Miércoles, 01 Abril 2020 00:00

Salud vs. economía, un delicado equilibrio - Por Fausto Spotorno

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No es ningún misterio que la economía argentina y mundial está sufriendo un impacto enorme de las restricciones provocadas por el Coronavirus. Naturalmente cuanto más largas sean las restricciones, mayor será el costo en términos de sueldos, empleos, ahorros y actividad económica.

 

Por otra parte, también es cierto que los especialistas médicos afirman que cuánto más éxito se logre en el combate inicial a esta enfermedad, más probabilidades hay de que se lo pueda combatir con éxito. Sin embargo, a medida que se estiran los tiempos del aislamiento el costo económico es cada vez mayor y resulta un costo que se terminará pagando con inflación, con empleos o una combinación de ambas cosas.

Sin embargo, también es cierto de que en el otro lado de la balanza hay vidas. El confinamiento puede ser una medida eficaz para reducir la dispersión del virus, pero es muy costosa desde el punto de vista económico y si se planea bien la salida se podrá lograr cierta recuperación, pero para ello hay que evitar que en el proceso la máquina se rompa.

Según nuestras estimaciones, en marzo, la pérdida provocada por el confinamiento ha sido de 1,2% del PIB anual. Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a un poco más de la mitad de la recesión del año pasado. Otros quince días costarán otro tanto, o incluso un poco más, porque el deterioro es cada vez mayor. Hay comercios o empresas que no volverán a abrir y habrá puestos de trabajo que se perderán definitivamente. Tampoco luce probable que el 15 de abril todo vuelva a la normalidad, sino que habrá una salida gradual que también tendrá su impacto en la economía.

A nivel global, el consenso parece ser que la recuperación del PIB mundial tendrá forma de V. Sin embargo, esto no está tan claro en Argentina, todo depende de cuál será el estado del tejido económico después del Coronavirus y que tan rápido el Estado podrá desactivar las trabas económicas una vez superado este problema. Cuanto mayor sea el daño a la economía más difícil será la recuperación, y además el Estado argentino no cuenta con muchos recursos y debe ser muy efectivo con los poco que cuenta. La emisión monetaria es uno de los pocos que tiene y probablemente será usado más de lo esperado este año. Pero ello tendrá impacto en la inflación.

Este virus llega en un muy mal momento para el sector productivo de la Argentina. La inflación argentina se ha acelerado luego de 15 años consecutivos con inflaciones por encima del 10% anual, lo que ha destruido el ahorro interno. A ello se le suman 8 años de estancamiento, de los cuales, los últimos dos han sido recesivos. Esto ha dejado a muchas empresas al borde del cierre ya antes de que apareciera esta pandemia. De hecho, en el primer bimestre, de acuerdo al IGA-OJF la actividad economía ya había caído 3,3% respecto al año pasado. Para algunos, las restricciones del coronavirus serán el último golpe y no volverán a abrir.

El escenario internacional también juega en contra. Con la recesión global que se avecina, o mejor dicho "que ya llegó" muchas empresas globales cerrarán o se achicarán y ello también puede generar un costo en países emergentes donde estén establecidas. Otras empresas, sin embargo, podrán pelearla un poco más, tratarán de llegar y quizá pueden hacerlo si logran financiamiento y si pueden reducir los costos de algún modo.

El primer problema es que en Argentina el crédito escasea. No hay crédito porque no hay mucho ahorro en el sistema. Hay que recordar que los bancos prestan dinero de otros. Años de inflación, deterioro del valor de la moneda nacional y crisis financieras han empequeñecido el nivel de depósitos, de préstamos y por lo tanto del sistema bancario. El crédito al sector privado en nuestro país es del 14% del PIB mientras en Colombia supera el 40% y en Brasil el 60%.

El financiamiento es necesario por dos razones: para financiar las pérdidas de las empresas y para sostener la cadena de pagos. Las empresas por más grandes que sean no tienen plata escondida en una caja fuerte, en general es de buen empresario tratar de poner tanta plata como sea posible en la producción, a lo sumo tendrán algunos fondos para imprevistos depositados en el banco. Cuando pierden dinero tienen que pedir prestado o usar los depósitos del banco.

Cuando todas las empresas pierden dinero, van a ir todas al banco a buscar plata ya sea su propio depósito o un préstamo. Por ello el Banco Central bajó los encajes, para habilitarle más fondos a los bancos. Pero no necesariamente, esto resuelva todos los problemas. Porque con un sistema financiero pequeño los bancos no llegan tan fácilmente a todas las empresas. Por otra parte, no hay que olvidar que los bancos están cerrados y eso hace que sea muy difícil procesar muchas carpetas. Sobre todo, cuando el cliente es nuevo.

Para un banco es muy difícil prestarle a un nuevo cliente que no conoce y que podría no volver a abrir. Por eso es probable que el exceso de liquidez en parte este probando las bajas de tasas de interés de los plazos fijos. Los cuales pueden llevar a una suba del dólar paralelo.

Se requiere financiamiento para la cadena de pagos. Las empresas y los individuos están continuamente haciendo pagos. Los pagos de unos son los cobros de otro y el dinero para pagarle a alguien surge de lo que se cobró. Cuando se restringen las operaciones y se deja de cobrar, esta cadena se rompe y a la larga no se podrá operar. Por eso se ha disparado en número de cheques rechazados. Alguien que pagó esperando un cobro, se encuentra con que no lo recibió y su cheque es rechazado.

Lo otro que tienen que hacer las empresas para sobrevivir es bajar los costos. Aún si se consiguiera financiamiento, si las pérdidas son demasiado grandes, la deuda será impagable y eso también llevará al cierre de la empresa, por eso es necesario reducir los costos. Parte de esto deberá hacerlo el empresario negociando con los empleados y proveedores una baja de salario, sobre todo si no se está trabajando. Otra parte deberá hacerlo el Estado bajando la carga tributaria, sobre todo cuando no se produce nada y evitar aumentar los costos con controles burocráticos sobre el movimiento de camiones y la mercadería.

En síntesis, se necesita pensar más seriamente la economía como contrapeso del tema salud en estos días. Y si se decide que la economía puede esperar es necesario saber cómo se va a sostener el tejido económico hasta que se pueda poner en marcha todo de nuevo. El confinamiento tendrá costos recesivos, porque no hay forma de compensar la falta de trabajo y de producción. La cuestión es qué tan rápido la superaremos y con qué costo. Entre esto y la salud hay un delicado equilibrio.


Fausto Spotorno

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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