Martes, 24 Marzo 2020 00:00

La crisis sacude producciones y ventas ya muy golpeadas - Por Alcadio Oña

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Va de los autos a los electrodomésticos y a las motos; del consumo de leche y carne al cemento y a las escrituras. La lista marca caídas históricas.

 

Son cifras oficiales y privadas, muchas previas a la embestida del coronavirus y todas previas a la cuarentena. Muestran en qué estado se encontraba la economía argentina, antes y bastante antes de que le pegaran de lleno los coletazos del vendaval exterior. Se encontraba a la deriva, en unos cuantos sentidos desguarnecida.

El de la venta de automóviles es un caso extremo: en 2019 fueron las más bajas desde 2009 y, encima, el 70% viene de afuera, casi todo de Brasil. Cosas del acuerdo entre las terminales que operan a un lado y al otro de la frontera, a la manera que mejor conviene al negocio de las multinacionales. Ese intercambio tan desigual se paga hace años en divisas.

Pero si la idea pasa por expresar cómo andan los bolsillos de la gente digamos común, ahí tenemos a la leche. La producción del año pasado quedó un 22% por debajo de 2015 y las ventas, un 16%. Demasiado, tratándose de un producto esencial.

Otro ejemplo del mismo tipo aparece en la carne vacuna. El consumo de 2019 resultó el menor desde 2009 y la buena noticia es que creció fuerte la exportación, si no fuese porque creció a expensas de la caída del consumo interno. Clarito: afuera pueden o podían pagar lo que aquí cuesta pagar.

Parecido al caso de las motocicletas, hasta hace bien poco una estrella reluciente dentro de las capas medias o medio bajas, frente a los inalcanzables automóviles. El año pasado, la producción cantó desplome del 60% contra 2018 y los patentamientos de febrero bajaron 23,8% respecto de enero. Nuevamente precios o una apuesta, por cierto, fallida, a que la bonanza había llegado para quedarse.

Es una lista en la que prácticamente no falta nada y una agenda de problemas que va de un sector al otro, sin que ya valga escudarse en herencias. Es que la cadena termina por comprometer empleos, ingresos y salarios bastante comprometidos antes de ahora.

El Gobierno conoce la magnitud de la crisis económico-social o va conociéndola al modo que puede, o a medida que salen a luz dificultades ocultas o más o menos ocultas, como ocurre con la respuesta que ensaya para el ejército de cuentapropistas, de monotributistas chicos y trabajadores que están fuera del circuito formal y no pueden aguardar al fin de la cuarentena. Dependen de actividades apretadas por una economía en negro que representa alrededor del 40% de toda la economía.

Hay un equipo de funcionarios que se alternan según las circunstancias y mide el día a día. Se reúnen con Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, quien le reporta cada cosa directamente a Alberto Fernández.

Ahora, una estadística del INDEC que también revela el estado de los sectores industriales. Habla de la capacidad de producción ociosa, sin utilizar en enero, o sea antes de que el cuadro se agudizara.

Cuenta que, en las profundidades, la del sector automotriz llega al 70%; al 56% en textiles y al 43% para alimentos y bebidas, esto es, consumos la mayor parte insustituibles. Sólo se salvan del cimbronazo la refinación de petróleo, con un 20% ocioso y los químicos, con el 26%. El promedio total, ponderado por el peso de cada actividad, señala que las fábricas apenas emplean el 40% de su capacidad de producción.

Juntos, la industria, el comercio mayorista y minorista y la construcción significan hoy el 33% del empleo formal, sin incluir a los ocupados por el sector público. Todo para abajo: en tiempos no muy lejanos la suma de los tres bordeaba el 45%.

De vuelta a las cifras del comienzo, tenemos que entre 2017 a 2019 las escrituras en la Ciudad Buenos Aires se derrumbaron un 47%. Es un efecto directo de la penumbra en la que quedó sumergida la construcción y otro, de este febrero, la caída del 25% en los despachos de cemento. Y como tanto número ya abruma, finalmente algunos sobre la muy representativa producción de electrodomésticos: el año pasado, comparadas con 2018, se anotaron bajas que van desde el 33% al 36% para lavarropas, cocinas y heladeras.

Por donde se mire, sacudones derivados de la pérdida de ingresos de la población. Y empobrecimiento en toda la línea.

Los datos grandes de la economía cantan 8 trimestres consecutivos en recesión; 10 años de estancamiento o, peor, de retroceso; una inflación siempre hacia arriba y últimamente instalada cómodamente en las nubes; más un dólar indomable; más inversiones paralizadas y un etcétera todo lo extenso que cada cual quiera.

Un conteo simple dirá que ahí tenemos varios gobiernos, y uno amplio hablará de desajustes que de tanto acumularse han adquirido formas estructurales, difíciles de superar. Faltaría agregar a la historia que los costos de las crisis tienen esa antigua costumbre de no repartirse parejo.

Los mercados del mundo seguirán desparramando malas noticias durante un tiempo impredecible, pegándole a la salida de la deuda, al acceso al crédito y al valor de las compañías argentinas. Dice el sentido común: será imprescindible armarse acá con todos los medios al alcance y tomándose en serio lo que es verdaderamente serio, porque según los especialistas el coronavirus todavía no ha entrado en la fase más crítica. Habrá que hacer lo que se pueda hacer y más.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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