Miércoles, 31 Agosto 2016 09:26

La dura tarea de ir del corto al largo plazo

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Si por una vez fuese posible dividir la economía en dos planos, hay uno de corto plazo, apremiante y del que el Gobierno no termina de salir. En el otro, aparece un modelo de mediano y largo plazo, ambicioso, quizás controvertido, pero enfocado a dar vuelta una estructura económica plagada de agujeros.

 

 

Según el horizonte cercano que maneja el macrismo, habría al menos un par de puntos donde ambos planos se tocan.

 

El primero prevé que hacia fin de año el costo del crédito internacional para inversiones públicas y privadas será bastante menor al actual: dice tasas de interés promedio próximas al 5% anual. El segundo punto contempla una reforma tributaria que entraría en escena a mediados de 2017, apuntada a cambiar impuestos nacionales considerados distorsivos, como el del cheque, y a reconvertir otros provinciales que traban la producción, como Ingresos Brutos.

 

Es el modelo que apenas definido el Presidente piensa anteponer a quienes le critican la falta de un programa. Pero antes manda el corto plazo y por qué manda lo explican informes muy recientes del INDEC.

 

La actividad económica aún sigue en caída libre: 4,3% en junio, el registro más bajo desde agosto de 2014. Y el desempleo ha saltado al 9,7%, el mayor desde 2007, con un tercio de los asalariados en negro y un alto componente de cuentapropistas también precarizados. Obvio, ambas fenómenos corren juntos.

 

Fuentes tanto oficiales como privadas aportan otros datos tampoco muy alentadores por cierto. Y poco cambia que algunos sean de junio y otros de julio.

 

Cuentan que la producción industrial retrocedió 6,4% y 19,6% la construcción y que también anotaron signos negativos la fabricación de acero, cemento y de hierro, que van del 17,4% al 25%. La novedad sale del financiamiento con tarjetas de crédito, que tras dos años seguidos de cifras reales positivas ahora cae 1%.

 

De la misma cosecha es el retroceso en las ventas del primer semestre reportado por la Dirección de Estadísticas porteña, donde casi ningún renglón se salva. Figuran allí bienes tan sensibles como alimentos y otros menos sensibles como celulares y electrodomésticos: según los casos, las bajas trepan del 1,2% al 13,4%.

 

Tanto porcentaje junto abruma hasta al más paciente, pero sirve para describir dónde está la economía a la entrada del bendito segundo semestre. Algunos consultores opinan que la recesión va camino de tocar piso, aunque ayudará la estadística: en adelante, los datos serán comparados contra un segundo semestre de 2015 pintado de color rojo.

 

Falta agregar un factor con dos caras: estimulante, visto desde su efecto en la actividad, y complejo, por su impacto sobre los precios y sobre la política antiinflacionaria oficial. Ahora con índices proyectados al 40% anual, en septiembre unos cuantos gremios que acordaron aumentos semestrales volverán a discutir salarios.

 

Allí se juega un 37% de los convenios; entre otros, la construcción, la carne, el comercio y los plásticos. Y un caso si se quiere emblemático, no tanto por la cantidad de afiliados sino por quien los representa: será el debut de Carlos Acuña en su doble papel de integrante de la nueva cúpula de la CGT y secretario general de los empleados de estaciones de servicio.

 

Acuña negociará sueldos para el período septiembre-marzo de 2017. Su sindicato había acordado un aumento del 24% en marzo pasado y aunque parece mucho agregar ahora el 30% que circula en medios gremiales, esa pelota ya está picando.

 

De regreso al plan de mediano y largo plazo, vale una precisión: está armándose en el área del ministro de Producción, Francisco Cabrera. Ingeniero en electricidad y electrónica, Cabrera saltó de la presidencia de la Fundación Pensar, la llamada usina de ideas del PRO, a sus actuales funciones.

 

El programa gira alrededor de 8 objetivos. Entre ellos: – Pegar un salto de calidad en el empleo productivo, ayudado por otro en la educación. Dicen cerca de Cabrera: “Este es un gran cuello de botella para cualquier plan de desarrollo. Y hoy estamos muy por debajo del umbral internacional del trabajo formal”. Es el tercio del empleo en negro.

 

– Rearmar infraestructura perdida estos años y crear nueva infraestructura. Desde la energética, el transporte y toda la que tapona el crecimiento, hasta la social básica.

 

– Mejorar la competencia y la transparencia de los mercados, lo cual impone fortalecer el papel de la Comisión de Defensa de la Competencia.

 

– Integrarse decididamente al mundo, con nuevos acuerdos comerciales. Esto supone varios requisitos esenciales: aumentar la competitividad de la producción nacional, incorporar tecnologías novedosas y estimular exportaciones diversificadas y de mayor calificación.

 

– Parte de lo mismo es ir a una apertura creciente de la economía. “No de un golpe y con asistencia del Estado en aquellos sectores rezagados”, dicen en el Ministerio de Producción.

 

– Definir políticas vinculadas a la economía popular. Citan aquí el caso de las empresas rehabilitadas o recuperadas.

 

El objetivo apunta a lograr tasas de crecimiento del 3 al 4% anual, constantes y sostenibles, sin los ciclos de altas y bajas que han caracterizado al país. Dicen incluso: “El horizonte está puesto en 2019, aunque sería útil que pudiera extenderse a 2013”. O sea, dos mandatos enteros o la continuidad del plan durante otra administración.

 

Pero antes de pensar en estas fases, luce imprescindible superar el actual panorama recesivo. Es que como se sabe y saben dentro del propio Gobierno, la economía no puede dividirse en planos, pues los planos, siempre diversos, suelen tocarse y el antes y el después, interrelacionarse.

 

Más aún, parece necesario que la recuperación sea percibida por la gente y de un modo tal que le cambie expectativas y comportamientos asociados a la recesión. Puesto de otra manera, no alcanza únicamente con mejoras en la estadística.

 

Una preocupación de estos días, entre hombres clave del área económica, es que la baja en el índice de precios de agosto no sea leída sólo como el efecto de excluir al aumento del gas. “Porque la inflación ya venía bajando claramente con las tarifas del gas adentro”, afirman.

 

Más de lo mismo: el freno en los precios será efectivo de verdad cuando los consumidores lo sientan en sus bolsillos. 

 

Alcadio Oña

Visto 75 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:38

Fundado el 4 de agosto de 2003

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