Domingo, 10 Julio 2016 14:09

El dios dinero y la odiosa inflación

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Todos los martes, como quien va a misa, el mundillo financiero espera ver qué hace el Banco Central con las tasas de interés de las Lebac, si las sube, las baja o no las toca. Aunque mejor sería decir que desde hace cuatro meses la vigilia está puesta en conocer si mantiene la seguidilla de recortes, como efectivamente hizo el último martes.

 

 

Por si no se entiende: el centro de la ceremonia lo ocupan el dios dinero y el negocio financiero, que será por lejos el triunfador en este crítico 2016.

 

La tasa de interés es el gran instrumento que el directorio del Central usa en el intento de encauzar el proceso inflacionario, así suene a excesivo asignarle semejante tarea a un solo instrumento. Sobre todo cuando el escenario es una economía llena de desajustes.

 

Siempre el punto de referencia de las decisiones del BCRA son los índices de precios, pero a veces luce difuso el método que aplica y hasta parece que empleara varios alternativamente para justificar cada cambio. Otra fuente de dudas es la manera en que calcula el resultado de los índices: si toma precios de lista, como hace el INDEC, o computa los descuentos, como hacen algunas consultoras.

 

Ninguna de estas cosas significan lo mismo y por lo tanto no da igual utilizar una que otra. Eso ya trasluce cierto margen de imprecisión, si no de arbitrariedad, en lo que el Central resuelve, por más que nunca falte una explicación.

 

El argumento del martes fue que “diversos indicadores sugieren que el proceso de desinflación se mantiene en línea con el sendero planteado por el BCRA”. Suficientemente críptico para caber en alguna de aquellas alternativas.

 

Pero ya resulta demasiado evidente que detrás de los movimientos pesan otros factores, además de la inflación. Bien claro y ya del mundillo financiero, uno es que la baja de las tasas busca obstaculizar la bicicleta que va del rendimiento de las Lebac al dólar cuasi fijo y termina con una ganancia considerable en divisas.

 

Notorias, también, son las operaciones para evitar que la caída del dólar alimente el fantasma del retraso cambiario.

 

Cuesta hacer creer, entonces, que el papel del Central se limita rigurosamente a contener los precios, como suele afirmar Federico Sturzenegger. Y más si en medio del temblor monetario provocado por la crisis Gran Bretaña-Unión Europea, desde la propia entidad salieron a resaltar las virtudes de su política de flotación cambiaria. Se sabe: no se puede estar a la vez en la misa y en la procesión.

 

Los vaivenes que siguieron a la tasa del 38% que a mediados de diciembre acompañó al levantamiento del cepo cambiario, se han convertido en entretenimiento de especialistas y más concretamente, en una tómbola donde acertar con la noticia del martes equivale a ganar plata.

 

Ajena e indescifrable para quienes no son parte del runrún financiero, la secuencia dice que cuando el BCRA interpretó que el 38% no era necesario fue bajando la cota hasta colocarla, a comienzos de febrero, en 30,25%. Bastó un brinco del dólar para que diese marcha atrás y en días volviera al 38%.

 

Desde entonces levantó el pie del acelerador y al compás de una estrategia de aproximaciones acumuló nueve bajas consecutivas. ¿Y en qué nivel la dejó el martes pasado? En el mismo 30,25% de comienzos de febrero (ver infografía).

 

El punto es que la tasa de interés de las Lebac guía el costo del crédito y que el costo del crédito guía decisiones económicas. Un encadenamiento nada irrelevante, por cierto.

 

“Aún el 30,25% es demasiada tasa”, afirma un consultor cercano a las ideas desarrollistas. Pone un par de ejemplos: uno, que ningún empresario está dispuesto a tomar plata al 26%; dos, que nadie vende cheques al 27% cuando puede conseguir más.

 

“Hoy con 22 o 24% alcanzaría, si el objetivo consiste en movilizar actividad productiva”, agrega. Que su posición esté extendida a unos cuantos funcionarios es de momento un debate cerrado, porque detrás de la estrategia antiinflacionaria de Sturzenegger aparece Mauricio Macri.

 

Según los especialistas, los efectos de las políticas monetarias contractivas demoran alrededor de un año en hacerse sentir. La del BCRA podría tener algún impacto ahora, pero si en julio la inflación retrocede a cerca del 2% o a menos del 2% las causas reales habría que buscarlas en otro lugar.

 

Y no hace falta demasiado esfuerzo para encontrarlas: saltan limpitas en la recesión, el dólar quieto y en el fin de la muy controvertida temporada de tarifazos.

 

Cuenta un asesor de empresas, después de reunirse con directivos de varias grandes y de rubros diversos: “En junio la recesión ha sido bravísima, mayor a la de mayo. Hay compañías sobre-stockeadas, que si no venden con descuentos no venden”. Por eso él es capaz de arriesgar una inflación menor al 2% en julio.

 

Podría decirse, a esta altura de la película, que un punto más o un punto menos en los índices ha pasado a ser un tema de especialistas. Para la gente y sobre todo para la gente de menores recursos lo que de verdad importa es que los bienes que necesita quedan cada vez más lejos de sus posibilidades.

 

Y ni hablar de cuánto le importan las Lebac o la política monetaria, aunque ahí sigue abierto otro debate. La cuestión es si el uso de las tasas de interés resulta suficiente para poner en caja los precios o si, desde el arranque mismo, no habría sido útil apelar a algún sistema de controles que hubiese aflojado la trepada.

 

“Tenemos un mercado claramente imperfecto, con grupos económicos que ocupan posiciones dominantes e imponen condiciones. Y sobre esa realidad debe trabajarse”. Lo dice un ex funcionario K que ha criticado los métodos de Guillermo Moreno y no lo dice ahora, con las noticias a la vista: así ha pensado siempre.

 

¿Y la reactivación, para cuándo?

 

Con cierta dosis de optimismo, Miguel Bein, el economista que acompañó a Daniel Scioli, ve “un rebote nítido hacia octubre o noviembre, cuando empezarán a operar en bloque las mejoras salariales, la obra pública y los primeros efectos del paquete previsional”.

 

La hipótesis porta un supuesto grande: que el shock de los meses previos, la inestabilidad laboral y hasta ciertas incertidumbres sobre el nuevo modelo no generarán comportamientos defensivos de los consumidores. O sea, recelos que pueden pegar sobre la demanda.

 

El mismo supuesto se proyecta a un par de pronósticos sobre 2017, también de sesgo optimista. Bein calcula un crecimiento del 5% y los equipos del banco Santander Rio, del 4 al 5%. Bastante más cauto es el resultado del relevamiento que el BCRA ha hecho entre consultoras, entidades financieras y analistas: canta un 3,2% promedio.

 

Aquí sucede algo bastante parecido al retroceso del índice de precios. La mejora de la economía será definitivamente efectiva cuando sea percibida por la gente y la gente actúe en consecuencia. Con sus más y sus menos, hasta ese momento será un tema de especialistas.

 

Queda claro, de nuevo, que no es un problema de números porque a veces los números dicen poco y mucho más dicen otras cosas.

 

Bien terrenales, esas cosas son el empleo, los salarios, la inflación y a ellas va atada gran parte de la perspectiva electoral del macrismo. Las tasas de las Lebac solo le hablan al mundillo financiero. 

 

Alcadio Oña

Visto 115 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:13

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