Miércoles, 19 Abril 2017 00:00

La segunda fase del proceso de inversión: los bonos - Por Orlando J. Ferreres

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El gobierno nacional y varios provinciales lo están estimulando y, desde abril de 2016, está creciendo acentuadamente.

Aprovechando que el gobierno anterior no había podido salir del default en el que habíamos entrado en diciembre de 2001, la Argentina estaba con muy bajo nivel de endeudamiento tanto nacional como sub-nacional.

El Gobierno, además, necesitaba endeudarse para financiar el gran déficit fiscal que resultaba de los cambios macroeconómicos, principalmente por los cambios de las tarifas públicas, la eliminación de los derechos de exportación y el fin del cepo cambiario entre otras medidas. Con el tiempo, se pronosticaba que el déficit fiscal bajaría, pero para ello habría que reducir el nivel del gasto público ya sea nacional, provincial, municipal o los gastos de las pensiones o planes de ayuda al mejorar la economía.

Aquí tenemos la evolución de los principales rubros de la deuda pública:

Podemos ver que desde que asumió el gobierno de los Kirchner no se registraban en la contabilidad pública todos los rubros de la deuda soberana, los que habían sido eliminados porque sus tenedores no aceptaban las condiciones impuestas por las autoridades según la negociación de 2004. Para poder completar una negociación propuesta en 2010 por los bancos, hubo que realizar un cambio de leyes, que se vendió como "propuesta del gobierno". Después volvió a cerrarse el famoso cepo de la deuda soberana y local.

Podemos decir que el endeudamiento hoy tiene un límite y que a ese límite máximo llegaremos bastante pronto, como se explicó en un artículo anterior. Es fundamental percibir que para bajar los impuestos hay que bajar algún gasto y que lo demás es muy difícil de lograr. Por ejemplo, es difícil de lograr que la idea de que el gasto público consolidado bajará en proporción al PIB por un gran crecimiento de este último.

Ahora, la deuda soberana llegó a los u$s 272 mil millones y para fin de año se calcula que llegara a u$s 305 mil millones, es decir, un 53 % del PIB. El costo de la misma en dólares es de alrededor del 7.2 % anual a 10 años, que es bastante alto, aunque es posible que baje al ir mejorando la calificación de nuestra deuda, que era B- y ahora alcanzó a B.

El sector privado no ha hecho muchas colocaciones, aunque una excepción es AA2000 que colocó un bono a 10 años al 6.85 % anual.

La deuda debería ser solo para hacer obra pública y con tasas relativamente bajas, pero nuestro pasado nos condena a tasas elevadas por haber entrado en varios defaults en las últimas décadas, en comparación con países como Chile, Colombia o similares.

¿Hasta cuándo podemos seguir con este gran flujo de endeudamiento público? Es muy lindo, pero no podemos seguir siempre. Ese proceso tiende a terminar. Además ahora nos está ayudando a compensar los resultados de la balanza de pagos, que ha decaído bastante tanto en exportaciones como en importaciones. Hoy el gran cambio es la cuenta de capital, que nos brinda un resultado importante.

Este flujo nos permite también sostener bien el nivel de reservas internacionales que han crecido significativamente. Sin embargo, como hemos dicho, habrá que comenzar a frenar este tipo de deudas, que después son muy difíciles de controlar. Lo decimos por experiencia, pues yo nos pasó varias veces y en casi todas terminamos dejando de cumplir con nuestras obligaciones.

La inversión en acciones viene primero, luego la inversión en bonos que es el proceso que estamos viviendo hoy. Posteriormente se aproxima la inversión en empresas en marcha y finalmente los nuevos proyectos, lo que llamamos "la inversión". De esta última hay ciertamente varios esbozos como las inversiones en Vaca Muerta, o en obras públicas, pero nos falta la inversión masiva, lo que llamamos inversión. El proceso recién se está iniciando y debería llegar a ser de cerca del 30 % del PIB, como ocurre hoy en más de 30 países y nosotros deberíamos ser uno de ellos. Esto es bastante difícil pero no es imposible, aunque así parezca pues en 2016 nuestra inversión estuvo en torno al 15 % del PIB, que es muy baja.

Necesitamos crecer, necesitamos invertir y hay que lograrlo a toda costa.

Orlando J. Ferreres

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