Pablo Sirvén

Pablo Sirvén

Un importante banquero ya lo había puesto sobre aviso al mismísimo presidente Mauricio Macri: "Desde abril, no entra un solo dólar de inversión en América Latina".

 

El espaldarazo multitudinario al Gobierno frente al Congreso, el "flan Casero" como nuevo estandarte oficialista y las últimas escenas de derrumbe explícito de Cristina Kirchner plantearían un mundo ideal para Mauricio Macri si no tuviesen que convivir al mismo tiempo con nuevos brincos del dólar y la depresión económica, hoy por hoy lo que más preocupa.

 

Como esos dos octogenarios soldados del ejército imperial japonés encontrados en 2005 en medio de la selva filipina, que ignoraban que la Segunda Guerra Mundial había terminado exactamente 60 años antes, el locutor Víctor Hugo Morales brindó una entrevista al matutino Página 12 con respuestas que hace ocho años, en pleno apogeo kirchnerista, hubiesen parecido políticamente más que correctas, pero que en estos días suenan bastante desfasadas.

 

Varios episodios trascendentales, que tuvieron lugar la semana pasada, difícilmente se habrían producido si hubiese ganado las elecciones Daniel Scioli, en lugar de Mauricio Macri.

 

Alemania, Italia y España pudieron exorcizar sus horripilantes fantasmas militares del pasado, inigualablemente mortíferos, sin que sus actuales Fuerzas Armadas tengan que cargar esos pavorosos crímenes en sus espaldas para siempre.

 

De "lo peor ya pasó" -argumento presidencial predilecto hasta hace unos pocos meses- y el clásico "nopasanadismo" de Marcos Peña -algo atemperado últimamente-, se pasó ahora a hablar de "tormenta" y de los "meses duros" que vienen por delante, al menos hasta fin de año.

 

Inevitable déjà vu experimentó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, cuando el martes por la mañana participó de la primera reunión entre Nicolás Dujovne, como primus interpares, y sus colegas de nueve ministerios ligados a diversas áreas económicas.

 

Cuando vuelo y las turbulencias van más allá de lo común, y en el avión todos los pasajeros se quedan repentinamente petrificados y calladitos, miro detenidamente a las azafatas. Si las veo sonrientes y que siguen conversando animadamente entre ellas, sé que no hay nada que temer. Si sucede lo contrario, empiezo a rezar.

 

El pensamiento mágico, uno de los problemas más profundos y persistentes de la Argentina, devuelve al país cíclicamente a sus peores pesadillas.

 

El principal órgano institucional del peronismo es el dedo pulgar del líder del momento. Y si hay "sede vacante" -como se llama a la transición entre un papa muerto y la elección del siguiente, en el Vaticano-, nunca falta un dedazo judicial bien dispuesto a facilitarles las cosas a unos por sobre otros.

 

La foto está tomada desde dentro del Congreso. Se observa al Presidente de espalda saludando con su brazo derecho en alto. Mauricio Macri ha llegado al Parlamento para dar su mensaje anual frente a la Asamblea Legislativa.

 

Resulta inevitable experimentar cierto degradado déj à vu al observar la escena: una fila de caras sufrientes y humildes, que vienen de una estoica espera, ansía el momento mágico en que tomarán sus datos antes de extenderles un rudimentario salvoconducto que les garantizará tan solo un momento de efímera felicidad.

 

Cambiemos cuenta con un botón antipánico incorporado que se acciona solo: se llama Elisa Carrió. Tiene un efecto altamente beneficioso porque empieza a sonar fuerte mucho antes de que los principales integrantes del Gobierno se den cuenta de que hay un peligro que los amenaza.

 

Bastó que Nicolás Massot mencionara la palabra "reconciliación", y que el Ejército retomara, después de muchos años, la costumbre de homenajear a víctimas de la guerrilla setentista, para que se reabriera, otra vez, el debate áspero que nunca termina de cerrarse y mucho menos de cicatrizar.

 

El vocero papal Greg Burke había anticipado que el mensaje que el papa Francisco enviaría desde su avión cuando sobrevolara el cielo argentino rumbo a Chile iba a ser "interesante". Muchos se ilusionaron que allí, por fin, anunciaría la fecha de una probable visita a su país. Pero no, el mensaje fue frío y protocolar.

 

Hace rato que María Eugenia Vidal venía trabajando fuerte en rescatar a Mar del Plata de su largo letargo tristón. Ayer, la gobernadora logró saltar a la tapa de los diarios más importantes del país, pero por el lado más inesperado: la suave Heidi, una vez más, se puso enérgica y fue sensación en una sociedad fatigada por los excesos de los apropiadores de la calle y sedienta de autoridad.

 

Capear diciembre es una de las especialidades de Cambiemos.

 

A un cuando se presente por causas naturales, la muerte suele producirnos intolerables angustias filosóficas a quienes transitamos por la vida.

 

Tal vez este lunes se concrete el verdadero comienzo del gobierno de Mauricio Macri.

 

Son dos movimientos disociados pero, paradójicamente, convergentes: en uno, Cristina Kirchner retoma su verdadera personalidad tras la impostada suavidad que representó durante la campaña para las PASO; en el otro, el Gobierno siembra transformaciones culturales y económicas paulatinas, pero profundas. Son el yin y el yang de la política argentina actual: se repelen, pero al mismo tiempo se necesitan, se complementan y hasta se otorgan mutua razón de ser.

