Lunes, 05 Septiembre 2016 10:58

Norte y Sur de la Ciudad, la otra grieta

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Los desplomes económicos, como el que ahora reflejan todos los números del INDEC, nunca se distribuyen de un modo parejo. Tampoco los estancamientos semejantes al que coloreó los últimos años del ciclo cristinista.

 

 

Basta ver datos de un informe laboral de la Dirección de Estadística porteña.

 

Dicen, para el segundo semestre de este año, que en el Sur de la Ciudad la desocupación duplicó a la del Norte: 13% contra 6,1%. Un caso es el pico de una serie que arrancó no hace mucho; el otro, una tasa muy baja para el estándar nacional.

 

Dicen también que en seis de los últimos ocho trimestres –desde el tercero de 2014–, la zona Sur tuvo un desempleo mayor al 10%. Y que durante el mismo período en la Norte jamás superó el 7,4%.

 

Casi ni hace falta añadir que las cifras llevan el inconfundible sello de la desigualdad social, aunque está claro que el Norte no es el reino de la igualdad.

 

Hacia el Norte se ubican, entre otros, los barrios de Palermo, Belgrano, Recoleta y Villa Urquiza. Al Sur aparecen desde Villa Lugano, Mataderos y Villa Soldati hasta La Boca. Menos de una hora de colectivo separa un territorio del otro.

 

Con una posición socioeconómica más cercana a la del Norte está la zona Centro: por ejemplo, Caballito, Almagro y Balvanera.

 

Vale aclarar, antes de seguir, que esto que pasa en la Ciudad Autónoma no es un proceso reciente, sino uno que fue cristalizándose por años. Y también que sólo una parte es responsabilidad de quienes la han gobernado desde cuando era intendencia.

 

Es que las grandes políticas y sus efectos surgen de decisiones tomadas en el poder central de un país muy centralizado. Para el caso, la laboral, la antiinflacionaria y la de inversiones en obras de infraestructura determinantes; en más de un sentido, también las políticas fiscal, educativa y social.

 

Luego, la ciudad de Buenos Aires no ha sido una isla en los recurrentes fenómenos de crisis económica y recuperación económica; de los ciclos de altas y bajas, de las devaluaciones y las hiperinflaciones. Siempre repercutiendo de un modo desigual.

 

Y cosas así explican la grieta entre el Norte y el Sur porteños. Como la notoria falta de cloacas y agua potable en los barrios carenciados, el hacinamiento y una cantidad de villas y asentamientos que no existen dentro de la misma geografía.

 

Pero existe eso y más que eso.

 

Estadísticas oficiales del primer trimestre de este año revelan que los ingresos familiares promedio del Norte superan en un 53% a los del Sur. Y que medidos por habitantes los duplican, porque las familias son bastante más numerosas en un lugar que en el otro.

 

En un trabajo reciente, el CIPPEC, una organización dedicada al estudio de políticas sociales y económicas, dice que la Ciudad de Buenos Aires tiene el PBI por habitante más alto de la Argentina y que en capital humano calificado supera al promedio de todo el país y al de América latina.

 

Se trata, nuevamente, de un cuadro general, pues apenas se pasa al interior recrudecen las diferencias.

 

Las educativas informan (año 2010) que en el Norte hay 1.168 establecimientos públicos contra 1.045 del Sur. ¿Y cuántos privados?: 1.025 versus apenas 505. El total da 2.193 contra 1.550.

 

Eso puede hablar de niveles de ingresos distintos, pero habla sobre todo del muy desigual acceso a la enseñanza. Para mayor abundancia, la población ubicada al Sur tiene dos años menos de educación formal que la del Norte.

 

Se sabe de sobra que la educación es un puente hacia el crecimiento laboral y que ensancha posibilidades de ascenso, tanto como que, al revés, la brecha educativa acrecienta la brecha social.

 

Aquí sí se cruzan acciones y políticas de los gobiernos nacionales y de los porteños.

 

Según el CIPPEC, hay en el medio un cambio en la estructura productiva de la Ciudad definido por un avance en el peso de los sectores intensivos en conocimiento. Y como consecuencia de ese cambio, retroceden el empleo de menor calificación y el industrial, aquellos para los cuales estaban entrenados los trabajadores del Sur.

 

Puesto en números, hoy 71% del empleo porteño ancla en actividades de servicios, como financieras, inmobiliarias y de salud; el resto se reparte entre comercio, construcción y una industria que desaparece.

 

Una mezcla de todo asoma en otro dato igual de diferente e igual de fuerte. Calculada por kilómetro cuadrado, en el Sur la oferta de puestos de trabajo es un 60% más baja que en el Norte.

 

Esto podría alentar un proceso de desconcentración productiva y poblacional desde una zona congestionada a otra de menor desarrollo relativo, creando, además, ocupaciones de mayor calidad.

 

Puede ser una oportunidad, solo que faltaría remover obstáculos que anidan en la base del retraso del Sur, empezando por el enorme déficit educativo y la instalación de una infraestructura productiva y social capaz de sostener semejante cambio.

 

Dice un especialista: “La mudanza del aparato administrativo y otras movidas del gobierno porteño van por ese camino, pero solas, sin el resto, no bastan para dar vuelta lo que ha penetrado en profundidad”.

 

Es previsible, si no seguro, que las diferencias entre el Norte y el Sur de la ciudad de Buenos Aires se proyectan a los primeros, respectivos cordones del Conurbano; sencillamente, porque forman parte de la misma zona y se intercomunican. Luego, allí existe una grieta social si no idéntica parecida a la otra.

 

Por lo tanto tampoco expresan una radiografía completa los datos del INDEC sobre el primer trimestre. Así cuenten que entre desocupados y subocupados, un cuarto de la población activa del GBA enfrenta problemas laborales.

 

Y si en la Capital la falta de trabajo le pega al empleo en negro, con más razón pega al interior del amplísimo conglomerado del GBA. Eso significa pérdida de changas que completan ingresos o constituyen la base del ingreso familiar.

 

No por nada la desocupación ha aumentado entre las mujeres: salen a buscar trabajo para suplir ingresos perdidos por el jefe de familia y no lo encuentran.

 

Menos estadístico y mucho más concreto, alrededor del cuadro presente en las capas postergadas gira el temor de Mauricio Macri a eventuales estallidos.

 

La ministra de Desarrollo Social lo ha admitido, en reuniones con empresarios: “Hay algunos datos inquietantes”, dice Carolina Stanley. Y también que está enfocada en pasar diciembre sin conflictos serios.

 

Ese mismo afán se advierte en el uso intensivo de dos programas que dependen de ella, el Trabajar y el de Seguridad Alimentaria. Entre ambos dispone de 12.000 millones de pesos, pero como las partidas van camino de agotarse, aguarda un refuerzo próximo e importante.

 

Las políticas de contención social ayudan, solo que aquello que puede remover diferencias ya arraigadas es el crecimiento económico, uno que derrame parejo. No hace falta ser un experto para saber que aquí está la salida, así no sea de un día para el otro ni desprovista de esfuerzo. 

 

Alcadio Oña

Visto 96 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:38

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