Domingo, 17 Julio 2016 12:05

Acecha la inflación y preocupa al INDEC

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

Los funcionarios del equipo económico se empeñan en reiterar que la inflación se desacelera y que en el segundo semestre de 2016 será sustancialmente menor al primero, afirmación cierta pero que no implica que la escalada de precios sea un problema resuelto ni superado. Su poder destructivo para los presupuestos familiares y las expectativas del mercado sigue intacto.

 

 

En la Argentina, el aumento generalizado de precios no tiene causa única, aunque muchos economistas aseguran que se trata de un fenómeno estrictamente monetario. La realidad es que esa respuesta es parcial: no puede subestimarse la historia económica del país, con un frondoso pasado inflacionario. En los años '80, de una inflación devastadora, el "remarco por las dudas" o el "compro por las dudas" fueron prácticas naturalizadas e incorporadas a la idiosincrasia popular.

 

Durante el gobierno de Cristina Kirchner, el oficialismo abusó del argumento que atribuía responsabilidad a los "formadores de precios" y "especuladores" por el avance inflacionario, aunque esa visión pareció más una excusa cuando la expansión monetaria llegaba a crecer a un ritmo de 40% anual.

 

Lejos de las cifras de la "híper", la suba de precios, no obstante, fue pieza central de la política económica de los últimos diez años. Primero, fue útil para el Gobierno su efecto potenciador sobre la recaudación. También incentivó el consumo al minar las alternativas de inversión cuyas tasas de retorno no podían equipararla.

 

La intervención del INDEC y la adulteración estadística a partir de 2007 fueron un símbolo: a la inflación se la podía mentir y ocultar, pero no reconocer como un problema. A la sombra de un evidente crecimiento económico, la sociedad fue tolerante a esta dinámica. Desde 2012, la inflación se volvió un recurso imprescindible para administrar el creciente déficit fiscal asociado a un estancamiento económico vigente hasta hoy.

 

Al analizar el aumento del IPC de 3,1% en junio, el director del INDEC Jorge Todesca reconoció que está "preocupado por los fuertes aumentos que vienen de manera neta del sector privado" porque "el 60% de los incrementos vienen de ahí".

 

Los expertos advirtieron que, el mes pasado, la llamada inflación núcleo o "core", que prescinde de los productos estacionales y con precios regulados para reducir la volatilidad del índice, subió 3%, por encima del 2,7% de mayo. El dato inquieta y contradice la percepción de una inflación en irreversible descenso.

 

Si cabe interpretar al experimentado economista, podría resumirse: a la emisión de pesos sin respaldo de 2015 se le sumaron como aceleradores de la inflación la devaluación de diciembre –consecuente de la liberación del mercado de cambios– y, en 2016, la suba de tarifas de servicios públicos y combustibles que se contagiaron a todos los precios de la economía.

 

Pero Todesca observa ahora un aporte más decisivo de formadores de precios, que pueden identificarse en algunas cadenas de producción, distribución y comercialización. Es evidente que muchos precios aumentaron con fundamento cuando subió el dólar (llegó a 16 pesos en marzo) y se anunció el tarifazo. Pero no hubo rebajas con la caída de la divisa debajo de 15 pesos ni los topes impuestos a la facturación de servicios públicos.

 

La alarma de Todesca tiene fundamento. "El Gobierno corrigió muchos de los factores tradicionalmente inflacionarios", dijo a radio La Red, pues "no estamos teniendo una gran expansión monetaria ni tampoco procesos devaluatorios".

 

Los números del Banco Central avalan esta afirmación. Después de la devaluación del 17 de diciembre el dólar mayorista saltó de 9,8275 a 13,38 pesos. Según el balance de la entidad, al 23 de diciembre las reservas internacionales medidas en pesos ascendieron por este efecto cambiario a 322.451,1 millones de pesos. El incremento de los activos internacionales al 7 de julio pasado (por suba del dólar y aumento de reservas) fue en pesos de 53,4% o 172.292,8 millones de pesos, hasta los 494.743,9 millones.

 

En el mismo período, las transferencias directas del BCRA al Tesoro nacional crecieron 41.400 millones de pesos, según el ítem Adelantos Transitorios (también en el activo del balance del BCRA), de 326.850 millones a 368.250 millones de pesos.

 

El aumento de reservas en 172.292,8 millones de pesos y de 41.400 millones de pesos por Adelantos Transitorios pudo haberse traducido, en el pasivo del balance del BCRA, en un aumento equivalente de la Base Monetaria en el semestre pasado, y esta expansión, en un detonante de inflación. Sin embargo, eso no ocurrió.

 

La Base Monetaria (billetes y monedas en circulación, cheques cancelatorios y depósitos en la cuenta del BCRA) creció apenas 49.574,3 millones de pesos 0 7,8%, desde los 633.577,7 millones de pesos del 23 de diciembre a los 683.152 millones de pesos del 7 de julio. En tanto, el dólar subió apenas 10,1%, de 13,38 a 14,725 pesos. La inflación del primer semestre triplicó esas tasas, y rozó el 30% acumulado.

 

Claro que para mantener a raya un desborde de pesos y absorberlo, el pasivo del BCRA exhibe un enorme crecimiento de la deuda. Las LEBAC, que alcanzaban los 392.565,9 millones de pesos en diciembre, treparon 43% (+169.182,9 millones), a los 561.748,8 millones e pesos el 7 de julio. Este ajuste monetario tuvo un potente efecto contractivo en términos financieros y también sobre el ritmo de actividad económica, que todavía no consiguió neutralizar el cóctel inflacionario. 

 

Juan Gasalla

Visto 274 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:13

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…