 

A pesar de que la gestión y la campaña no le dejan demasiado tiempo libre, María Eugenia Vidal ha retomado la lectura.

 

Por esas paradojas trágicas de la historia argentina, los enigmas pendientes de Alberto Nisman y de Santiago Maldonado se cruzaron un par de veces en la semana que pasó.

 

Batichica versus Gatúbela. Podría ser el título de una megaproducción de Marvel, pero en los comandos electorales oficialistas del conurbano hay quienes usan esos nombres de historieta como metáfora de las dos grandes contendientes de la votación del 22 de octubre: Cristina Kirchner, la candidata con partido a su medida (Unión Ciudadana) y quien no compite, pero que es la gran locomotora proselitista de Cambiemos en la provincia, la gobernadora María Eugenia Vidal.

 

El dilema de Cristina Kirchner , acostumbrada a hablar hasta por los codos sin mayores riesgos, es cómo lograr hacerlo fuera de su zona de confort, sin pagar costos extras (léase: evitar referirse a los temas más incómodos que le puedan echar en cara, como sus graves problemas pendientes con la Justicia, su relación directa con comprobados hechos de corrupción durante sus gestiones, el repaso de sus medidas de gobierno más controvertidas y la razón de su enemistad manifiesta hacia los medios de comunicación y el periodismo en general).

 

Hay dos cosas que le preocupan al Presidente: su rodilla derecha, todavía en incómoda recuperación, tras las nueve calcificaciones que le encontraron en su última operación hace unos días, y la sucesión, en las últimas semanas, de graves episodios de violencia, aparentemente inconexos, pero que suman para el mismo lado: provocar situaciones de incertidumbre y malestar.

 

Como cualquier marido considerado avisó a tiempo a su mujer que no volvería a almorzar, justo en el momento en que ella pensaba en lo que comerían. Mauricio Macri le dijo por teléfono a Juliana Awada, desde Cañuelas, que se quedaba en la parrilla de Beto (así, sin apellido, como presenta el oficialismo a la gente común que visitan).

 

La fascinación de los medios de comunicación con Cristina Kirchner es inversamente proporcional a la simpatía que le tienen. Como en los EE.UU., que aborrecían y se burlaban de Donald Trump, cuando era candidato, pero no podían parar de cubrirlo y de regalarle espacio en cantidad en la prensa gráfica y en el prime time televisivo hasta contribuir en hacerlo presidente, la ex mandataria crece como la gran estrella mediática de estas horas.

 

Primero vienen las palabras cargadas, luego la representación teatral de la desestabilización. Sucedió en marzo, con la ocupación constante de la calle mediante protestas y piquetes en continuado, que terminó siendo contraproducente para una ciudadanía cada vez más agobiada y coartada en sus movimientos.

 

La gobernadora bonaerense confirmó que se involucrará en el inminente armado electoral, durante una jornada organizada por ADEPA, en Bahía Blanca. Al cierre de esta edición, la mandataria provincial cenaba por TV con Mirtha Legrand.

 

Carolina Stanley, la ministra de Desarrollo Social, domina desde su despacho, en el piso 14 del viejo edificio de Obras Públicas, una imponente panorámica de la avenida 9 de Julio hacia el Obelisco.

 

No son trolls o ilustres desconocidos que con tal de sumar seguidores escriben provocaciones de manera compulsiva. Los casos a los que aludirá esta columna son bastante más que eso y no las rubrican NN o adolescentes ofuscados sino adultos con trayectoria y libros publicados que, incluso, han desempeñado cargos públicos.

 

Hay que desenamorarse de la calle lo más urgente posible.

 

En la tarde noche del sábado quedó claro una cosa: buena parte de la ciudadanía no está dispuesta a que se rife la actual democracia a manos de manifestaciones y piquetes continuos que bajo la excusa de protestar por razones puntuales, en realidad buscan -lo explicitan con todas las letras en sus consignas- desestabilizar al gobierno actual hasta derrocarlo, si fuera posible.

 

Hernán Lombardi suele repetir como humorada que tanto él como el presidente Mauricio Macri son del "PC", pero no del Partido Comunista, sino del "Partido de lo Concreto".

Aunque a Marcelo Longobardi y a muchos otros les haya molestado el feriado extra de anteayer, el fin de semana largo que atravesamos podría funcionar como un rayo de sol patriótico que atempere los efectos de los negros nubarrones que se avecinan por las tensiones en torno de las tarifas. Si estas horas de intenso fervor nacional logran impregnar al Presidente, fortaleciendo su imagen, tal vez lo ayuden por un tiempo a capear mejor esos y otros temporales que puedan sobrevenir.

Así como Raúl Alfonsín le tocó ser el presidente de la transición entre la tenebrosa noche de la dictadura y la luminosa democracia renacida en 1983, es posible que la historia le tenga reservado a Mauricio Macri otra árida transición: la de intentar que la Argentina se termine pareciendo a los países desarrollados, con reglas claras para producir, pero, al mismo tiempo, con equidad social.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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