a mano: torpezas con la liquidación del aumento jubilatorio que corresponde por ley, manejos desafortunados en el tema del Correo Argentino, el desandar del camino del DNU en materia de reformas al sistema de ART (que finalmente tomará la forma de ley con la aprobación en Diputados), la marcha atrás con los feriados “puente”, en fin, una serie de tropiezos –la mayoría de ellos gratuitos y evitables- que han generado un clima raro, que no llega a ser de rechazo (porque el gobierno tiene la suficiente dignidad, plasticidad y modestia de retractarse, cosa que durante el kirchnerismo eso era algo así como un sacrilegio) pero que sí trae dudas sobre la eficiencia y la pericia necesarias para gobernar.

 

La inefable tilinguería argentina ha comenzado su etapa superior de idiotez. Graciosamente, jugando con las palabras y, en muchos casos, apelando a una pose “cool” irónica y “superada” juega con fuego todos los días sin darse cuenta, aparentemente, que su estupidez pone en peligro el futuro mismo de la Argentina.

 

La vicepresidente con su decisión de echar de su puesto en el Senado a Álvaro Zicarelli por sus dichos contra la entonces presidente Cristina Fernández en 2012, resumió lo que el gobierno de Cambiemos lleva dentro de sí como un sello: la culpa.

 

El presidente Macri debe entender que lo único que no tiene es tiempo, de modo que sería interesante que empezara a tener algunos gestos que denoten ser más expeditivo y enérgico en sus decisiones, en el encare de los temas y hasta en su lenguaje corporal.

 

La denuncia del fiscal Alberto Nisman, que mandaba iniciar una investigación para ver si era correcta su tesis de que la ex presidente Fernández y el ex canciller Timerman lideraron una banda integrada a su vez por otras personas adherentes al gobierno K para encubrir a los asesinos de la AMIA, debe ser reabierta.

 

La Sra. Cristina Elisabet Fernández dijo que dolarizó sus activos porque no sabe lo que el gobierno va a hacer con la economía. ¿Perdón?, ¿qué dolarizó sus ahorros en defensa propia porque no sabe lo que un gobierno va a hacer con la economía...?

El fútbol está dando un espectáculo que en gran medida reproduce en chiquito lo que ha ocurrido en la Argentina en general.

 

Por favor, dejemos de repetir como loros que Leandro y Luciana Báez podrían acogerse a los beneficios de declarar como arrepentidos porque eso es un disparate.

En una escena que pareciera salida de una película de suspenso, José López, el hombre más poderoso en la estructura del ministerio de planificación que dirigía Julio de Vido fue detenido en un monasterio abandonado de Gral. Rodríguez mientras intentaba cavar una fosa para ocultar varios bolsos y una valija que contenían millones de dólares, euros, relojes suntuosos y armas de guerra.

Gran parte de las apariciones públicas de los principales funcionarios del gobierno -es especial del presidente, de Marcos Peña y del ministro del interior Rogelio Frigerio- siguen basándose en una carga positiva (es muy evidente en Frigerio, desde el tono y la fuerza que le pone a sus palabras, hasta la convicción que trasmite… Es realmente encomiable) crucial acerca de que estamos en el buen camino y que todo va a mejorar en el segundo semestre y que, a partir de allí, la Argentina –ellos no tienen ninguna duda al respecto- se encaminara a un ciclo positivo de crecimiento, inversiones y mejoramiento de los niveles de vida de todos.

Hace un par de días escribíamos aquí mismo una nota con un título enmarcado entre signos de interrogación: “¿El Papa mala persona?”. Y allí planteábamos a modo de aguijón solo la mera posibilidad de considerar a Jorge Bergoglio mala persona a raíz de las múltiples actitudes que ha tenido institucional y personalmente para con el presidente Macri.

El sincericida Fernando “Chino” Navarro admitió que la apuesta de ellos es “al conflicto en la calle”; a que todos los días bombos y más bombos (no explicó si el plan contempla reemplazar en algún momento los bombos por las bombas) le hagan la vida imposible al gobierno de Cambiemos. Es lo que saben, es a lo que se dedican, lo único que han hecho toda la vida: quilombo. De aportar una idea de buena fe, limpia y de trabajar, ni hablemos.

