Lunes, 06 Marzo 2017 12:01

Paritarias, empleo e inflación: llegó la hora de la verdad

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Bajar la inflación y a la vez reactivar la economía necesita como insumo una buena cuota de liderazgo político.

 

 

El mercado de trabajo será prioridad en la agenda económica y política de 2017. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, sostuvo que uno de los objetivos esenciales de la política económica es “pasar de una economía que destruye empleo a una que lo crea”.

 

Hay razones de peso por las cuales no sorprende que el mercado de trabajo esté en el centro de las preocupaciones.

 

La primera es la necesidad de afianzar la desaceleración de la inflación. Para que se cumpla la meta del Banco Central, es vital que los salarios comiencen a negociarse en función de la inflación esperada y no de la registrada. Pero inducir un cambio en las expectativas no es sencillo.

 

El argumento más sólido que el Gobierno podría esgrimir es que caerá el impuesto inflacionario y ello tendría un efecto positivo en el presupuesto de los trabajadores y de los pobres, pues es equivalente a reducir la presión tributaria sobre los productos.

Esto reactivaría la economía porque es significativo: se pasaría de un año con una inflación cercana al 40 por ciento a otro con una inferior al 20 por ciento.

 

Pero el punto clave es si la combinación de política monetaria, fiscal y de financiamiento del déficit que está vigente ha logrado credibilidad suficiente como para generar expectativas positivas.

 

Entre los factores que pueden jugar en contra están los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, necesarios para que el déficit fiscal se ubique en la meta del 4,2 por ciento del producto interno bruto (PIB), pero también alimentarán la inflación y afectarán el poder adquisitivo del salario.

 

Otro factor problemático es que el Central mantiene alta la tasa de interés de referencia (por encima del 18 por ciento). Si bien esto juega a favor de mostrar el compromiso con el objetivo de bajar la inflación, también revela que la autoridad monetaria aún percibe que la inflación podría acelerarse.

 

Esta aparente paradoja es típica de los procesos de desinflación y para llevar el barco a buen puerto, el Central va a necesitar tanto de la ciencia económica como del arte de la política.

 

Si los aumentos salariales se ubican muy por encima de las expectativas, le será difícil al Central cumplir con su meta. Al ser un año electoral, los sindicatos asumirían que hay margen para presionar.

 

Empleo

 

La mayoría de los gremios se preocupa, primero, por incrementar los salarios de quienes están ocupados y evitar despidos, y están menos dispuestos a sacrificar incrementos nominales para que se expanda el trabajo.

 

Pero el Gobierno no puede desentenderse del empleo. No puede ignorar que, de acuerdo con el Indec, en los primeros nueve meses de 2016 se perdieron cerca de 120 mil puestos y que muchas empresas cerraron. Y esto ocurrió, además, cuando el costo salarial se incrementó 32,6 por ciento, que fue menos que la inflación.

 

Es en este punto que aparece la segunda razón por la cual el Gobierno mantendrá el mercado de trabajo en un lugar central y está tratando de implementar estrategias para promover el empleo por la vía de los cambios regulatorios en los contratos de trabajo.

 

Un alza de los salarios reales estaría bien en un año electoral pues reforzaría la capacidad de consumir, algo que siempre ayuda a los oficialismos. Pero la suba debe ser moderada para que no se dispare la inflación.

 

Por esta razón el Gobierno está activando la política de ingresos, para incidir en el costo salarial con una serie de modificaciones en la legislación del trabajo.

 

Con una cierta recuperación del salario real más el impulso a la obra pública, y los aportes del campo y del blanqueo, el Ejecutivo podría confiar en un 2017 en el que los brotes verdes que se están insinuando no se debiliten.

 

Pero la tarea es compleja: tendrá que ayudar a la reactivación y la generación de empleo sin sacrificar la consolidación del régimen de metas de inflación.

 

Como se trata de objetivos simultáneos –desinflación y reactivación–, con buen criterio el Gobierno está recurriendo a dos instrumentos: complementa la política monetaria con una de ingresos activa para encaminar salarios nominales y costos.

 

Es una visión pragmática que, para funcionar, necesita como insumo una buena cuota de liderazgo político para encarrilar intereses contrapuestos.

 

Una tarea difícil en un año electoral y con mercados internacionales inquietos. Pero el premio está en proporción. Si el gradualismo con metas de inflación y políticas de ingreso logra estabilizar la macroeconomía, sería posible dejar atrás lo urgente para ocuparse de lo importante: promover la competitividad sobre la base del incremento de la productividad.

 

Dante Sica

Director de Abeceb

Exsecretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación

Visto 44 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Marzo 2017 16:27

Fundado el 4 de agosto de 2003

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