Lunes, 28 Noviembre 2016 14:58

Entre el tipo de cambio real, inversiones y competitividad

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El dilema es cómo obtener beneficios del gradualismo minimizando los riesgos de incurrir en déficits gemelos elevados.

 

 

A  pesar de que la inflación de octubre estuvo por encima del dos por ciento y de la incertidumbre creada por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, el tipo de cambio nominal mostró una tendencia decreciente, probablemente influida por el blanqueo.

 

La conjunción de una inflación más alta y un tipo de cambio nominal que se redujo en forma leve determinó que el tipo de cambio real siguiera perdiendo posiciones en comparación con todas las monedas del mundo, menos con el real brasileño. Como consecuencia, nuestra economía sigue perdiendo competitividad frente a prácticamente todas las economías del mundo, menos la del socio mayor del Mercosur.

 

Si la evolución del tipo de cambio real mantiene esta tendencia, se va a tornar problemática y ello va a suceder más temprano que tarde si la economía encuentra, por fin, el sendero de la reactivación. Es que el crecimiento de la actividad está muy relacionado con el incremento de las importaciones. De producirse la recuperación en un contexto de un tipo de cambio apreciado, ese hecho va a tener un impacto fuerte sobre el saldo comercial.

 

Alerta gemela

 

Una demanda vigorosa de importaciones elevaría el déficit de la cuenta corriente y ello se sumaría al ya sustancial déficit fiscal, configurando una situación de “déficits gemelos” elevados.

 

Hay abundante evidencia empírica de que los déficits gemelos colocan a las economías en situación de vulnerabilidad ante posibles reversiones en los flujos de capital. En el contexto de la incertidumbre que ha creado la futura presidencia de Trump, tanto en el plano del comercio como financiero, la evolución de los déficits gemelos debería estar más que nunca en el capítulo de los alertas en la agenda oficial.

 

La evolución del tipo de cambio real revela, por otra parte, que las autoridades han optado por una estrategia de ajuste gradual no sólo en lo fiscal –por ello el déficit es alto– sino también en el plano cambiario.

 

Un tipo de cambio nominal que evoluciona por debajo de los precios es funcional al gradualismo por dos razones.

 

En primer lugar, porque contribuye a reducir las presiones inflacionarias en momentos en que se producen ajustes, por ejemplo, en la tarifa de gas. Una inflación en caída significa un impuesto inflacionario también en descenso y ello mejora el ingreso disponible de la población.

 

En segundo lugar, un tipo de cambio real más bajo implica alimentos más baratos y contribuye a mantener el salario real de los sectores de menores ingresos en un contexto en el que la pobreza es muy elevada.

 

Cuando se toma como dada la elección que hizo el Gobierno por el gradualismo –que es una decisión política– y, al mismo tiempo, se consideran las vulnerabilidades asociadas con un déficit alto y un tipo de cambio real apreciado, surge muy claro lo que es el núcleo del problema que se debe resolver. El dilema es cómo obtener los beneficios del gradualismo minimizando los riesgos de incurrir en déficits gemelos elevados. Hay una cuestión que vale considerar en relación con este escenario. Una posible línea de defensa para reducir la vulnerabilidad implícita en los déficits gemelos tiene que ver con la inversión extranjera directa.

 

No es lo mismo un déficit de cuenta corriente financiado con entrada de capitales especulativos –invertidos en papeles líquidos de los cuales es fácil y rápido desprenderse– que uno financiado con entrada de capitales que se dirigen a la inversión productiva.

 

La inversión extranjera directa mira el largo plazo y se compromete mucho más con el riesgo argentino.

 

Justo por esto la lluvia de inversiones productivas se está haciendo desear: quien hunde capital a largo plazo debe estar convencido no sólo de que en la Argentina se produjo un cambio de régimen en favor de un mejor clima de negocios sino, también, de que ese cambio será perdurable.

 

De esto se sigue que, para reducir la vulnerabilidad asociada a los déficits gemelos, el Gobierno no debería descuidar ni un momento la voluntad que ha expresado en favorecer la inversión. Esta es otra razón para no dejar que se atrase el tipo de cambio. Una economía competitiva y activos más baratos en dólares son siempre más atractivos para la inversión extranjera directa.

 

En síntesis, que estemos discutiendo estos problemas es un gran avance. Lo estamos haciendo porque hubo dos cambios críticos en relación con el año pasado: la Argentina volvió a ser elegible para los inversores del resto del mundo y el Gobierno se las arregló hasta ahora para poner más orden en la macroeconomía sin recurrir a un ajuste traumático. Pero también es cierto que implementar una estrategia de gradualismo es complejo y no está exenta de riesgos.

 

El hecho de que el tipo de cambio real se siga apreciando no ha puesto a la Argentina de hoy en una situación de vulnerabilidad ni mucho menos, en la medida que el Gobierno está consiguiendo financiar los déficits gemelos que hoy existen.

 

Pero no hay que olvidar que el tipo de inversores que la Argentina necesita atraer para crecer y desarrollarse son los que deciden con la atención puesta en lo que nos traerá el día de mañana.

 

Dante Sica

Director de Abeceb

Visto 106 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 22:12

Fundado el 4 de agosto de 2003

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