La Sra. de Carlotto dijo que están preocupados por la violación de “otros derechos humanos en la Argentina”.

 

No hay dudas de que el peronismo ha ingresado en su típica etapa de “animus jodendi”, es decir esa instancia en donde pone en marcha toda su capacidad de joder a la gente con el objetivo de esmerilar la paciencia de todos para que ese estado de ánimo impacte en la percepción general frente al gobierno y en la opinión que todos se van formando de él.

 

En la Argentina, si los sindicatos hubieran existido en la época en que Thomas Alba Edison inventó la lamparilla incandescente, la luz eléctrica jamás hubiera llegado al país, porque esos eternos defensores del status quo hubieran salido a defender los puestos de trabajo en las fábricas de velas.

 

El discurso del presidente Macri para inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso marcó varias pautas más allá de la letra pura y simple del mensaje. No solo para el gobierno que preside, sino para la oposición.

 

Sergio Massa podría tener una oportunidad histórica en la Argentina: no caer en la demagogia para hacer oposición política. Pero parece que no está dispuesto a tomar a tomar ese guante que la vida le ofreció.

 

Finalmente la audiencia pública por los aumentos en la tarifa de gas terminó sin pena ni gloria. Las últimas intervenciones del domingo no tuvieron público; no había nadie.

 

La Argentina tiene cosas que francamente no se entienden. Por supuesto, son muchos los casos en que uno cae en esa conclusión.

 

Luego de la violenta ocupación de la autopista BA-La Plata del miércoles pasado, en donde un grupo de delincuentes bajo el disfraz de “dirigentes sociales” atacó a automovilistas inocentes, rompiendo sus vehículos, robándolos y poniéndolos en una evidente situación de amedrentamiento y peligro, el llamado partido “Miles”, otra agrupación delictiva que se esconde detrás de la política y que integran Luis D’Elía, Fernando Esteche, Amado Boudou y Gabriel Mariotto entre otros, emitió, como si fueran una unidad militar (que en realidad es lo que son), el “comunicado” 156 en donde incitan a “alentar todo tipo de protestas contra el Gobierno”, en todo el país.

 

Finalmente Mauricio Macri recibió a Marcelo Tinelli en Olivos. Se trata de un  nuevo capítulo en la larga historia argentina que relaciona al poder y los medios. Y a los medios que tienen poder o que creen tenerlo.

 

Como si fuera algo así como la llegada de un Apolo 11 argentino a la luna, el país festeja con la boca abierta la apertura de las compras por correo puerta a puerta, algo que en el mundo civilizado es moneda corriente hasta para los chicos.

 

Macri recibió a los gobernadores y también a los sindicalistas. A éstos los esperó con un regalo tremendo: $ 29000 millones adeudados en obligaciones para las obras sociales que el kirchnerismo les retuvo como una de sus formas preferidas de adoctrinamiento y subordinación.

 

Elisa Carrió lleva un sello que la distingue: siempre se ha vuelto sobre los antiguos aliados con los que elaboró y construyó un proyecto político.

Todos los días aparecen consecuencias del triunfo que logró, en la interna del gobierno, la línea “amor y paz”. En efecto, ni bien Macri asumió la presidencia, se detectaron dos corrientes bien diferenciadas dentro de la administración. Una entendía que el nuevo gobierno debía revelar el verdadero estado en que había encontrado el país, con lujo de detalles, sin escatimar, incluso, nimiedades cotidianas.

No hay dudas que el gobierno está metido en el medio de la explosión de la bomba de tiempo kirchnerista. Como si fueran “carros-bomba” de Pablo Escobar, los múltiples artefactos de acción retardada dejados por Fernández, Kicillof, De Vido & Cía. están produciendo sus efectos ahora.

