Martes, 13 Septiembre 2016 14:06

¿Veranito económico en el 2017?

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Mario Brodersohn, economista, secretario de Hacienda de Raúl Alfonsín, presidente de la consultora Econométrica, acaba de pintar un panorama bastante parecido al que imagina y ambiciona el macrismo. Resumido, dice que si varios planetas empiezan a alinearse, cerca de las elecciones de octubre de 2017 la Argentina podría vivir un veranito económico.

 

 

Algo semejante proyecta Miguel Bein, el asesor estrella de Daniel Scioli en las presidenciales del año pasado. Calcula que para ese mismo momento ya estarán rindiendo a pleno las medidas proconsumo del oficialismo.

 

Falta desde luego que todo se confirme en los hechos. Y también que, además de resolver problemas cada vez más difíciles de transferir, en el largo camino hacia octubre el Gobierno no cometa errores sonoros, de alto costo político. Como la seguidilla de traspiés con los aumentos al gas y la electricidad.

 

Ahora mismo el ministro de Trabajo está embarcado en una lucha para frenar la reapertura de las paritarias, con el telón de fondo de una inflación aún arriba del 40% anual y ante la probabilidad de que los empresarios trasladen los aumentos a sus precios. Si no por completo, porque la caída de las ventas aprieta, al menos en parte.

 

En el mejor de los supuestos, la resistencia de Jorge Triaca puede valer para gremios que pactaron subas anuales o están en condiciones de obtener adicionales por fuera de la paritaria.

 

Más complicado será hacer entrar en la misma bolsa a sindicatos que habían negociado aumentos sólo por seis meses y dejaron abierto el tramo restante: entre otros, el comercio, la construcción, Smata, la carne y los plásticos, partes de un universo que abarca a casi el 40% de los convenios.

 

En marzo pasado, algunos de ellos acordaron incrementos del 22, del 20 e incluso del 19%. Todos por cierto ya desactualizados.

 

Ni hace falta decirlo. Un brinco de los precios caería justo cuando la inflación amaina –con y sin tarifas del gas– y parece enderezada hacia el 1,5% mensual. O sea, en el momento en que el Gobierno está más cerca del objetivo.

 

Tensada al extremo, la cuerda tocaría al jefe del Banco Central, Federico Sturzenegger y a las tasas de interés.

 

Brodersohn fue pieza fuerte de una apuesta fuerte: el Plan Austral, lanzado cuatro meses antes de las elecciones legislativas de 1985. Gracias al Austral, Alfonsín logró parar la inflación y triunfar en aquellos comicios.

 

Desde su propia experiencia puede interpretarse una dualidad, un final todavía indefinido, que Brodersohn plantea hoy: “Las elecciones serán un escollo o una gran oportunidad para el Gobierno”, dice.

 

Como quien conoce el terreno que pisa, pone en cabeza del macrismo la intención de lograr un crecimiento económico “cercano al 6% anual en los meses previos a las elecciones, sin acelerar la inflación”.

 

Sus estimaciones son una medida del repunte. Tras una recesión que se estiraría hasta entrado el primer trimestre de 2017, prevé números positivos que escalan al 2,7, al 5,1 y finalmente al 5,5% en los tres trimestres restantes. Ese sería el veranito preelectoral.

 

Está claro para todos los analistas que el Gobierno ha resuelto ponerle fichas en cantidad al consumo y trasladar a después de octubre aquello que presentó como su gran movida y el cambio de fondo: crecer sobre la base de la inversión.

 

También esperarán platos amargos del ajuste fiscal, pues no es el caso apretar nada menos que en 2017. Y algo parecido significará tolerar cierto atraso cambiario.

 

Obviamente, manda la política y manda, sobre todo, reacomodar los tantos en las Cámaras del Congreso de un modo que le resulte más favorable al actual. Esto es, remontar un déficit de origen que lo ha forzado a negociar cada ley y a conceder en la mayoría de ellas; desde luego, en aquellas de digestión lenta.

 

Valen aquí un par de aclaraciones también obvias de toda obviedad: que el macrismo no correrá solo y que contará mucho cómo se rearme el peronismo.

 

¿Y qué significa ponerle fichas al consumo? Entre otras cosas, que los salarios le ganen la carrera a los precios y al dólar.

 

La victoria contra el dólar está casi asegurada, si en 2017 promedia los 18 pesos que Alfonso Prat-Gay calculará dentro del Presupuesto Nacional.

 

La inflación anual difícilmente retroceda al 17% que el ministro estimará, poco menos que forzado por sus propias palabras. Y si se estira a 22 o 23%, ese será el número a vencer por los sueldos; también el número que comprometerá la meta inflacionaria de Sturzenegger.

 

Proconsumo son o serán las mejoras en las jubilaciones derivadas del paquete previsional; los cambios en las escalas de Ganancias; las inversiones públicas, previsiblemente de efecto rápido, y el apuntalamiento doble propósito de planes sociales.

 

Luce clarísimo, entonces, que si algo no puede escasear en 2017 es plata. Para eso habrá endeudamiento externo e interno, riesgoso como recurso habitual aunque hoy favorecido por un perfil de la deuda realmente cómodo.

 

Queda por verse cómo se acomodarán en el tablero oficial al menos tres variables económica y políticamente sensibles. Una es el empleo, o sea, la necesidad de dar vuelta el delicado cuadro de este año. Otra pasa por conocer cuánto de graduales serán los aumentos en las tarifas públicas. Y la tercera, cómo evitar que un dólar casi quieto sea un ancla contra la inflación y no sea fuente de disturbios cambiarios.

 

Cae de madura la opción del Gobierno por el corto plazo y dejar ajustes para más adelante. Nada que no haya sido hecho otras veces en ocasiones similares, solo que si la idea es recuperar objetivos que quedaron en el camino será crucial el resultado de las parlamentarias, empezando por la provincia de Buenos Aires.

 

Claro que hasta entonces falta transitar trece meses, que según la medida de cada cual pueden ser poco o bastante tiempo pero que en esta Argentina cargada de dudas suenan a un tiempo enorme.

 

En ese mientras tanto hay por ahora una industria enfrentada a un desplome del 8%; la construcción cayendo 23%; el consumo también para abajo; un desempleo que crece y todo con el sello de la recesión.

 

Desde semejante piso debe partir el macrismo para llegar al veranito del 2017. Sin demasiado lugar para repetir errores. 

 

Alcadio Oña

 

Visto 129 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:49

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