Lunes, 12 Diciembre 2016 14:32

La cuestión fiscal en un año electoral, ¿será esta vez diferente?

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La incógnita es si el Gobierno logrará sortear el ciclo político tradicional de Argentina o si, por el contrario, cederá ante las presiones.

 

 

Con la promesa de lograr una recuperación de la economía y ante la expectativa creciente de la sociedad por percibir esa mejora, el Gobierno postergó sus ambiciones iniciales de llevar adelante un ajuste fiscal e, incluso, aceleró el gasto con un claro objetivo: morigerar la caída de la actividad y el empleo, aún a costa de un mayor rojo fiscal.

 

En términos concretos, pueden distinguirse dos etapas en la dinámica reciente de las cuentas públicas. En los primeros cinco meses hubo una clara contracción del gasto primario que llevó a los ingresos del Tesoro a crecer por encima de sus erogaciones.

 

Sin embargo, a partir de junio, no sólo los ingresos sufrieron el impacto de la recesión y de algunos recortes impositivos, sino que el gasto aceleró su marcha. Esta tendencia se exacerbó en octubre cuando el gasto primario del Tesoro creció 51,5 por ciento en términos interanuales, con subas puntuales muy fuertes como, por ejemplo, la de los gastos de capital, superiores al 80 por ciento.

 

Además, los ingresos continuaron desacelerándose en el décimo mes del año ya que crecieron 23 por ciento, un guarismo que luce realmente bajo si se lo compara con el crecimiento del gasto o con la tasa de inflación del período (40,8 por ciento interanual).

 

De ahí que el año vaya a cerrar con un déficit primario en torno al 4,8 por ciento del producto interno bruto (PIB), 0,8 por ciento por encima del nivel registrado en 2015.

 

Dada la expectativa por una inminente reactivación de la obra pública, el único componente del gasto que habrá sufrido un recorte significativo y permanente cuando finalice 2016 será el de los subsidios energéticos.

 

Muy lejos ya de la discusión entre shock o gradualismo de principios de año, las vicisitudes de la coyuntura llevaron al Gobierno a patear hacia adelante el problema fiscal.

 

En este contexto, la recuperación del canal del crédito externo jugó un rol clave. La desinflación de la economía a partir del segundo semestre, objetivo último del Banco Central (BCRA), se pudo lograr gracias a la emisión de un abultado volumen de deuda en el exterior para financiar el rojo en las cuentas públicas y a la contracción de la liquidez excedente por parte de la autoridad monetaria.

 

A pesar de que la estrategia resultó exitosa cuando se compara el ritmo de avance de los precios en los últimos meses respecto al del primer semestre, la contracara se ve en la hoja de balance del Central, en el efecto que tuvo sobre otros gastos del sector privado y sobre la paridad real con el dólar. En términos simples, los pasivos del BCRA por emisión de Lebacs se incrementaron 130 por ciento entre diciembre de 2015 y noviembre pasado.

 

Costos

 

La captación de recursos del mercado sólo pudo concretarse a través de una fuerte suba de las tasas de interés reales. Así, no sólo se deben contabilizar los costos de la carga de intereses sobre la deuda de la autoridad monetaria (unos 160.000 millones de pesos sólo en 2016) sino que también es pertinente preguntarse cómo impacta el alza de las tasas en términos de nivel de actividad.

 

Respecto a lo segundo, si bien se dificulta su cuantificación, es posible asegurar que un aumento significativo de la tasa de interés desincentiva tanto decisiones de inversión como de consumo.

 

Frente a este escenario, el año entrante se revela como un test para el Gobierno. La incógnita es si la nueva administración logrará sortear el ciclo político tradicional de Argentina o si, por el contrario, cederá ante las presiones y postergará el ajuste hasta 2018.

 

El dilema radica en las experiencias recientes que se caracterizaron por una fuerte aceleración del gasto público, la utilización del tipo de cambio como ancla nominal y, en especial, la interrupción de las reformas estructurales.

 

En este sentido, la principal batalla que deberá afrontar el Gobierno para emitir una señal positiva sobre su compromiso con el viraje hacia un modelo de crecimiento sostenido se dirimirá en el frente fiscal.

 

La persistencia de tasas de interés bajas e incluso negativas en buena parte del mundo desarrollado obligaba a los fondos de inversión a buscar rendimientos positivos en el mundo emergente y Argentina aparecía como una buena alternativa, al mostrar niveles de endeudamiento externo bajos y un Gobierno preocupado por volver a insertarse en los mercados globales.

 

La combinación de una política fiscal expansiva y una monetaria restrictiva tenía recursos en un contexto de abundante liquidez global.

 

Sin embargo, el desembarco de Donald Trump en la Casa Blanca podría trastocar ese escenario, al que Argentina deberá adaptarse para evitar coletazos.

 

Se estima que Trump virará hacia una dinámica de mayor estímulo fiscal. Ya anunció que piensa reducir la presión tributaria e impulsar el gasto en infraestructura y, por sus dichos, los analistas prevén un incremento del déficit fiscal que podría agregar hasta un dos por ciento del PIB al actual.

 

Aunque aún no está claro hasta qué punto, el nuevo presidente de Estados Unidos también cerraría más la economía a través de aumentos arancelarios y renegociaciones de acuerdos comerciales, y es claro que más expansión fiscal y más proteccionismo implican más inflación.

 

Por lo tanto, se prevé que la política fiscal expansiva se complemente con mayor dureza monetaria, lo que se traduciría en un incremento del costo de financiamiento para la Argentina. De hecho, el mercado ya ha anticipado el crecimiento de los rendimientos de los bonos soberanos estadounidense, incluso en el plazo a 30 años.

 

Si el Gobierno apunta a una estrategia de crecimiento sostenido no puede cometer los errores del pasado. Para ello, deberá atender con urgencia el agujero fiscal heredado sin caer en la tentación de posponer las correcciones.

 

En este sentido, la irrupción de Trump debería funcionar como un alerta para poner las cuentas en orden y minimizar los riesgos que genera un escenario externo que cada día es más incierto. 

 

Dante Sica

Visto 64 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 22:12

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