Martes, 10 Mayo 2016 13:04

Macri, la última carta fuerte de Macri

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Sería maravilloso, magia pura, que el Gobierno tuviese un solo problema con la economía. Tiene unos cuantos serios desde luego, pero hay al menos uno al que no le encuentra la vuelta: el contraste entre el escaso impacto público del paquete social y el ruido que meten los aumentos de tarifas.

Aun cuando resulta difícil emparejar el peso de dos cargas que lucen claramente desbalanceadas, el punto es que el sistema de comunicación de la Casa Rosada no logra resolver el dilema. Y eso explica que el Presidente haya salido a jugar su poder de persuasión, apelando incluso a sentimientos propios y ajenos.


“Entiendo el dolor y el enojo de la gente cuando ve los aumentos. Sería feliz de no haber tenido que hacer ningún aumento, pero hemos heredado una economía al borde del colapso”, ha dicho estos días. Y también estos días ha usado al menos tres veces la palabra dolor, aunque naturalmente no se trata de un padecimiento parejo.

        

Mauricio Macri está aplicando además un método que muchos le habían aconsejado emplear al comienzo. Esto es, exponer cruda y pormenorizadamente los desastres que ha dejado el kirchnerismo y los costos que acarrea solucionarlos. Tarde y a su manera, desactivó la idea inicial de no tirar malas ondas.


Hubo, encima, un defecto en el timing de las medidas que hoy, con el diario del día siguiente, algunos funcionarios reconocen. Si había paquetes que anunciar, el primero debió ser uno destinado a los sectores postergados de modo de evitar algo que sonó a desigual y fue desigual, como arrancar con la baja de las retenciones al campo y a la minería.


De regreso al contraste, un hombre fuerte del equipo económico se esfuerza en mostrar que las cosas no son tan desparejas. Y acude a las cuentas fiscales de abril: – Contra una inflación anual que ronda el 35% y un aumento de la recaudación total del 33,9%, los ingresos por el Impuesto a las Ganancias apenas crecieron 8,7% respecto de abril del año pasado. “Eso es devolución de retenciones y efecto directo de la suba del mínimo no imponible”, dice.


– Luego, el 34,9% mensual o el 31,5% cuatrimestral de los aportes jubilatorios. “Eso habla de la masa salarial y del empleo y en ninguno de ambos casos salta un deterioro considerable”, insiste.


– Finalmente, toma otro termómetro sobre el estado de la economía. La recaudación del impuesto al cheque avanzó 36% en abril y 36,7% en el primer cuatrimestre, aunque allí talla sobre todo la inflación.


Una fotografía diferente surge del IVA-DGI, notoria en el modesto crecimiento relativo del 25,5% anotado durante el cuatrimestre. Esto canta llanamente caída del consumo, como lo prueban estudios privados muy recientes.


Fuera de cualquier otra manera de ver el cuadro, la explicación tiene un problema que el funcionario no ignora: hay demasiados números y todos impositivos para que puedan ser comprendidos por la gente.


Mucho menos lejano al entendimiento común fue un abril bravísimo en términos de aumentos tarifarios, de índices de inflación y de actividad económica. Y hasta tanto la bolilla no caiga en casilleros diferentes, difícilmente cambie el sentimiento de las mayorías.


Del campo propio ha sido la demora en activar los sistemas de defensa del consumidor y de la competencia y en sacar la anunciadísima lista de precios online, que recién verá la luz esta semana. Nadie espera, ni aún los funcionarios, que ambos instrumentos sirvan al objetivo de derrotar la inflación: quizás habrían sido útiles, en cambio, para contener los desbordes que hubo desde principios del año.


También pudo ser más rápida la instrumentación del régimen que devolverá un tercio del IVA de la canasta familiar a jubilados y pensionados que cobren el haber mínimo y a titulares de la Asignación Universal por Hijo. “Alcanzará a 8,4 millones de personas y significará de hecho retrotraerles los precios básicos a enero”, dicen los funcionarios.


El caso es que la ley todavía está en Diputados y la duda, si no habría resultado mejor poner directamente la plata en el bolsillo de jubilados y titulares de la AUH.


Siempre aferrados al plan de correr los precios con la lanza de la política monetaria, desde el Banco Central ponderan que han reducido un 22% la base monetaria y 10% la cantidad de dinero en poder del público. Es un combo de tasas de interés altas, con menos pesos en la economía presionando sobre la demanda y los precios.


Por eso apuestan a una baja considerable de los índices a partir de julio. Pero si el proceso inflacionario afloja, habría que sumar al modelo del BCRA el impacto de la recesión y del dólar quieto.


Y a propósito de lo mismo, cuesta entender por qué el Gobierno validó un aumento del 10% los combustibles y otro del 50% en el impuesto a los cigarrillos, que agregados a cierto rezago del incremento del agua le pondrían un piso del 4% al índice de mayo.


Aún si todo resultase finalmente tal cual espera la Casa Rosada, falta poner en pie una pata clave de la estructura económica: nada menos que reactivar las actividades verdaderamente productivas.


A corto plazo, la gran carta consiste en apurar los programas de Vialidad Nacional: rutas y caminos de impacto inmediato sobre la construcción y el empleo en la construcción, que funcionan a la vez como instrumento para acercar a gobernadores e intendentes.


Después de poner la lupa sobre contratos y obras adjudicadas, de modo de limpiarlos de maniobras heredadas del kirchnerismo, los números oficiales dicen que al primero de mayo la Nación ha gastado 8.000 millones de pesos en construcciones y tareas de mantenimiento. Esto da 31% del presupuesto anual de Vialidad, un registro que ninguna inversión pública iguala.

        

Según números también oficiales, el gasto en viviendas alcanza a $ 1.086 millones y representa 8,7% de la partida anual. Menos flexible a las decisiones y de nuevo subordinado a la lupa, este plan viene evidentemente demorado.


Atadas al resultado de las políticas del Gobierno corren las inversiones privadas. Pronto habrá una licitación para energías renovables imprescindibles desde cualquier punto de vista, como la eólica y la solar, y otra para energía térmica, pero el efecto concreto tampoco será inmediato. Por eso la carta apunta a la inversión pública, mucha bancada con crédito externo.


Lo que de ningún modo puede faltar es el consumo y especialmente el consumo popular, porque mueve el 50% de la actividad económica.

Aquí cuentan el bolsillo de la gente y dar vuelta los comportamientos defensivos de la gente. Dicho de otro modo, valen menos los sentimientos y más los hechos palpables. 


Alcadio Oña

Visto 181 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 21:31

Fundado el 4 de agosto de 2003

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