Domingo, 05 Junio 2016 07:54

¿Está pinchándose la inflación?

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El interrogante buscó un cálculo sobre la llamada inflación subyacente, o sea, aquella que deja afuera los aumentos en las tarifas y en el precio de los productos estacionales.

Respuesta: “Ya en la segunda semana de mayo fue bajísima. Básicamente no hubo inflación. Estamos evaluando si ese patrón sigue en junio, y no movimos más la tasa de interés porque queremos confirmarlo”.

La inflación subyacente es una medida de las expectativas inflacionarias y el termómetro que el Banco Central usa para decidir las tasas de interés de las Lebac. Pero el valor de la respuesta no está ahí sino en quien la dio: justamente un encumbrado funcionario del BCRA.

De hecho la pregunta pretendía conocer por qué en apenas un mes –mayo– la entidad había bajado tres veces la tasa de más corto plazo, después de haberla mantenido quieta desde marzo. Tras un recorte de 3,75 puntos porcentuales, la dejó en 34,25%.

Aún en plan optimista, el funcionario se cuida de anticipar nuevos movimientos tal cual queda claro en el “queremos confirmar” si la tendencia de mayo “sigue en junio”.

El caso es que hay varias cuestiones que giran alrededor de las Lebac y una de ellas, bien conocida, es la bicicleta financiera que va del dólar a las muy rendidoras letras del BCRA.

Por eso, hasta informes de bancos oficiales asocian la baja de las tasas a la intención de ponerle algún palo en la rueda, como fue reducir el premio. O, si se quiere, la vinculan con la necesidad de enfrentar el doble efecto de caída del dólar y riesgo de retraso cambiario.

Cosas de este mundo donde abunda lo que antes escaseaba, si el Central no compra la cotización se viene abajo y si compra debe emitir, justo eso que preferiría evitar. En 2015, se quemaban reservas para impedir que subiera.

Una planilla de la propia entidad muestra cuál ha sido la opción forzosa: hasta el 11 de mayo casi no había intervenido en el mercado y desde entonces adquirió nada menos que US$ 1.400 millones. Así, sumó US$ 1.506 millones en el mes, contra 259 millones entre enero y abril.

Eso y mucho más que eso está pasando, porque desde el BCRA estimulan compras de bancos privados mientras los públicos hacen lo mismo en cantidad. El objetivo detrás de la movida es cuidar la emisión monetaria.

Dentro de este juego las tasas de interés tienen un rol decisivo, pues en la visión del Central deben regular la demanda de la economía y ser, entonces, una pieza clave para la contener los precios. Todo bien o discutible, con un detalle que mete ruido: funcionarios importantes del gobierno, incluido Alfonso Prat-Gay, consideran que hasta el 34% resulta excesivo si se pretende salir de la recesión.

Podría interpretarse, luego, que en la seguidilla de recortes del mes pasado hubo algo parecido a ofrenda de Federico Sturzenegger a los críticos del Gabinete.

 

Está claro de todos modos que el mayo verdadero no es el de la inflación subyacente sino el del 4% o algo más del 4% que el INDEC informará en diez días, poniendo adentro de la bolsa la suba de los combustibles y rezagos de aumentos tarifarios. Según estimaciones privadas, la variación anual pasa el 40%.

Un poco de política monetaria, bastante del combo recesión-dólar quieto y nada de tarifas aseguran una tendencia claramente declinante a partir de este mes: el famoso segundo semestre. Vale aclarar que las estadísticas ya habían puesto el gas en el índice de abril, aunque no el aumento que surgirá ahora.

La parte vacía del vaso dice que el repunte de la actividad productiva esperará hasta el tercer trimestre. Y algo así cuentan sendas encuestas del INDEC, hechas a mediados de abril, sobre las perspectivas inmediatas de la industria manufacturera y de la construcción.

La industrial canta que arriba del 75% de las respuestas, en un caso el 96%, coinciden en que la situación “no variará”. Una lectura, como la del INDEC, hablaría de “un ritmo estable”, pero basta ver el punto de referencia para entender que aquí estable equivale a continuidad de problemas muy serios.

El punto de referencia es la caída del 6,7%. Y lo que según las respuestas “no variará” (o no mejorará) va desde la demanda interna y las exportaciones, hasta la cantidad de personal ocupado y las horas trabajadas; todo, en fin.

Un resultado semejante arrojó el sondeo en la construcción, entre empresas dedicadas a obras privadas y públicas. Arrastradas por un desplome del 24,1%, las opiniones pesimistas tocan a la actividad, al empleo y a la intención de tomar créditos para aumentar la producción.

En la industria manufacturera y sobre todo en la construcción pesaron las lluvias y las inundaciones de abril, pero ni de lejos justifican semejantes bajones.

Ambos indicadores completaron un mes económico bravísimo, y más que al tiempo convendría mirar al shock que juntó la devaluación y el aumento de la luz previos con incrementos en gas, agua, transportes y combustibles.

Todo pegó sobre los costos y los precios, sobre el ingreso de las familias y la capacidad de consumo de las familias y no tuvo nada de gradual por cierto. Encima coincidió con un drástico parate de obras públicas nacionales y provinciales.

Aún en medio del bajón, es posible encontrar opiniones optimistas; mejor dicho, levemente optimistas. “La construcción será la primera en reaccionar y de hecho ya está reaccionando”, dicen en una consultora que asesora a empresas del sector. “No hay una ola sino compras de insumos y formación de stocks proyectando un rebote de la actividad”, agregan.

Pasado el relevamiento de la herencia kirchnerista y el temor de los funcionarios a quedar pegados a eventuales contratos turbios, está descontado que el gobierno nacional va a arrancar en firme con las obras públicas. La mayoría en tándem con los gobiernos provinciales.

Alguien muy vinculado a la industria aporta un factor que va por un camino similar. Dice: “Hacia el último trimestre del año pasado, cuando el dólar estaba regalado, muchos empresarios se adelantaron a acopiar insumos pensando en la devaluación. Pronto, si no ahora mismo, esos stocks comenzarán a agotarse y necesitarán reponerlos”.

Seguramente más relevante es que en el tercer trimestre se habrán cerrado las últimas paritarias. Y lo será si sirve para dar vuelta la caída en las ventas y cambiar actitudes conservadoras acopladas al temor por el empleo.

Último dato de este noticiero: el efecto de la ley que saldará deudas del Estado con los jubilados. Según estimaciones de especialistas, serán alrededor de 24.000 millones de pesos que muy probablemente irán derecho al consumo.

Ni hace falta decir, porque ya se empieza a ver, que el ajuste fiscal desaparecerá de la hoja de ruta del macrismo. El blanqueo y el endeudamiento más cierta dosis de atraso cambiario son algunas de las cartas que jugará con la mira puesta en entrar bien plantado al año próximo.

Pero si el objetivo son las parlamentarias de octubre, como obviamente lo es, cualquiera puede recomendarle al Gobierno una gestión sin tantos tropiezos. Dice un economista con mucha calle política: “A veces pareciera que saben adónde quieren llegar, pero no cómo llegar”.

Alcadio Oña

Visto 174 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

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