Martes, 16 Mayo 2017 00:00

Las empresas, primeras en el plan que bajará la presión impositiva - Por Alcadio Oña

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

Los efectos de la reforma serían neutros medidos por el costo fiscal. Pero no neutrales, pues lo que se les dé a algunos saldrá  del bolsillo de otros.

 

El objetivo del Gobierno luce encomiable o más que encomiable, definitivamente imperioso: mejorar la competitividad de los sectores productivos, que atrasa casi sin excepciones. El tipo de cambio pesa, pero no es el único factor que deja a la Argentina fuera del radar internacional.

Y como nunca hay nada libre de obstáculos, algunos ya surgen de los instrumentos que llevan al objetivo. Además de la bien conocida necesidad de no cometer errores.

Se trata, sin más vueltas, de una reforma impositiva que Nicolás Dujovne cocina a todo vapor y cuyo primer rasgo saliente consiste en reducir la carga fiscal sobre las empresas. En un Estado al que si algo no le sobra es plata, otro punto clave apunta a que los efectos de la reforma sean neutros, o sea, que lo que se pierda por un lado se recupere por otro u otros.

Pero si tal cual parece venir el viento el otro o los otros lados son las personas, acá ya saltan un par de problemas. Uno evidentemente directo más uno previsible: que en lugar de la búsqueda de mejorar la productividad los cambios sean interpretados como un beneficio para los ricos, una marca de origen que el PRO no consigue sacarse de encima. Podría sacársela esta vez si en la lista de los perdedores figuran las capas pudientes de la sociedad.

La reforma impositiva puede ser neutra vista desde sus efectos fiscales, pero por definición nunca será neutral. Nuevamente, porque aquello que se les da a unos se les quita a otros.

¿Y si entre estos últimos entran los monotributistas? “En ese espacio hay una evasión hormiga que vamos a enfrentar”, afirman fuentes del Gobierno. “Justo cuando el trabajo se nos achica por todas partes y cada vez deja menos”, replican desde el mismo espacio.

Nadie discute que la presión fiscal es considerable y sobre todo para quienes no están en condiciones de escaparle; claramente, los asalariados o los que vivan de un ingreso fijo.

Además de considerable es regresiva, desigual y encima financia un Estado ineficiente, que cuando ofrece servicios son de muy baja calidad y deben ser reemplazados a costa del bolsillo de los usuarios que pueden afrontarlos. El gasto público no es en sí mismo ni bueno ni malo, la cuestión en cómo se lo usa: pareciéndose en nada al nivel de vida de los países escandinavos, la Argentina se da gustos fiscales de país escandinavo.

Ya fue comentado aquí que la mira también ha sido colocada en el sistema previsional o, mejor dicho, en lo que cuesta sostener el sistema previsional así como está.

Aunque recién en etapa de estudio y sin ninguna definición, entre las alternativas conviven corregir la indexación de las jubilaciones; ver de qué manera puede ser financiada la Reparación Histórica, cuando se agotan los fondos del blanqueo; bajar los aportes patronales y subir la edad jubilatoria.

Casi ni hace falta decir que sólo la agenda ya augura batifondo si no entreveros sociales y, añadidos, riesgos políticos importantes. Por eso y simplemente por eso, la instrucción para Dujovne fue calibrar rigurosamente los instrumentos y evitar errores que puedan salir muy caros.

Quizás un cantar diferente haya en los cambios en el impuesto al cheque y en Ingresos Brutos, que encadenan distorsiones económicas aunque a la vez resultan muy rendidores medidos en plata. En el punto de la plata habría aquí más del mismo cantar.

Estudios hechos antes de ahora cuentan que transformar Ingresos Brutos en algo semejante al IVA implicaría fijarle una tasa de alrededor del 11%. La suma lineal de 11% más 21% de IVA da 32%: mucho a simple vista y sobre todo tratándose, además, de impuestos al consumo que no discriminan ingresos.

Dice un ex ministro de Economía: “El mejor momento para cualquier reforma tributaria es cuando las cuentas están más o menos equilibradas, porque el peligro es perder puntos de recaudación en el arranque mismo. Y sube en la escala si las cuentas cantan rojo profundo, como hoy pasa tanto en la Nación como en las provincias”.

Sigue: “Para que les cierren los cálculos algunos econometristas dejan una variable ciega. Pero puede ocurrir al final que ese número incierto no sea un número residual sino el corazón de la ecuación y, entonces, no juega la economía sino la economía política y el costo del error lo paga quien maneja la política”.

La ganancia de competitividad por vía fiscal es, también, una manera de recortar la pérdida de competitividad implícita en el retraso del dólar y de aliviar la política cambiaria. Pero la ganancia fiscal debe ser consistente para que sirva a ambos fines.

Vista la suma de factores en danza y los riesgos conocidos y desconocidos, el resultado se asemejará bastante a lo que pueda salir. Por eso, Dujovne irá hacia una reforma en etapas, tanteando primero con la idea de mejorar la productividad de la economía.

Y por lo mismo, ya intenta despejar el terreno. Está reuniéndose con diputados del palo propio y de palos ajenos, como aquellos que conocen bien ciertas urgencias de la economía y son más permeables.

Pero todo cuanto sea posible será después de octubre. Y será ajuste, por mucho empeño que Dujovne gaste en afirmar que no habrá ningún ajuste. Es al fin lo que debe decir. 

Alcadio Oña

Visto 278 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…