Jueves, 26 Marzo 2020 00:00

¿La salud o la economía?: Las dos cosas, obvio - Por Guillermo Kohan

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Ante la situación de emergencia que vive el mundo y la Argentina en particular, conviene primero abordar cuestiones prácticas para evitar que se agrave la crisis y evitar perder tiempo en debates filosóficos, en todo caso dejarlos para el final.

 

Hizo muy bien el Gobierno en destrabar el depósito y la compensación de cheques. Pero no alcanza. Hay que asegurar que esos cheques no vengan rechazados por falta de fondos. Una forma sencilla es generalizar o aumentar las autorizaciones para girar en descubierto. Desde la AFIP, en preocupante silencio hasta ahora, disponer más cuotas para pagar impuestos que vencen en los próximos 90 días. Asegurar los sueldos y la mínima cadena de pagos del sector privado es vital para cuidar la salud. Para que no quiebren o se ahoguen sectores críticos que deben seguir abriendo todos los días. Es obvio que para cuidar la salud en momentos en que la salud ya está jaqueada por una pandemia, es imprescindible que la economía básica de subsistencia siga funcionando, y que se le haga el menor daño posible.

Naturalmente hay que respetar lo que dicen los médicos y privilegiar la vida de la gente. Cumplir todas las cuarentenas que sean necesarias. Pero para que se pueda cuidar la salud de todos y la gente se quede en casa, tiene que haber luz eléctrica e internet. Deben llegar los productos a los supermercados. Los hospitales tienen que estar abiertos con abastecimiento de insumos. Debe funcionar el transporte de personas y de cargas. Y, muy trascendente, debe asegurarse la mayor tranquilidad posible en la población respecto de su situación laboral y económica mientras dure la emergencia. Que será muy dura en Argentina, como lo es en todo el mundo. Pero que no será para toda la vida. Y la enorme mayoría de la gente gracias a Dios se salvará. Todo eso es cuidar la economía, imprescindible para poder cuidar la salud y que la tragedia sea lo menos dura posible. Entre la salud y la economía, hay que elegir y cuidar las dos cosas. No hay una sin la otra.

A la hora de cuidar la salud, el Gobierno se movió con gran inteligencia y se mostró a la altura de las circunstancias. Convocó a los mejores especialistas del sector público y privado, movilizó desde sindicatos a fuerzas armadas, combinó sector público con privado, escuchó a los que saben y actuó en consecuencia. Hay un mayoritario apoyo de todo el mundo de la salud, médicos y administradores, respecto del manejo del Gobierno. Recordando el brillante ejemplo del inigualable Juan Carlos De Pablo para evaluar políticas públicas, a la hora de actuar frente a la crisis sanitaria el Gobierno "salió a la calle y le preguntó a los taxistas dónde es el mejor lugar para levantar pasajeros".

Por suerte y merece destaque, no hizo Alberto Fernández en Salud lo que en general hacen los Gobiernos en materia económica, que es querer "enseñarles a los taxistas donde tienen que ir para levantar más pasajeros". Claro que a la hora de tomar decisiones que afectan el bolsillo, la cuestión es más compleja. Hay pujas de intereses, muchas genuinas, otras no tanto. No existen grietas tan profundas entre los médicos a la hora de evaluar un diagnóstico y un curso de acción. Los médicos son menos disruptivos que los economistas o los dirigentes políticos.

También ocurre que, a los ministros y a los equipos económicos de todos los tiempos, casi sin excepciones, no les gusta que opine la calle sobre lo que hacen. Lo interpretan como una conspiración. Son extremadamente cerrados, y en general soberbios. No suelen salir del encierro de los despachos para hablar con comerciantes o empresarios que tienen que levantar las persianas todos los días y pagar quincenas. Nunca les preguntan a los taxistas dónde es el mejor lugar para levantar pasajeros. Pretenden enseñarles ellos, desde sus despachos. Sin embargo, y aún insuficiente todavía, hay que reconocer que el Gobierno empezó a entender la necesidad de sostener al sector privado que paga sueldos, más allá de las acciones urgentes que adoptó correctamente para socorrer a los sectores más golpeados por la pobreza, también parte de jubilados, monotributistas y beneficiarios de los planes asistenciales.

