Domingo, 28 Junio 2020 00:00

Trucos K para dibujar la crisis económica - Por Alcadio Oña

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El Gobierno otra vez muestra datos de una manera que busca impedir ver la realidad de lo que está pasando con la economía.

 

Nunca fue tarea sencilla maquillar la realidad de modo que luzca menos oscura o un poco menos oscura de lo que en verdad es, pero siempre habrá quienes lo intenten. Hoy toca el experimento de un especialista en trucos de ese tipo, el kirchnerismo, que en base a un libreto del Ministerio de Desarrollo Productivo pretende instalar la idea de que la economía ya empezó a reactivarse. Propaganda pura y no de buena calidad.

Vale aclarar algunos tantos: el informe es del 15 de junio, se mantiene en la página oficial del Ministerio y, aun cuando el panorama que describe vaya a ser empeorado por la nueva cuarentena, tiene el valor de mostrar cómo se maneja la información en el mundo K. O cómo se la sigue manejando.

Arranca con una afirmación ambigua y falaz: "La industria y el comercio ya se encuentran habilitados en su casi totalidad en gran parte del país", dice. Y sigue con otra de un sesgo parecido: "A principios de junio, 15 provincias tenían más del 80% del empleo privado autorizado para trabajar, seis se encontraban entre el 75 y el 80% y solo 3 por debajo del 70% (CABA, Buenos Aires y Chaco)".

Y si hablar de casi totalidad y de gran parte del país para referirse a las industrias y comercios habilitados suena atractivo, pero no dice nada, dice muchísimo en cambio que en la CABA, Buenos Aires y Chaco alrededor del 70% del empleo privado no hubiese sido autorizado a trabajar. Así se le pretenda rebajar el precio con eso de que se trata de "solo 3" jurisdicciones, puesta en limpio y desprovista de artificios la cuenta da que en ese limbo hay unos 2,7 millones de asalariados o el 41% de los privados totales.

Más de lo mismo significa afirmar que "la industria manufacturera está habilitada para producir en todo el país, salvo en el AMBA". Maquillaje al mango, trampita para desprevenidos, excluir al Área Metropolitana del cuadro implica excluir al 40% de la producción industrial del país. Vista desde el revés, la habilitación que el Gobierno vocea como una gran cosa se reduce al 60% del sector.

Está claro o debiera estar claro que renguea de una pata fuerte cualquier explicación que borre del mapa al AMBA, o que necesite borrar del mapa al AMBA para sostenerse, tal cual ocurre con la nueva trampita. Por si no se sabe, incluida la industria ahí tenemos cerca del 50% del PBI nacional y el 37% de la población del país; tenemos enormes bolsones de pobreza y, encima, tenemos el 95% de los contagiados por el coronavirus. Obvio: la región metropolitana no puede quedar afuera de ningún análisis serio.

Existe un caso medio pariente del anterior en el que la información, también oficial, sí cuadra con la realidad. Pero tiene un par de problemas: justamente, los de parecerse demasiado a la realidad o desnudar demasiado la realidad.

Es un relevamiento que el INDEC hizo en abril, entre más de 1.300 empresas fabriles y con el objetivo de testear el impacto del Covid-19. Advierte allí que "solo un tercio de los locales pudo operar con normalidad" y que el resto, esto es, el 66%, "o no operó o sólo pudo hacerlo parcialmente".

Sin una sola referencia al incómodo sondeo del INDEC, el informe del Ministerio de Desarrollo Productivo insiste por otros medios con la reactivación fabril. Esta vez el pregón apunta a un repunte de la demanda de energía "en la mayoría de los sectores", subrayando que ese es un dato clave para medir el estado en que se encuentra la actividad económica. Veamos qué ocurrió de verdad con el consumo de energía.

Abril de 2020, ya entrada la cuarentena, contra abril de 2019 canta un bajón del 25,7% en la demanda de los grandes usuarios industriales; mayo contra mayo, dice menos 23,4% y la más cercana comparación entre los primeros días de este junio versus los mismos de junio 2019 marca una considerable caída del 28,7%.

Es cierto que al interior del cuadro pueden encontrarse sectores donde la demanda se recuperó desde el subsuelo, pero el saldo final-final es ése: todos rojos de dos dígitos largos. Y lo cuenta Cammesa, la compañía mixta que administra el mercado mayorista de electricidad y orbita en el área del Ministerio de Desarrollo Productivo.

Con el mismo argumento sobre la representatividad económica del consumo de energía, vale agregar a este universo la demanda en industrias chicas y comercios: según los períodos y según Cammesa, retrocedió entre 9 y 12,3%. El punto de referencia es siempre 2019, cuando los números ya resultaban negativos; tenemos, entonces, bajas sobre bajas.

Visto el cuadro completo, cuesta entender qué sentido tiene una campaña basada en cifras que flamean apenas se las sopla un poco, que resultan inútiles al objetivo de levantarle el ánimo a la gente para que tire otra cuarentena y que, al fin, no cambian nada de nada.

Entretanto, la economía real que ya venía mal ahora va para peor o para mucho peor. Algunos datos de este boletín: -- Pese a que apenas llevaba diez días, la primera cuarentena le pegó un saque del 11,5% al PBI de marzo y puso el primer trimestre en menos 5,4%. Los cálculos privados prevén que se hunda entre 16 y 21% durante el segundo trimestre y que el año cierre con un rojo mayor al 9,9% estimado por el FMI. Podría superar, incluso, al 10,9% del muy crítico 2002.

Así, la economía habrá sumado seis caídas desde el pico de 2011 o, si se prefiere, seis en nueve años. Un combo inédito desde el retorno de la democracia.

Otras dos proyecciones de este palo. Después de desplomarse 28,9% el año pasado, la inversión retrocedería cerca del 16% en 2020. El consumo privado, decisivo en resultado del PBI, largó con una baja del 6,6% cuando la cuarentena recién empezaba.

Finalmente, el desempleo. Arrancó 10,4% para atrás y va camino de superar por seis puntos a la marca de 2019: derrumbe del 15% proyectan institutos privados.

Pasados en limpio, los números del cuadro ya dicen recesión profunda, prolongada y ruptura en el tejido productivo; cierres de comercios en masa y pérdida de ingresos con impacto directo sobre el consumo. Dicen inversión bajo cero y perspectivas de avances tecnológicos bajo cero; destrucción de relaciones laborales, pujas por reformas a caballo del desempleo, más lo que cada cual quiera añadir.

Plantados en el medio de un escenario que cruje por todas partes, esperan la renegociación de la deuda con los bonistas y la apertura del crédito externo.

Palabras del ministro de Economía, Martín Guzmán: "Debemos afrontar un problema sobre el que se viene trabajando a la máxima velocidad desde el día uno, a la máxima velocidad que se ha empleado en la historia de estos procesos. Nunca se ha ido tan rápido. Y tenemos el control de la situación".

¿Y cuándo Guzmán lanzó esta andanada de noticias? Hace ya cuatro meses, el 12 de febrero, en un informe ante una comisión bicameral del Congreso.

Parece un chiste, pero no es un chiste. O peor: el ministro de Alberto Fernández también afirmó que "sacarse de encima la carga de una deuda que no se puede pagar es condición absolutamente necesaria para romper una dinámica de recesión que se profundiza".

Conclusión: tendremos un confinamiento reforzado por lo menos hasta el el 17 de julio, una recesión que seguirá profundizándose, más las consecuencias conocidas o más o menos conocidas.

Ahora, palabra del Presidente: "El problema es producto de la pandemia, no de la cuarentena". Otra vez, humo.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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