Durante doce años el kirchnerismo repiqueteó sobre la idea del “cambio cultural”, dando a entender que ellos venían a fundar una Nueva Argentina, como alguna vez el socialismo le había planteado al mundo la formación de un “hombre nuevo” en base a valores de solidaridad, colectivismo, comunismo (en el sentido de reemplazar al hombre individual del centro de la escena y poner allí a la “comuna”), etcétera, etcétera.

 

El terrorista Fernando Esteche acaba de decir que “el Gobierno va hacia una crisis segura que ayudaremos a desatar”. Como se ve, el fascista que solía andar enmascarado, habló en plural, involucrando -de ese modo- a todos los que lo acompañaban en el escenario del acto: Gabriel Mariotto; el ex vicepresidente Amado Boudou ; los ex dirigentes peronistas Fernando Vaca Narvaja,  Osvaldo Papaleo, y la hija de éste último, la actriz Carolina Papaleo.

 

Una nueva aparición del inefable Guillermo Moreno vuelve a poner a la Justicia en la primera plana.

El ultrakirchnerismo está decidido a todo. Jugado por jugado, descubierto de mil maneras como el responsable del robo más extraordinario que un conjunto de delincuentes vestidos de gobernantes le hicieron al país de modo sistemático durante doce años, ha resuelto quemar las naves para intentar hacer tambalear al presidente.

¿Qué le pasa al Papa? Es increíble que cada quince días haya un episodio que ponga en tensión la relación del Vaticano con el gobierno del presidente Macri.

La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de la lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella.

 “No existe otro ser en el mundo al que le guste mas la plata en efectivo que a un hombre de izquierda.” - Pablo Emilio Escobar Gaviria

El presidente Macri se prepara para producir un hecho impactante en la política exterior de la Argentina: presentarse como miembro adherente de la Alianza del Pacífico que integran Chile, Colombia, Perú y México.

Listo, ya está: el problema del empleo se solucionó. Al final la cosa no era tan complicada. Solo había que tomar un pedazo de papel, escribir que no iba a haber más despidos, darle al papel la entidad de ley, y “sanseacabó”, como diría El Principito. Problema solucionado.

El gobierno ha decidido bajar los aranceles a la importación de computadoras para beneficiar a los consumidores y, particularmente, estimular el uso de herramientas que tengan que ver con la innovación y la creatividad.

 

La palabra “crujir” es una de las más onomatopéyicas del idioma castellano. En efecto esa primera sílaba “cru” parece imitar el ruido que emiten materiales que, de algún modo, colapsan.

 

Si la mala suerte existiera en el destino de los países, no caben dudas que la Argentina, es uno de esos lugares que nacieron estrellados, antes que con estrellas.

 

Es curiosa la perspectiva que la Sra. Fernández tiene sobre la comisión de delitos, la responsabilidad que pueda caber sobre ellos y las argumentaciones que puedan darse para explicar, justamente, que allí donde se pensaba que había una violación a la ley, en realidad no había nada.

 

No es necesario ser demasiado analítico para demostrar que, a casi un año de iniciar su gobierno, el presidente debe estar disconforme con los resultados alcanzados.

 

El gobierno está intentando salir de un pantano aplicando el mismo tipo de medidas que hicieron que termináramos en un pantano. Se trata de la perfecta definición de esquizofrenia: pretender obtener resultados diferentes haciendo lo mismo.

 

¿Cuál es la Argentina del presidente Macri? ¿La que pretende poner en ejecución el más ambicioso plan de infraestructura de la historia o la que le da media sanción a una ley de alquileres modelo 1940?

 

Milagro Sala debe terminar con el resentimiento y con la victimización. Debe hacerse cargo de su naturaleza violenta, lesiva de los derechos humanos y explotadora de los pobres; debe asumir que le robó al Estado para enriquecerse personalmente y para florear un poder violento, arbitrario y sedicioso que desafió el orden institucional de la provincia y que formó un ejército irregular de apretadores, estafadores y secuestradores que sembró el terror en Jujuy a la sombra de un poder central que la apañaba.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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