Lunes, 20 Junio 2016 12:55

El BCRA empieza a mirar el nivel de actividad

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El Banco Central ajustó a la baja las tasas en el último mes y las recortó desde principios de mayo en 575 puntos básicos (un 5,75%), desde su nivel más elevado desde la crisis de 2002.

Los rendimientos de las Letras (LEBAC) a 35 días, las de menor plazo y que concentran la demanda inversora, se redujeron desde un máximo de 38% anual a los actuales 32,25%, tasa que los especialistas estiman seguirá en picada, para estabilizarse pronto debajo del 30% anual.


La entidad que conduce Federico Sturzenegger tiene en cuenta tres índices de amplia trascendencia en la economía: la inflación, el valor del dólar y la evolución de la actividad económica. Para este fin utiliza instrumentos de política monetaria y cambiaria. Básicamente con los primeros regula la cantidad de pesos en la economía, y con los segundos, la cantidad de dólares.


La política monetaria actúa sobre la inflación al expandir o contraer la liquidez a través de la emisión de moneda y la colocación de títulos de deuda. La política cambiaria procura establecer un tipo de cambio de equilibrio, aunque el objetivo de potenciar exportaciones con un dólar “recontra alto” o de promover la renovación de bienes de capital con un dólar “bajo” también es su atribución. Para influir en la cotización el BCRA interviene en el mercado mayorista con compras o ventas de divisas.


En estos primeros seis meses de gestión del gobierno de Macri los sobresaltos de la economía requirieron grandes esfuerzos del BCRA para dosificar estos instrumentos, en un marco de inflación rampante con fuerte desequilibrios de precios relativos, una actividad debilitada por cuatro años de “cepo” cambiario y en zona de riesgo por la urgencia de un ajuste fiscal, y un tipo de cambio que se mantiene calmado por el aluvión de dólares del agro y las emisiones de deuda soberana, provincial y corporativa.


En el último semestre la tasa de interés se sostuvo elevada por el golpe inflacionario de la sobreemisión de pesos de 2015 y la amenaza de un dólar “sin techo” por la devaluación, terminadas las restricciones cambiarias del segundo mandato de Cristina.


El 16 de diciembre último, a la par de la liberación cambiaria y la contundente depreciación del peso, el BCRA ubicó en 38% la tasa de las Letras a 35 días. El 17 de diciembre el dólar saltó de 9,8275 a 13,38 pesos en su cotización mayorista, un 36,2% en 24 horas.


Con la tasa “por las nubes” y lejos de dispararse, la divisa norteamericana operó en torno de los 14 pesos durante enero, tranquilidad que convenció al BCRA a recortar los rendimientos, hasta 30,50% a principios de febrero, para las Letras a 35 días. Entonces el BCRA se mostró confiado en la efectiva absorción de liquidez y la convincente caída del tipo de cambio. “Con esta contracción, la tasa interanual de expansión (de Base Monetaria) se ubica en 29,3%, comparada con un pico del 45,7% de expansión interanual registrado el 12 de diciembre”, destacó entonces un comunicado de la entidad.


La decisión, sin embargo, fue apresurada, pues con ese nivel de rendimientos el dólar volvió a escalar y se ubicó en torno a $16 a principios de marzo. El cimbronazo del tipo de cambio, en medio de una escalada de la inflación por la suba de tarifas y combustibles, obligó a la entidad monetaria a rever su estrategia y las tasas volvieron al 38% anual.


Quedó claro así que el nivel del dólar y la escalada de precios condicionaron el rango de las LEBAC. El declive de las últimas semanas, en cambio, permite prever que la entidad monetaria dará más importancia al crecimiento y buscará moderar el efecto nocivo que para la actividad económica significan los rendimientos en pesos tan elevados.


Mientras que desde el oficialismo insisten en que lo peor del rebrote inflacionario ya pasó, los indicadores de actividad obligan ahora a actuar con incentivos.

Una reducción de tasas para las colocaciones financieras motiva a que los ahorristas e inversores busquen otra utilidad para sus pesos, movimiento que puede repercutir en mayor consumo, acceso al crédito y producción.


También hay un sensato criterio de oportunidad: el ingreso estacional de dólares mantuvo paralizado el precio de la divisa, que siempre reacciona en alza ante la caída de los rendimientos en pesos. La duda que subyace es si una política monetaria más laxa, que es buena para la actividad, no alentará la inflación con más pesos en la calle. 


Juan Gasalla

Visto 366 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:59

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