Domingo, 12 Abril 2020 00:00

Bajo una lluvia de pesos - Por Jorge Vasconcelos

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La base monetaria se duplicaría este mes en comparación con abril de 2019. Aunque es una herramienta, tiene altos riesgos.

 

La “maquinita” del Banco Central empezó a funcionar a pleno y es probable que la base monetaria esté superando una variación del 100 por ciento interanual en el transcurso de estos días.

La emisión es el instrumento en medio de la crisis, pero eso no impide que una porción inusitada de pymes anuncie que no podrán pagar los sueldos de abril, con provincias y municipios que anticipan cuotificación de salarios estatales, mientras comienzan a emitir bonos para sus proveedores.

Esta paradoja emerge porque la liquidez no tiene la suficiente capilaridad y porque, bajo la lógica del distanciamiento, los problemas de funcionamiento del lado de la oferta requieren mayor coordinación público-privada, más flexibilidad en el mercado de trabajo y mejor focalización de las políticas públicas, tanto en la salud como en la economía.

Si esas limitaciones no se resuelven en paralelo a la prolongación del aislamiento, entonces pueden aflorar efectos colaterales negativos, como la aceleración de la inflación que, esta vez, sólo servirá para “licuar” pasivos de aquellas firmas que hayan sobrevivido.

En este contexto, el Gobierno haría, en forma inminente, una oferta a los tenedores de bonos bajo ley extranjera. Gran responsabilidad para los funcionarios a cargo, ya que esta economía no tiene espaldas para seguir soportando malas noticias.

En 30 días, hasta fin de marzo, la base monetaria registró una expansión de 576 mil millones de pesos, con una variación entre puntas de 32 por ciento, lo que deja un fuerte arrastre para abril.

El economista Marcelo Romano, de PPI (Portfolio Personal Investment), espera una expansión neta de al menos 300 mil millones de pesos en cada mes, con supuestos conservadores en lo fiscal. Aun así, la variación de la base sería de 61% entre marzo y junio, a un ritmo de 17,5% mensual, cuando la inflación todavía está en 3% mensual.

Es cierto que existe “arena” en los engranajes de transmisión desde la emisión hasta los precios. Hay más pesos que lo habitual en los bolsillos de la gente y la recesión juega también su rol.

Sin embargo, hoy está “en movimiento” menos de la mitad de la economía, por lo que la demanda presiona sólo sobre esos bienes y servicios y sus precios.

Para no abusar de la “maquinita”, se necesitan mecanismos que:

  • a) Limiten la emisión monetaria a lo imprescindible, aun aceptando que estaremos lejos de la “moderación”.
  • b) Logren capilaridad en la distribución del crédito, para lo que urge capitalización estatal a las sociedades de garantía recíproca (SGR).
  • c) Reduzcan los riesgos de una aceleración inflacionaria, lo que se podría intentar con un desdoblamiento del mercado cambiario.
  • d) Incorporen progresivamente nuevos sectores a la normalización de la producción, lo que requiere un combo de medidas en el plano de la salud, de la logística y de la readecuación temporal de instituciones laborales, cuya rigidez es un obstáculo.

Bono y después

Luego de que Córdoba anunció la emisión de un bono para el pago a proveedores, el Gobierno nacional mostró que le teme a la explosión de cuasimonedas. Fue así como, de irrisorios seis mil millones de pesos de apoyo a las provincias previamente anunciados, se pasó a un compromiso de transferencias por 40 mil millones por mes entre abril y junio, mitad préstamos y mitad aportes del Tesoro nacional (ATN).

Este giro, de todos modos, no permite salir de la “frazada corta”. Según estimaciones de Marcelo Capello, del Ieral de Fundación Mediterránea, el desplome de ingresos del consolidado de provincias sería de 130 mil millones de pesos mensuales, comparando febrero con el esperado de abril y computando coparticipación y recursos propios.

Aun con los 40 mil millones, el faltante sería de 90 mil millones de pesos por mes. ¿Qué opciones tienen, entonces, las provincias? Cuotificación de salarios más elevados, bonos a proveedores o la reedición de cuasimonedas. Por la magnitud del faltante, no son excluyentes.

En cualquier caso, se trata de elegir el “mal menor”, pero el cuadrante de mejor relación costo-beneficio es, sin dudas, el que pasa por una mayor cooperación entre Nación y provincias, y que incluya un esquema de ahorro forzoso para los salarios estatales, por encima de cierto umbral.

Igual, los riesgos inflacionarios seguirán latentes, con todo lo que esto implica para los segmentos más desprotegidos.

Aquí aparece la opción de desdoblar el mercado cambiario creando un segmento financiero, en el que el Banco Central podría vender dólares obtenidos en el lado comercial, que apunta a ampliarse por caída de importaciones superior a la de las exportaciones.

Por el cepo, por la contracción de la cuenta turismo y por el recorte en el flujo de intereses por pagar tras la reestructuración, el mercado cambiario apunta a quedar desbalanceado, con exceso de oferta de dólares. Y el Central tendría que comprarlos ¡emitiendo más pesos!

Hay margen para cambios en el rubro “dólar ahorro” (menos impuesto y algo más de cupo) y para canalizar operaciones entre empresas, en un canal financiero semejante al “contado con liquidación”, pero más transparente y de mayor volumen.

Si el Central vendiera una fracción del excedente comercial en el segmento financiero (retirando pesos), las reservas aun seguirían subiendo, el manejo de la liquidez sería más ajustado y habría ganancias cuasifiscales y una mayor recaudación del impuesto al dólar ahorro. Al mismo tiempo, se facilitaría el cálculo económico de las empresas para dividendos e inversiones, aunque estas se limiten por ahora a fusiones y a adquisiciones.

Por supuesto que se requiere, además, un horizonte de salida más tangible a la crisis en lo económico, y el pilar que falta es una reestructuración exitosa de los bonos bajo ley extranjera.

Está en juego sólo el 20 por ciento del total de la deuda, tras el reperfilamiento local, pero en un terreno en el que los acreedores tienen voz y voto. El default tendría muchos costos y ningún beneficio, algo que los funcionarios a cargo deberían tener claro.

Jorge Vasconcelos  
Vicepresidente del Ieral de Fundación Mediterránea
Ilustración de Eric Zampieri

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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