Las decisiones que adoptó el Banco Central para permitir que vuelva el clearing de cheques desde mañana van en ese sentido correcto. Facilitar a las empresas y a las personas el pago y cobro de sueldos en el sector privado. Nada menos.

Era imprescindible que volviera la compensación de cheques y los depósitos en efectivo. Pero lamentablemente no es suficiente. Ahora hay que asegurar que los cheques que se depositen no vengan rebotados en forma importante. Es una práctica comercial muy extendida librar cheques con pago diferido a proveedores o financieras, que se van cubriendo al vencimiento con la facturación y la venta, hoy inexistente para la mayoría.

También las cuentas de todo el mundo, empresas y personas se van vaciando por la cantidad creciente de cuotas impositivas y moratorias que se van debitando, además del pago de impuestos y servicios por débito automático. Algunas empresas, los menos, tienen caja para pagar sueldos y algunos proveedores críticos por los próximos 15 días.

La tarea urgente del Banco Central ahora es evitar que haya un rebote generalizado de cheques. Porque aquel que no cobra porque los cheques de sus clientes vienen rebotados, tampoco puede prestar servicios esenciales.

Es cierto que el Banco Central reduce 40% los encajes para que los bancos presten a las pymes al 24%. No alcanza. Hay una medida mucho más simple y mucho más práctica. Duplicar por 60 o 90 días la autorización para girar en descubierto. Que los bancos puedan asistir a sus clientes y les cubran los cheques. Para eso, obvio, se necesitan redescuentos y emisión por parte del BCRA. Desde luego que no será para toda la vida, pero sí para tranquilizar a la gente y permitir que la cuarentena se cumpla lo más ordenado posible.

Otro problema es el efectivo. Muchos sectores cubren el banco depositando efectivo. Transporte, supermercados y almacenes, combustibles, kioscos. No quedó claro en la comunicación A6944 del Banco Central cómo hacen en la práctica los bancos para recibir el efectivo si las entidades no están abiertas. Se puede asistir a los cajeros, pero para depositar cheques y efectivo en poco volumen.

Una estación de servicio del Norte argentino tenía anoche 40 millones de pesos en billetes de baja denominación acumulado desde el jueves, y reclamaba con razón que el banco le recibiera hoy esa suma. Tarda entre 2 y 3 horas para contarse. Pero si a esa empresa, que tiene la plata en la mano, no la dejan cubrir el banco, los cheques que emitió vendrán todos de vuelta.

El otro capítulo preocupantemente ausente es la cuestión impositiva. No tan urgente como la compensación de cheques esta semana, pero decisivo también en las próximas semanas para que en el sector privado, empresas y personas, puedan al menos seguir pagando los sueldos durante los meses que dure la crisis.

No se trata de ningún jubileo, porque también para cuidar la salud es obvio que el Estado tiene que recaudar. Y cuanta menos emisión y menos déficit, mejor para el futuro. Pero perfectamente la AFIP durante 90 o 180 días que dura la emergencia, podría dar tres cuotas para los vencimientos cada mes del anticipo de impuesto a las ganancias. Podría ampliar la moratoria vigente, también para impuestos vencidos hasta el 31 de marzo. Podría permitir que todos los contribuyentes, de manera excepcional y como lo están haciendo todos los países afectados, puedan acceder a tres o seis planes de pago por mes, y no solo los más cumplidores.

Es verdad que la AFIP no tiene facultades para eliminar o cambiar impuestos. Eso le cabe al Congreso. Pero sí puede, y ahora más que nunca, contribuir a que no quiebre el sector privado.


Guillermo Kohan

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