Domingo, 24 Julio 2016 13:10

Inflación, recesión y encima, intrigas

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Hay un temor instalado en despachos importantes de la Casa Rosada, que arrastra a otros temores. Lo provocan el cruce cercano entre la inflación acumulada y la reapertura de paritarias que pactaron aumentos temporales y la posibilidad de presiones sobre algunas cerradas por un año.

 

 

Al interior del primer lote, que representa alrededor del 40% de los convenios, aparecen entre otros los gremios del comercio, la carne, la construcción, los plásticos y los estacioneros, que volverán a negociar sueldos hacia septiembre. Y en el segundo, aquellos sindicatos que se quedaron cortos cuando pactaron sus incrementos.

 

Acoplados al efecto paritarias van los temores restantes: una temporada de situaciones gremiales complicadas; la perspectiva de que las empresas trasladen los aumentos o parte de los aumentos a sus precios y, al final, un rebote de la curva inflacionaria justo cuando se supone habría entrado en una pendiente más perceptible que la actual.

 

Días atrás el propio Banco Central admitió, a su modo, ciertas dudas sobre el curso de los precios. Sostuvo que el repliegue del índice del INDEC –del 4,2% de mayo al 3,1% de junio–, en verdad limitado, no justificaba una baja en sus tasa de interés.

 

El caso es que no sólo mantuvo el nivel del 30,25% para las Lebac de corto plazo y los vigentes para otras con plazos mayores, sino que fue un poco más lejos: planteó que los movimientos en los precios “sugieren posibles efectos de segunda ronda del reordenamiento tarifario, si bien acotados”. La palabra acotados busca evitar sobresaltos; lo demás habla de un cuadro todavía inestable.

 

Los argumentos de la entidad que preside Federico Sturzenegger fueron una manera de validar su política monetaria contractiva y su espacio de decisiones y, todo junto, fue un mensaje dirigido a quienes dentro del Gabinete nacional opinan que el alto costo del crédito alienta la actividad financiera y desalienta las productivas.

 

Pero aun cuando el BCRA haya remachado su objetivo de alcanzar “una inflación mensual del 1,5% o menor en el último trimestre del año”, quedó flotando la cuestión implícita en los temores de la Casa Rosada. Esto es, que el retroceso no sea tan retroceso: en septiembre, los albores del tercer trimestre, entra a la cancha la reapertura de paritarias.

 

La realidad dirá, finalmente, si se cumplen los pronósticos deflacionistas y reactivadores que llueven desde Mauricio Macri hacia abajo. Por ahora, promesas de un futuro mejor.

 

De momento hay lo que hay y eso que hay genera malestar en la cúpula del Gobierno, provoca pases de facturas entre funcionarios encumbrados, recelos y rumores de cambios tan incipientes como interesados.

 

Decir sin que se diga quién fue, chocar con otros cuidándose de hacerlo en público e impedir que todo sea visto como déficits de conducción son piezas de este tablero móvil. Según los casos, existen algunos más sueltos de cuerpo que sus pares o semipares.

 

Resulta un ejercicio bastante inútil por cierto, pues el fuego cruzado ya ha salido de intramuros.

 

Condimentos de la misma ensalada han sido, estos días, una seguidilla de noticias con el sello de la recesión.

 

Dos de ellas fueron los bajones en las ventas reales de supermercados y shoppings y en materiales para la construcción; ambos por quinto mes consecutivo. Otra, una segunda caída en la demanda de combustibles y la tercera, que pese a promociones y publicidad abundantes las cifras conocidas revelan que el Día del Amigo no fue un buen día para los comercios.

 

Nada que sea desconocido existe aquí. Es el combo que junta aumentos de precios, deterioro del poder de compra de los salarios y repliegue del consumo, más algunas dosis de comportamientos conservadores asociados a la estabilidad laboral.

 

En el baile de las internas, las culpas “macroeconómicas” apuntan a Alfonso Prat-Gay aunque a la hora de repartir funciones a él le tocaron rigurosamente Hacienda y Finanzas. Están fuera de su espacio Producción y Comercio, Obras Públicas, el Banco Central, Transporte, Agroindustria y Energía.

 

Juan José Aranguren, el ministro de Energía, carga con el sayo del tarifazo al gas. Es un traspié que sigue retumbando de fallo en fallo, pero si antes de salir la medida pasó por algún otro filtro ese filtro se comprobó demasiado poroso.

 

También de adentro, a Sturzenegger lo alcanzan críticas por las altas tasas de interés; solo que hasta ahí nomás, pues detrás de la receta monetarista contra la inflación aparece el propio Presidente.

 

Aun antes de desembarcar en la Casa Rosada, Macri ya tenía resuelto que no habría ministro de Economía ni cosa semejante a lo que fueron José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y Roberto Lavagna. “Finalmente, sobran ejemplos de países que funcionan bien con varios ministerios simultáneos”, dicen en el Gobierno. Computando todas las áreas, Macri armó 21 ministerios, más dos supersecretarías de Gabinete.

 

Pero si siempre es necesario armonizar las tareas del conjunto, lo es sobre todo en la economía. Y sobre todo en una economía que el macrismo recibió desvencijada en cada uno de sus resortes, donde manda acertar con decisiones siempre sensibles y encima apuradas por una situación que tironea de todas partes.

 

Por eso y nada menos que por eso, ahí resultan cruciales la coordinación y la pericia de los coordinadores.

 

“El problema de la inflación lo va a solucionar Sturzenegger”, han dicho estos días desde la Casa Rosada. Significa reconocer que en ese frente anclan las mayores preocupaciones del poder político y también apostar a una sola carta: la estrategia ortodoxa y las tasas de interés que despliega el Banco Central.

 

Martín Redrado, un ex jefe del BCRA, ve las cosas de un modo diferente. Dice: “La tasa de inflación caerá en el último trimestre, pero al mismo ritmo que caerá el consumo. Aun así, la inflación mensual andará cerca de 2%, no en el 1,5%, y sería equivocado enfriar más la economía”.

 

Parecido a Redrado piensan otros economistas. Para ellos, si los índices de precios retroceden hasta las proximidades del 1,5% será por una recesión que le pone límite a los aumentos, por una política monetaria que va hacia el mismo lado y por el dólar casi fijo que actúa como ancla.

 

El tiempo de maduración de muchas inversiones y sus efectos sobre la actividad económica no son precisamente inmediatos. Algunos consultores dicen que algo ha empezado a percibirse en construcciones grandes, clase A como varias torres de Puerto Madero, mientras siguen retraídas aquellas de clase media o media baja.

 

Así, la apuesta reactivadora del Gobierno ha virado de la inversión –salvo la inversión pública de efecto rápido– a la demanda y el consumo.

 

Sobre ese esquema repican, entre otros factores, aumentos salariales en tramos que empiezan a completarse, la devolución del IVA a capas con escasa capacidad de ahorro y el impacto de las mejoras originadas en el paquete previsional.

 

De todos modos nada de esto servirá para zurcir la trama interna del Gobierno. Y con tantos problemas sin resolver, suena a imperioso poner orden allí, porque ya se entró en el tiempo en que la crisis heredada paga menos y más los aciertos o desaciertos de este tiempo. 

 

Alcadio Oña

Visto 142 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:26

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