Domingo, 30 Octubre 2016 11:39

Llueve sobre el cielo industrial

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

Elocuencia meteorológica: la última revelación del ministro Francisco Cabrera, que anunció esta semana que el Gobierno quiere un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, encontró a la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA) en Cartagena, bajo un aguacero y en medio de la niebla.

 

 

En realidad es normal ese tiempo en octubre. Pero ahí estaban Adrián Kaufmann, Daniel Funes de Rioja y Luis Betnaza cuando, con sus sorpresivas declaraciones desde Washington, el jefe de la cartera de Producción le agregó inquietudes a un sector que está de por sí atribulado por la recesión y que, seguramente, debatirá los pros y los contras de la apertura económica el martes, en su próxima reunión interna. Sobre llovido, mojado.

 

No es que la UIA entera se oponga a la medida. Su comisión directiva dirá en estos días que cree en lo que el Gobierno llama una "integración inteligente con el mundo", pero también es probable que advierta sobre actividades fabriles que, con un acuerdo semejante, quedarán bastante expuestas porque no son competitivas. "No vamos a entregar sectores en perjuicio de otros. Y no habría que copiar tratados de países que no tienen industria: no somos Chile", adelantaron en la central.

 

El trío de Cartagena acababa de recibir un panorama optimista. Estaba como invitado a la Cumbre de Jefes de Estado y Gobiernos de Iberoamérica, y ese miércoles, durante un almuerzo en el Centro de Cooperación Española, tuvieron el gusto de escucharle a la economista costarricense Rebeca Grynspan, una de las líderes de la Secretaría General Iberoamericana, una proyección alentadora: Venezuela será el año próximo el único país de la región con caída en la actividad, e incluso Brasil, el de menor crecimiento, se expandirá 1,7%.

 

Una tenue esperanza en tiempos difíciles, con caídas de producción fabril que la consultora FIEL acaba de fijar en 8% para septiembre. Los empresarios no han terminado todavía de reponerse de la sacudida que significa para algunos de ellos tener que negociar un bono de fin de año, algo que no todos dicen estar en condiciones de pagar y que asumieron hace diez días, cuando firmaron el acuerdo social con los gremios y la Iglesia. Los funcionarios de la Casa Rosada lo explicaron ese día con estimaciones de Alfonso Prat-Gay, que estaba en la reunión: la propuesta es recomponer el poder adquisitivo de los asalariados porque la inflación quedará este año en 37% y la paritaria osciló el 30%. El futuro no es tan negro, transmitió el jefe del Palacio de Hacienda, porque se trabaja para un alza de precios de 17% en 2017. "La próxima paritaria va a ser entonces de base cero", completó Mario Quintana, vicejefe de Gabinete y coordinador de la iniciativa. Fue una discusión larga y tensa. Que obligó, por lo pronto, al ex Farmacity a reescribir el texto del acta que había llevado. Se suavizó por ejemplo el párrafo del pago del bono, que pasó de ser imperativo a plantearse como parte de una negociación, y se cambió la fórmula del monto: los 2000 pesos en cuestión ya no fueron la "referencia base", sino una "referencia/base". La importancia de los signos de puntuación: una barra ortográfica puede ser un mundo en una paritaria. El diablo se esconde en los detalles, incluso con clérigos en la mesa.

 

Los empresarios creen todavía que fue una emboscada. Se quejan, por ejemplo, de que el Gobierno venía ya negociando las condiciones con la CGT durante los 15 días previos y que ellos fueron convocados apenas 48 horas antes y con el borrador escrito. Sospechan una obviedad: la Casa Rosada ha elegido, con éxito, privilegiar su relación con los sindicatos. "Con el kirchnerismo por lo menos había algunos empresarios elegidos", observó anteanoche el dueño de un grupo nacional. Son en realidad desencuentros de larga data entre Macri y el establishment, ese ámbito del que proviene el Presidente, que recrudecieron en las últimas semanas. Es probable que tanta susceptibilidad les condicione el juicio, pero muchos empresarios interpretan ahora cada palabra, cada gesto, cada comparación del Ministerio de la Producción entre lo que cuesta un jeans en la Argentina y otro en Miami como parte de una obsesión general contra toda la dirigencia fabril. "Están pudriendo la relación", concluyeron en la UIA.

 

Es cierto que el Presidente los ha acusado varias veces en la intimidad de prebendarios y que se espanta ante cualquier insinuación de acuerdos corporativos en público. Son prejuicios que tuvo que superar para la mesa que le pedía Bergoglio. Habrá que admitirle también que esas reuniones multisectoriales parecen a veces, en estética y en funcionamiento, un recuerdo del pasado reciente. Es inercia kirchnerista. "Me pregunto si acá están representadas las pymes", se envalentonó ese día Francisco Gutiérrez, representante de la Unión Obrera Metalúrgica, y provocó la reacción de uno de los aludidos, Funes de Rioja. "¿Cada uno va a juzgar acá la representatividad del otro?", se ofuscó el líder de Copal.

 

El Gobierno aprovechó la experiencia con un triple objetivo. Mejoró la relación con el Vaticano, presentó la iniciativa como paraguas para próximas convocatorias sectoriales (su plan inicial) y, lo más relevante, evitó el paro de la CGT. Que esa puesta en escena haya bastado para frenar a una organización muy poco habituada a ceder ante gobiernos no peronistas explica el escaso afán de protesta que tenían los gremios: sólo la evaluaban ante la posibilidad de ser superados por las bases, la CTA o las organizaciones sociales.

 

Mucho más elocuente que todas las vacilaciones sindicales juntas fue en realidad el silencio de Hugo Moyano, a quien parte de su entorno ha escuchado últimamente criticar los ímpetus de su hijo Pablo, el más duro en la sede de Azopardo. Pero, por razones que podrían ir desde una comprometida situación judicial hasta el simple olfato de que no llegó la hora, el jefe del clan camionero ha elegido por ahora el camino de la mansedumbre. Él mismo admite en confianza que la reunión que tuvo con Macri el 25 de agosto en la quinta de Olivos, donde comieron milanesas y hablaron hasta de los cuidados personales de la salud, fue extremadamente cordial. Dice además que quedó impresionado al ver a Juliana Awada saliendo amable a saludarlo con delantal de cocinera y que, al volver, le contó en broma a su mujer: "Juliana me aconsejó lo mismo que vos: hacer pilates. Pero se ve que cocina, cosa que nunca hiciste". Hay que reconocerle a la primera dama al menos sintonía en las metáforas: la gimnasia es la recomendación que Prat-Gay suele hacerles a los industriales para que, al cabo de cuatro años, puedan competir. Como si la sospecha empresarial fuera cierta: que está todo orquestado y la rutina incluye un fitness anticorporativo. 

 

Francisco Olivera

Visto 169 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Marzo 2017 00:51

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…